Una mañana rutinaria había comenzado de nuevo. Alex bajaba vestido para salir al trabajo, desayunaba junto con Charlotte, pero aquella mañana una carta les cambió el día.
En el desayunador de la cocina estaba la correspondencia, como todas las mañanas Alex lo revisaba con la esperanza de toparse con algo nuevo, pero todos los días desde que vivía en Londres la publicidad y facturas pagadas a su debido plazo con su tarjeta de crédito conformaban la mayoría de los sobres recibidos. Aquella mañana, entre los sobres blancos con aburridos dibujos y timbres postales encontró uno con el logotipo de la revista marie claire, lo cuál le pareció extraño.
- Cherry... ¿te suscribiste a la revista que es la competencia en donde trabajo?
- ¿De qué hablas? - preguntó desconcertada, dejando la tarea de calentar el café.
- Este sobre de marie claire, tiene esta dirección y va dirigida a ti - la chica le arrebató el sobre de la mano y con un semblante de duda y nerviosismo lo abrió, comenzó a leer las primeras líneas y se sentó en una de las sillas llevándose una mano a la boca, su gesto se convirtió en uno de terror y asombro al mismo tiempo.
- ¿Qué pasa? - preguntó Alex preocupado.
- marie claire... La revista... la revista me invitó a una sesión de fotos...
- ¡Genial!
- En Australia.
- ¿Qué? - Preguntó Alex, olvidando la felicidad que sentía por ella y pasando a la incredulidad de sus palabras - ¿Australia? - le arrebató la carta, leyéndola una y otra vez - ¿Con los canguros?
- Al parecer sí - contestó ella.
- ¿Y qué vas a hacer? - preguntó, mirándola con gran escrutinio, como si un sólo movimiento de ella le diera la respuesta.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Aceptarás?
- ¿Con toda la prensa encima? ¿Con mi trabajo con el primer ministro?
- Deja al primer ministro - dijo el chico, tomándole la mano que posaba sobre la mesa - trabajaste para Karl Lagerfeld y eso abre muchas puertas con las que miles de chicas cada día se quebran la nariz al ser cerradas en su cara.
- Pero...
- Te apoyaré, mandaré cartas de recomendación a todas las revistas y agencias de Europa. Hoy es marie claire, mañana, puede ser Vogue.
- No estoy segura, nunca me vi como modelo, ni viajando por el mundo.
- Acepta esta oportunidad, si no te gusta, no te convence o no quieres ser modelo, tendrás oportunidades en cualquier lado donde te presentes.
- Creo que tienes razón - dijo ella, exhalando un suspiro de melancolía y resolución - debo tomar esta oportunidad.
- ¡Exacto! Pero antes me gustaría desayunar algo.
Cuando Alex llega a Vogue se encuentra a Rose que entra en el ascensor de la primera planta.
- Buen día Señor Davis.
- Buen día - respondió él, esperando la perorata de recados con la que cada mañana lo recibía.
- Sebastian Brice está listo para partir a suiza para las fotografías del siguiente número. Llegaron los suéteres de Tommy Hilfiger, aunque tuvimos que pedir que abrieran la tienda temprano sólo para nosotros conseguimos tenerlos para cuando usted llegara... y el señor Craig lo está esperando en la sala blanca.
El chico casi se atraganta con su frapé con justa razón: Supuso que había sido un enviado de Rupert para convertirlo en la tarea de ser padre. Al llegar al pasillo de la sala blanca (el espacio dedicado a tomar fotografías a la ropa para la edición) tomó a Michel del brazo y lo arrastró hacia la sala.
- Buen día Michel, como no te pagan por esparcir chismes de pasillo es hora de trabajar.
- Si, señor - contestó tímidamente, dejándose arrastras por Alex.
Al entrar a la sala, encontró a George admirando la ropa y mirándose con ella en un espejo, como si estuviera en una boutique y no una área de trabajo.
- ¿Te mandó Rupert a concretar su misión de convertirme? - preguntó, algo malhumorado.
- Pues sí, le prometí que vendría a hablar contigo, pero nunca dije nada de convencerte.
- Entonces ahórrate el sermón y haz algo de provecho... pásame ese suéter.
- Quiero saber como te sientes - dijo George, dejando la prenda en la mesa y mirando a los ojos del chico.
- ¿Sentirme? - Alex miró a Michel, que trabajaba en unos jeans de manera normal, tenía el ceño fruncido en una cara de concentración tratando de no escuchar la conversación de su jefe, u olvidar lo que había oído - Michel, ¿Porqué no te tomas un descanso? Anda a tomar un café - El trabajador salió rápidamente, cerrando a puerta del lugar tras de sí.
- Vas a ser padre, quiero saber si te sientes nervioso, feliz... o si quieres caer en el suicidio.
- Estás demente - contestó - tendré un hijo ¿Qué tiene eso de malo?
- ¿Que qué tiene de malo? - George se llevó las manos a la cabeza, alborotando mucho más su melena - Solamente piensa en la prensa, eres blanco de todos los flashes del mundo.
- Supongo que nada, a estas alturas de la vida, puede empeorar las cosas.
- Pero eres tan joven...
- Tengo tu edad, y si no eres lo suficientemente maduro como para cargar con una responsabilidad de ese tamaño es tu problema - contestó Alex elevando la voz, le dio la espalda y tras reflexionar, dijo - Mire George, voy a ser padre les guste o no. No me obligarás a decidir los contrario, y si piensan en el aborto, sólo les diré que si una vida termina antes de comenzar, juro que será la de ustedes.
Ambos quedaron en silencio, las miradas desafiantes se intercambiaban con tanta fuerza que hubiera salido fuego de sus ojos.
- Bien - dijo George - Me voy, diré a Rupert que hice lo que pude.
- George - el aludido se detuvo con la mano en la puerta de cristal, Alex le arrojó una camisa que George atrapó con una mano - estamos a mano... Por lo del bosque.
George salió sin mediar palabra, Alex siguió sus pasos más lentamente pero sólo para llamar a Michel:
- ¡Mucho descanso por hoy, Michel! - dijo Alex en el pasillo - descansarás lo suficiente cuando fallezcas, ahora vuelve.
El chico regresó corriendo y con un gesto inanimado se limitó a cumplir sus órdenes como un robot. Al salir de la sala con las fotografías digitalizadas en su iPad, Rose salió a su encuentro y le dijo que Newhouse lo esperaba en la sala de juntas. Subió junto con ella en el ascensor y recorrió el pasillo hacia la oficina de su jefe.
- Adelante - contestó la voz ronca de Newhouse desde el otro lado de la puerta.
- ¿Sí señor? - preguntó en un tono educado, quizá exagerado.
- La semana próxima es la Semana de la Moda de Cibeles, en Madrid, y algunos diseñadores han tenido la gentileza de invitarte a sus desfiles.
- Y supongo que no puedo decir que no
- Exacto - dijo Newhouse - No te preocupes por tu chica, no necesitas asistente esta vez.
- Ella estará en Australia para una sesión con Marie Claire - contestó al comentario de su jefe - al parecer es cierto que Lagerfeld abre muchas puertas.
- Como sea, si tu participación es tan buena como en París y Milán, no hay ningún problema.
- Me alegra que entienda - apuntó Alex con una sonrisa, saliendo de la oficina de su jefe.
- Señor - dijo Rose - poniéndose de pie al verlo acercarse a su oficina - aquí está el programa para su estancia en Cibeles - le entregó un calendario donde un sólo día estaba marcado con varias horas diferentes, en las cuáles se llevarían a cabo los desfiles.
- Gracias Rose - dijo éste tomando el papel - te veo mañana - se despidió de la recepcionista y bajó al estacionamiento.
- ¿Irás a Madrid? - preguntó Charlotte, poniéndose la pijama, al escuchar todo lo ocurrido en el día de Alex antes de irse a dormir
- Así es - contestó - serán sólo dos días, y para ese entonces tu estarás en Australia... con los canguros. Además no necesitaré una asistente, sólo serán algunos desfiles y alguna cena o algo así.
- Estoy nerviosa, no sé si aceptar aún.
- Ya lo habías decidido - dijo Alex, adentrándose en las sábanas y poniéndose cómodo en la cama - Irás a Australia y posarás para un lente. No tiene nada de malo.
- Si lo hago, sólo es por ti.
- ¿En serio? - preguntó Alex, con los ojos más cerrados que abiertos - ¿Por qué?
- Porque si nos separamos un día tendré que modelar para mantener a nuestro hijo.
- Tienes razón... Y yo me quedaré con la casa... y el auto... y los millones en el banco.
Ese comentario hizo que la chica reflexionara, se metió en la cama y acarició la mejilla del chico.
- ¿No te separarás de mí verdad?
- Para nada Cherry... - contestó, más dormido que despierto, se giró abrazó a la chica por la cintura - quise decir "florecita".
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Elegí a marie clarie porque si hubiera sido Vogue (de cualquier país) hubiere sido claro que Alex fue influencia importante, sin embargo (y para ser sincero) desconozco si hay una edición australiana de la revista en cuestión.
