XLVI – La propuesta de Wintour






Había terminado de despejar la habitación, aspiraba hasta la más diminuta partícula de polvo que se le cruzaba en el aire y se empeñaba en pulir con un trapo el cristal de la ventana, por la cual miró el árbol que crecía frente a su casa, un frondoso árbol que protegía de la lluvia en abril, y de los rayos del sol en pleno verano. Un suspiro empañó el cristal, pero en lugar de limpiarlo tomó todos sus utensilios de limpieza y bajó las escaleras.

Miró el teléfono fijo y su celular al bajar la escalera, no había rastro de las luces que anunciaban una llamada entrante o un mensaje nuevo, y es que la noche anterior (o mejor dicho, esa madrugada) lo llamó Charlotte para anunciarle su regreso de Australia después de casi una semana de ausencia. Amontonó la aspiradora, varias escobas y cubetas en el pequeño rincón que había en el patio trasero para guardar herramientas.

A su regreso dentro de la casa se dejó caer boca abajo en el sillón más grande, cerró los ojos para que las perlas de sudor no se adentraran en ellos. Tras unos minutos de silencio el sonido de un teléfono lo sacó de su estupor. El artefacto sonaba insistentemente, el chico alargó uno de sus brazos adoloridos buscando el origen del ruido, en su trayecto, tiró el móvil a la alfombra.

- ¿Sí? - contestó él, con una voz cansada que en vano trató de ocultar.

- ¿Alex? Estoy en el aeropuerto de Londres - dijo Charlotte, con una voz enérgica, contraria a la de su novio - acabo de llegar de la última escala, ¿Puedes venir por mi? Estoy esperando mi equipaje, pero pasó no sé que cosa con la banda transportadora y mandaron unos vehículos por las maletas hasta el avión.

- Ajá - es lo único que pudo responder, quiso sonar más optimista, pero los músculos de su cuerpo le hacían recordar su jornada de limpieza - voy para allá.

- Gracias... Te amo - 

- Yo igual - respondió él, pero la chica no escuchó, el tono que anunciaba el final de una llamada llegó antes de que Alex pudiera pronunciar palabra.

Con gran pesar y esfuerzo se metió en la regadera, se vistió con lo primero que encontró y subió a su vehículo, con la mente despejada y dolor en los brazos se detuvo a comprar un ramo de flores. Un artículo de la revista hablaba sobre la mujer trabajadora, y leyó que su pareja la recibió en el aeropuerto con un ramo de flores "nada mejor que predicar con el ejemplo" pensó, al ver las rosas anudadas con un moño.

Se detuvo frente al estacionamiento varios minutos. Durante su espera se alisó la camisa y se arregló el cabello en el retrovisor, tras unos minutos escuchando la radio local la vio acercarse. Su cabellera rubia sobresalía de las demás personas, sus ojos azules buscaban entre la gente hasta que posó su vista en la camioneta del chico, caminó hacía él a la par que Alex bajaba del auto con el ramo de flores en su espalda.

- ¿Qué tal los canguros? - preguntó Alex, abrazando a la chica con la mano que tenía libre.

- Nada mal, parecían ratas gigantes, pero por lo demás todo ha sido fabuloso... ¿Qué tienes detrás? - preguntó curiosa, al ver que Alex ocultaba algo.

- Oh, es sólo un pequeño presente para ti... Que estuviste ausente - le dio el ramo de rosas y notó que sus ojos azules se iluminaban de sorpresa.

- ¡Vaya! Creo que tengo que salir de viaje más seguido - dijo la chica, al contemplar las flores.

- No si no voy contigo - añadió el chico, besando a Charlotte y acariciando por encima del abrigo el pequeño bulto prácticamente invisible que era su vientre.

- ¿Nos vamos? me estoy congelando de frío - preguntó la chica. 

- Su carruaje la espera - Alex abrió la puerta de la camioneta y ella subió, dejando el ramo de rosas en sus piernas.

Salieron del estacionamiento sin demoras, a ambos les pareció raro no toparse con una cámara o un fotógrafo que les brincara delante del auto. Conducía por una avenida a poca velocidad ya que las lluvias provocaban ligeros estragos por las calles. Encendía la calefacción dentro del automóvil y escuchaba atentamente cada detalle que la chica le contaba sobre su estancia en otro continente.

- ¿Sabías que pueden cocinar bajo la tierra? - preguntó sorprendida - cavan un pozo no tan profundo y meten una olla bajo la tierra. Allá es tan caluroso que podría freír un huevo en la placa de auto.

Alex asentía a cada pausa que la chica hacía para tomar aire y continuar con su relato, justo cuando le comentaba sobre el fotógrafo y la maquillista, el celular de Alex sonó desde el bolsillo interior de su blazer.

- ¿Sí? - contestó, abriendo el teléfono y activando el altavoz, ya que aunque el tránsito era lento, no se arriesgaría a ser detenido por un oficial de tránsito.

- Señor Davis, lamento llamarlo en su día libre, pero Newhouse quiere verlo cuanto antes.

- ¿Es algo urgente? - preguntó, ante la mirada inexpresiva de Charlotte, Alex adivinó que no estaba muy contenta en que la hayan interrumpido.

- El señor Newhouse se tomará un pequeño descanso a partir de mañana, y esto quería notificárselo en persona.

- Bien - dijo Alex, mirando una calle a su derecha - llegaré en 15 minutos - cerró su teléfono y giró el automóvil metiéndose en una calle estrecha. Condujo entre autos que limpiaban sus cristales de la lluvia, los peatones desprevenidos que la lluvia había sorprendido corrían por la acera refugiándose en los locales aledaños. Entró al estacionamiento del edificio y la lluvia desapareció tras de sí para darle paso al sombrío donde los autos aguardaban en silencio.

- ¿Subes conmigo?

- ¿Que esperabas? - preguntó ella, bajando del auto - ¿Que me congelara aquí?

- Lo supuse - contestó él, rodeando los hombros de la chica con su brazo y dirigiéndose al ascensor que los llevaría hasta la planta más alta, en donde estaba Rose tras su escritorio.

- Buen día señor - saludó, poniéndose de pie como era su costumbre, pero añadiendo una cara de estupefacción al verlo de la mano de Charlotte. - El señor Newhouse lo espera en su oficina.

- Gracias Rose - Alex no pudo evitar notar la mirada de curiosidad con la que la recepcionista miraba a su novia - ¿Conoces a Charlotte? - preguntó, haciendo un ademán de presentación.

- Solo por televisión - contestó ella, estrechando la mano de la rubia - Sé que sonará inapropiado viniendo de una mujer unos años mayor que ustedes, pero tengo que reconocer que fuiste muy afortunada en pescar a un hombre perfecto - a Alex se le encendió el rostro de vergüenza, nunca imaginó que su secretaria fuera a adularlo de esa manera.

- Lo sé - contestó ella, acompañando el apretón de manos con una sonrisa.

- Bien, vamos con Newhouse ahora, muchas gracias Rose, te vemos luego - Alex prácticamente arrastró a Charlotte del brazo hasta la oficina de su jefe.

- ¿Por qué hiciste eso? - preguntó la chica enojada

- No lo sé... Creía que de un momento a otro te le ibas a lanzar a puñetazos.

- ¡Estás loco! ¿Por qué debería hacer eso?

- Bueno, por cómo se miraron, pero… Ya, no importa. – Estaban ante la puerta de su jefe, escucharon como hablaba por teléfono y esperaron a que finalizara su conversación.

- Adelante – contestó una voz grave desde la oficina, ambos entraron y notó que su jefe miraba a Alex con la misma sorpresa que los empleados del edificio que cuchicheaban antes de que las puertas del ascensor se cerraran para mirar a la pareja de la que tanto se hablaba en televisión.

- Buen día señor – saludó primero la chica, extendiéndole una mano – espero que no se haya olvidado de mi tan pronto.

- ¿Olvidarte? ¡Jamás! Eres la mejor asistente que un editor pudo tener, y creo que debido a las circunstancias te veré más seguido – Newhouse miró que Alex mantenía aún abrazada a la chica por los hombros, a lo cual reaccionó separándose de ella y sentándose en una de las sillas para los invitados – Te he llamado Davis, porque una Boutique de Burberry en China está de aniversario y te han invitado a la fiesta, y aprovechando que estarás en Asia, visitarás Japón como marco de la apertura de la boutique Dior.

- Asia… - murmuró el chico, si había viajado hasta América por unos días, aquello no sería muy diferente – Perfecto ¿Cuándo salgo? – preguntó.

- El próximo Lunes – respondió Newhouse – está todo listo: avión, hotel, vehículos… Creo que esta vez tu… pareja no irá contigo.

- No hay problema – dijo ella, notando un ligero dejo de indiferencia cuando se dirigió a ella -  Me temo que no podré viajar de todos modos.

Newhouse no comprendió la idea, y Alex agradeció que se abstuviera de preguntar el porqué o indagara más sobre el tema.

- Espero noticias tuyas desde China, muchacho – dijo el hombre, poniéndose de pie.

- Así será señor – contestó Alex, imitando a su jefe y dirigiéndose a la puerta.

- Hasta luego McDonald – espetó Newhouse hacia la chica, antes de que saliera.

- Hasta luego… señor – contestó ella, en un tono tan frío como la manija de la puerta.

Alex mantuvo una sonrisa en su rostro, pero de tanto forzarla las mejillas comenzaban a dolerle.

- ¿Así que irás a China y Japón? – preguntó ella, subiendo de vuelta al auto en el estacionamiento.

- Ya oíste – contestó el chico, poniendo el vehículo en marcha – ojalá allá hubiera canguros, pero en vez de eso se comen a las ratas.

- Sé que estás pensando – dijo ella, cuando Alex se estacionó. Miraba al frente con aspecto serio y acariciando una flor del ramo – sé qué piensas que soy una loca por hablarle así a tu jefe, pero tienes que entender que él usó ese tono conmigo.

- ¿De qué hablas? Yo no estaba pensando en nada…

- ¿Crees que soy una tonta? – preguntó subiendo el volumen de su voz, bajando del auto y buscando sus llaves para entrar en la casa – Tu secretaria, está enamorada de ti, pero eres tan perfecto que no te fijarías en una persona mayor.

- ¡¿QUÉ?! – El chico no daba crédito a sus oídos, Charlotte pensaba que tenía un amorío con su secretaria. Era algo ridículo - ¿Crees que Rose y yo…

- ¿Entonces por qué se refirió a ti como “un hombre perfecto”? ¿EH? – la chica puso abrir la puerta con esfuerzo, ya que las manos le temblaban de furia.

Alex no sabía qué contestar, se le ocurrió hablar de sus logros, pero pensó que sería demasiado pretencioso y contraproducente en aquella discusión.
- Cherry, linda, esto es solo uno de esos cambios hormonales…

- ¿Me estás diciendo anormal? – Preguntó ella, más eufórica que nunca – ¡Lo único que me faltaba! No te basta con que me sienta gorda y fea y vienes a decirme que soy un fenómeno.

- Yo no digo eso… Simplemente…

La chica no lo dejó terminar su explicación, le arrebató el ramo de rosas que bajó del auto y lo golpeó en la cara con él.

- ¡Cállate! ¡Por tu culpa no podré aceptar ese contrato con Wintour! – La chica subía las escaleras que Alex la detuvo por un brazo.

- ¿Wintour? ¿Qué tiene que ver esa escoria con nosotros?

- Cuando estaba en Australia recibí una propuesta para su revista, pero no acepté debido a mis obvias condiciones – Charlotte se abrió el abrigo y hizo énfasis en el pequeño vientre abultado.

- ¿Wintour te quiere para Vogue? – preguntó, era algo increíble, Wintour no buscaba a modelos desconocidas, y mucho menos a ella - ¿¡Y dijiste que no?! – preguntó alarmado, negarlo algo a Anna era comprar su boleto directo a la ruina.

- ¡Sí! ¡Eso hice! ¿Y qué?

- ¡Es que simplemente no le puedes decir a Anna que no! – Alex estaba consternado, es como si Charlotte fuera la culpable de que una maldición cayera sobre ellos.

- ¡Pues ya lo hice! – tomó de las manos de Alex el ramo de rosas y lo golpeó en la cara – Espero que el sillón sea cómodo, ya que no dormirás conmigo… no esta noche – Charlotte entró a la habitación principal y cerró la puerta tan grotescamente que uno de los cuadros que había en la pared a lo largo de la escalera cayó. Alex lo tomó y arrojó a la basura una fotografía de él, Anna Wintour y Franca Sozzani.

- Sólo seis meses más – murmuró, quitándose los zapatos en la sala – y pensar que sólo sufren ellas. – Se acomodó en el sillón con los brazos cruzados intentando pensar, pero aún le dolía la mejilla, impregnada con olor a rosas.