El trabajo consumó a Alex los días restantes de la semana, el tiempo transcurrió tan rápido que de un día para otro se sorprendió cuando Rose le dio su boleto de vuelo para España.
- Su vuelo saldrá a las 8:00 am del día sábado - dijo - está invitado a los desfiles de David Delfin, Amaya Arzuaga, Roberto Torretta y Kina Fernández, el señor Íñigo de Arteaga lo invitó a un almuerzo en su hacienda como preámbulo a una audiencia con la Reina Sofía el domingo por la mañana.
Al escuchar esas palabras, Alex escupió el frapé que iba tomando mientras caminaba hacia su oficina.
- ¿La Reina? ¿Estás hablando en serio? - preguntó incrédulo
- Sí señor, de hecho será una pequeña antesala a los premios GQ como hombre del año en Europa, aunque tengo entendido que será un evento privado.
- Entonces tendré que empacar más de un traje - comentó el - gracias Rose.
El resto del día transcurrió con normalidad: estuvo al tanto de la edición de las imágenes para la sección de sociales, en donde fotógrafos (estudiantes, profesionales o becados) mandaban imágenes de celebridades en eventos que tenían lugar alrededor del mundo.
El chico eliminó una fotografía de él y Charlotte durante el evento de los British Fashion Awards, una fotografía de página completa que anunciaría la sección de sociales.
- Me voy a casa Rose - dijo éste, entregando el orden de fotografías a un editor - tengo que empacar y eso nunca me agradó.
- Que tenga buen viaje señor.
- Gracias - contestó, sin decirle que por cualquier cosa pudiera llamarlo, porque sabía que sin advertirle, lo haría.
Cuando llegó a casa se encontró a Charlotte preparando su maleta.
- Por lo visto tu también sales de viaje - dijo él, sacando su equipaje del armario
- Acepté por esta vez - dijo - si no me gusta prométeme que estaré de vuelta con el primer ministro
- Lo juro - contestó, metiendo unos calcetines doblados - Yo viajaré a España, iré a desfiles, un almuerzo con un tal no se qué se Arteaga y una audiencia con su majestad la Reina Sofía.
- ¿En serio? - preguntó la chica anonadada - Y pensar que yo estaré en mitad del desierto.
- Al menos conocerás a los canguros - dijo él
- Parecen ratas enormes, no tienen nada que me agrade - dijo ella - metiendo la maleta bajo la cama - ¿Qué quieres cenar? - preguntó, saliendo hacia el pasillo.
- Cereal está bien - contestó, y al ver el gesto de desagrado de la chica añadió - ¿O quieres salir y ser perseguida por flashes en un Mcdonalds?
- Bien, cereal será - contestó resignada bajando las escaleras hacia la cocina.
El día siguiente ambos salen al aeropuerto, el vuelo de la chica salía 30 minutos antes que el de Alex, tiempo suficiente para que los fotógrafos los captaran rumbo a la sala de abordar.
- ¿Cuando regresarás? - preguntó el chico.
- No lo sé, es un viaje largo... más de 16 horas - contestó con pesar - supongo que cuando mucho será una semana.
- Entiendo - dijo él, exhalando un suspiro
- Tengo que irme - dijo la chica poniéndose de pie, al escuchar la voz que anunciaba el despegue de su vuelo - Te veré en unos días - se acercó al chico y lo besó en señal de despedida.
- Adiós - dijo él, sonriéndole - Y suerte en mitad de la nada.
La chica caminó en dirección contraria hacia el destino del chico y se perdió en una fila de personas que recurrían a la última llamada de su vuelo.
Alex esperó su vuelo con paciencia, cuando subió al avión hubiese deseado dormirse, sin embargo escuchó música todo el trayecto hasta pisar tierra española. Un taxi lo transportó por Cibeles hasta el hotel en el que se hospedaría, cruzó la ciudad y fue testigo de la arquitectura característica del país.
Después de registrarse en el Hotel Urban, salió a recorrer la ciudad antes de asistir a los desfiles. Caminó por la plaza de Cibeles, en donde miraba el panorama a su alrededor, una zona arbolada abierta al público estaba repleta de gente de todas las edades: niños jugando a la pelota, jóvenes paseando a sus mascotas y personas mayores disfrutando del espléndido sol. Al caminar frente a una jardinera escuchó un coro de risas que le parecía escalofriantemente familiar: un grupo de chicas yacían debajo de la sombra de un árbol sobre el pasto, iban uniformadas con blusa y falda que mostraba el sello de alguna institución educativa.
Cuando las chicas cruzaron miradas con Alex se cubrieron el rostro con cuadernos y mochilas, riendo aún más sonoramente que antes. Alex recordó a las tontas chicas de la universidad que husmeaban en los pasillo y se echaban a reír sin motivo, así que aceleró el paso hasta regresar al hotel, en donde horas después una limusina lo espera apara llevarlo al lugar donde se llevarían a cabo los desfiles.
Tras la presentación de Amaya Arzuaga, David Delfin y Roberto Torretta, Kina Fernández lo arriba al término de su desfile:
- ¿Que le ha parecido la colección? - preguntó, en un perfecto inglés con acento español inconfundible.
- Es muy buena, ojalá y abras una tienda en Londres pronto, no quiero sufrir un Jet-lag cuando venga a España con una camisa.
- Espero darle gusto pronto - dijo ella, con una sonora risotada - por cierto, quisiera presentarle a alguien - añadió, y mirando a su alrededor se dirigió hacia una chica que estaba sentada unas cuantas sillas más allá en la primera fila - Ella es Mariel, mi sobrina, está estudiando diseño de modas y espero que en un futuro sea tan buena como su tía.
Alex extendió la mano para saludar, pero eso no fue lo que hizo que se quedara como piedra: al dirigir la mirada a su cara identificó unos ojos que se escondieron tras un cuaderno en la plaza esa misma tarde.
- Mucho gusto Mariel - dijo él, en un tono híbrido entre sombrío y gentil.
- El placer se mío señor - contestó la chica, algo nerviosa, evitando la mirada de Alex.
- ¿Ustedes se conocían ya? - preguntó Kina, notando el nerviosismo de la chica
- Nos vimos esta mañana en la plaza de Cibeles - contestó Alex - un encuentro algo... inusual.
- ¿Esta mañana? - preguntó - Mariel, si me entero que te escapaste de clases de nuevo juro hablo con el Consejo para que tu beca sea revocada.
Alex no entendía lo que pasaba, de la nada comenzaron a discutir en español usando palabras que él nunca había escuchado y le gustaría no saber el significado.
- Disculpa Kina tengo que irme - dijo Alex apresuradamente - tengo que preparar unos asuntos para mañana.
El chico se despidió de la diseñadora dejándola riñendo con su sobrina, quiénes discutían más sonoramente que antes.
A la salida del evento no esperó a la limusina y pidió un taxi.
- ¿A dónde lo llevo caballero? - preguntó el chofer.
- Al bar más cercano de Cibeles - ordenó
- En seguida - contestó el chofer, quién inmediato se internó en el tráfico y condujo esquivando vehículos hasta llegar a una calle aledaña a la plaza que Alex visitó por la mañana.
Caminó un momento por la calle iluminada por las farolas y se topó con un restaurante bar de aspecto bohemio, la iluminación era relajante y una música de jazz de fondo se escuchaba en el recinto. Un mesero se le acercó y Alex pidió un martini, iba darle un sorbo a su copa cuando sintió una mano en su hombro, al girarse vio a David Delfin justo detrás de él.
- Hola - saludó el diseñador en inglés, pero con marcado acento español - ¿Puedo acompañarte esta noche?
- Por supuesto - contestó Alex, pidiendo una bebida para su interlocutor.
- Debe ser difícil ¿Eh? - preguntó - ser reconocido a tan temprana edad y asimilar el éxito - al notar que Alex tornaba su mirada amigable en una de odio, apuntó - ¡No lo tomes como un mal comentario! es lo cierto, ahora todos los paparazzis de Londres están sobre tí, to a tu edad aún estudiaba costura, tienes mucha suerte Davis, suerte que has sabido combinar muy bien con tu esfuerzo.
- ¿Frecuentas este lugar? - cuestionó el chico rápidamente, ya que no estaba acostumbrado a que lo alabaran por su trabajo.
- Uno de mis sitios favoritos - contestó, notando el cambio brusco de conversación - no puedes decir que has visitado Cibeles sin comer unas buenas tapas, y aquí en Las Bóvedas, están las mejores de España.
- No lo dudo - comentó, ya que había desayunado unas tapas aquella mañana en el hotel - ¿Qué no deberías estar vistiendo a la Reina para mañana?
- De eso se encarga Kina - respondió David, vaciando su copa de un trago - la preferida de la casa real española.
- Es buena, pero su estilo es muy clásico, tú eres más futurista y actual.
- Gracias - contestó David poniéndose de pie - tengo que irme, supongo que ya no te veré por aquí.
- ¿No tienes audiencia mañana con la Reina?
- ¡No, no! - dijo él, marcando en su rostro una sonrisa triste - Yo no soy tan importante como tú - y con una ligera palmada en el hombro, David salió a la oscura noche de Madrid.
_________________________________________________
Quería que ambos chicos se separaran un tiempo, no es algo que han hecho antes, sin embargo el saber que tienen una relación formal hace que la tensión y la preocupación que sienten el uno por el otro se haga presente. El nombre de Mariel surgió cuando una chica lo pronunció en la calle, y para efectos literarios me tomé la libertad de “inventarle” una sobrina a la diseñadora, aún sabiendo que es hija única.
El acercamiento con David Delfín se dio porque sentía que Alex necesitaba charlar (aunque sea un poco) con alguien, y que mejor que el diseñador. Y aunque Roberto Torreta sea diseñador también, no es español, es argentino afincado en Cibeles.
