El
domingo para Alex comenzó a las 9:00 am. Los restos de la fiesta improvisada
del día anterior se hacían presentes en la sala y su trabajo amontonado en una
mesa de la esquina reclamaba su atención. Recogió los vasos desechables y
botellas vacías desalojando el lugar para terminar la edición especial de las
pasarelas.
Dos horas después, cientos de looks revisados
minuciosamente y una ducha placentera, un taxi lo esperaba frente a su casa
para llevarlo al centro comercial, de la nada le nació el impulso de comprar y
comprar. Tienda por tienda adquiría prendas de todo tipo: desde boutiques
de talentos emergentes hasta almacenes Lowcost, cargaba con bolsas y
cajas de ropa y zapatos que quizá nunca usaría. Ese día se sentía diferente, no
le dolía la cabeza y el mundo no daba vueltas, una pequeña chispa dentro
de él se encendía intermitentemente haciéndole creer que su día libre será
perfecto y la opinión de los demás estaba de sobra.
En su trayecto por un pasillo del centro comercial se topó con un local donde
los cristales mostraban un salón de belleza unisex de nombre
"Fritarelli" donde se hacía todo tipo de tratamientos: tintes, cortes
de cabello, mascarillas y manicure. Alex notó que en unas pantallas de LED fuera
del local se mostraban imágenes de chicas y chicos mostrando su cabellera y
peinados extravagantes de diversos tipos. Alex se llevó una mano a su cabellera
que cubría parte de su frente y se decidió a entrar. Dentro del lugar, una
música pop pegajosa inundaba el lugar y una chica pelirrojamente artificial con
unas uñas largas con pedrería y una bata blanca.
- Buenas tardes guapo - lo saludó la chica con un guiño - Sonará estúpido
pero... ¿Podemos hacer algo para que te veas mejor?
- Pues... quisiera que... - Alex miraba su cabello en el reflejo de un espejo
gigante - algo distinto.
- Entiendo - respondió ella - veo que está preocupado por algo, quizá el estrés
de la escuela. Tus rasgos faciales están tensos. Necesitas un masaje - Dijo la
chica, quitándole a Alex las bolsas de las manos y dejándolas en un mostrados
donde una chica las guardaba debajo de una mesa. Lo condujo a una puerta del
lado izquierdo donde al entrar la música del salón se apagó para dar paso a una
atmósfera más relajada. En el lugar había cubículos, un poco más grandes que
los probadores de las tiendas que igualmente daban provacidad con unas cortinas
color púrpura y el logotipo del local. La chica lo condujo a un compartimento y
dijo - Quítate toda la ropa y acuéstate boca abajo , puedes dejar tus cosas en
la estantería de la esquina, en unos momentos alguien vendrá para que te
atiendan - la chica se despidió guiñándole un ojo a Alex y cerrando la cortina
tras de sí.
Comenzó a desvestirse rápidamente y se amarró una toalla a la cintura, se sentó
en la cama acolchada que estaba en el centro del lugar, miro alrededor y notó
la presencia de una planta sintética decorativa, una repisa con velas en forma
de pirámide y pequeñas botellas con aceites y esencias. De repente
las cortinas se abrieron y una chica castaña de cabello ondulado y
gafas cuadradas entró al lugar, llevaba puesta una bata color lila y al ver a
Aelx sentado en la cama le dijo:
- Acuéstese.
- Ehh... - Alex no sabía como decir lo que tenía que decir así que expresó: -
Ésta es la primera vez que alguien me pone las manos encima... de éste modo
claro...
- No te violaré si es lo que crees - dijo ella, mirando las botellas que había en
la repisa - aunque, si consideras que hago un buen trabajo puedes pedir mi
teléfono...
- Sólo haga lo que tenga que hacer - dijo Alex, acostándose y cubriéndose el
trasero con la toalla. Sentía como la chica frotaba con sus manos un aceite
sobre sus hombros, hacía círculos sobre ellos y bajaba a la espalda presionando
en la cintura; el chico se estremecía cada vez que la masajista llegaba hasta
su cintura, sintió como retiraba la toalla y masajeaba sus muslos y cadera,
bajaba hasta sus piernas y seguía hasta la planta de sus pies. Alrededor de 40
minutos, acostado boca abajo casi se quedaba dormido, de no ser porque la chica
giró su cuello bruscamente como si quisiera asfixiarlo.
- Listo - dijo ella - puede vestirse y salir - Alex se incorporó lentamente y
se limpió el aceite de la espalda con la toalla, una fragancia con aroma a
lavanda se quedó impregnado en él por todo el cuerpo, se vistió y volvió al
salón de belleza con una energía renovada, la música pop y luces de neón por
todo el local. La chica pelirroja que lo recibió lo arribó de nuevo con una
sonrisa.
- ¡Te vez mejor! - dijo - no te vendría mal un corte de cabello, algo de luz
para que tu rostro salga de detrás de ese desastre capilar - lo tomó del brazo
y lo sentó frente a un espejo, donde había utensilios para el corte de cabello
y productos para su cuidado, tomó una revista del pilar que había junto a él y
resultó ser el primer ejemplar de Vogue Men International. Poco después, un
chico gay que Alex adivinó era propietario del negocio (por las órdenes que
daba a los empleados) se detuvo detrás de él.
- Hola, amigo - lo saludó, poniendo una mano en su hombro - ¿Que quieres que
haga por ti?
- Quisiera un cambio radical - dijo Alex, perdiéndose en la revista que el
mismo editó, recordaba cada imagen y cada titular de ella.
- Por lo general quienes quieren cambios radicales son los que quieren escapar
de su pasado y prepararse para una nueva página en la historia.
- Bien, haga lo que sea - dijo Alex - ésto está bien - le mostró una fotografía
de su revista donde un modelo lucía el cabello corto con un peinado rock-punk.
- A tus órdenes amigo - el estilista comenzó a manejar el cabello de Alex y él
sólo miraba la revista y como su melena reducida se reducía aún más. Terminado el proceso, el estilista giró la
silla de Alex para mirarlo de frente y cuando el chico bajó la revista gritó de
emoción, dejando caer las tijeras y un peine color negro.
- ¡No puede ser! ¡Eres tú! ¡Es usted! - le arrebató la revista de las manos y
miraba alternadamente al Alex de la portada y al chico de carne y hueso frente
a él con mirada de miedo. - ¡Alexis Davis en mi estética! - Exclamó, y un rumor
se extendió en las chicas que se hacían manicure y los chicos que se dejaban
hacer la barba. - ¡Fue un honor cortar su cabello señor Davis! Soy Paolo...
Paolo Fratirelli, su trabajo aquí es más que admirado, cientos de chicos vienen
con una de sus revistas bajo el brazo y me piden que haga exactamente ese mismo
corte que muestra entre sus páginas.
- Ehh.. ¿Gracias? - dijo Alex, poniéndose en pie y queriendo recoger sus cosas
para salir corriendo.
- No puede irse así nada más... ¡Lissie! - gritó, mirando al rededor
frenéticamente, y la chica pelirroja que lo recibió se acercó de prisa. -
Lissie, dale al señor Davis una canasta de cortesía de los mejores productos.
Será desde hoy un cliente de honor en ésta estética - Todos los trabajadores
corrumpieron en aplausos dejando de lado sus labores de aplicar tinte o cortar
cabello. - ¡Ahora todos a una foto grupal! - Rápidamente los empleados se
acercaron a ellos, algunos del lado del estilista, otros de Alex y los demás
sentados en el piso. Después de tomada la fotografía hubo más aplausos y Paolo
consiguió de un escritorio un marcador permanente - señor Davis, su quisiera
hacerme el amabilísimo favor de plasmar su firma en nuestro local, sería un
orgullo para nosotros ver que usted estuvo aquí.
Alex de mala gana pero con una sonrisa fingida tomó el marcador y escribió:
"Paolo Fritarelli, el mejor artista del cabello que tuve la oportunidad de
conocer". Tras una horda de aplausos salió apresuradamente del centro
comercial camino en busca de un taxi. Después de llenar la cajuela del vehículo
y el asiento trasero con bolsas emprendió la marcha hacia su casa, se miraba en
el reflejo de su celular y sin la mata del cabello que le cubría la frente
olvidaba que tenía cejas, notó que su rostro se estilizaba más y su nariz
pequeña y recta se hacía más notoria.
Al llegar a su casa, el caos de bolsas se hizo presente de nuevo en la sala,
arrojando todas las bolsas al sillón más grande y subiendo al cuarto de baño,
comenzó quitándose los zapatos y la camisa, cuando de su pantalón sacó su
celular, marcó un número y activó el altavoz arrojando el teléfono a la cama.
- ¿Bueno?
- Hola Rose - dijo Alex, acercándose al teléfono, quitándose sus calzoncillos y
arrojando todo a un cesto de ropa sucia - sé que es domingo y descansas el día
de hoy, pero quería pedirte un favor...
- Dígame señor Davis, ¿necesita algo? -
- Necesito la dirección y datos personales de la chica que me acompañó a Milán
y París como asistente. ¿Tienes esos datos a la mano? - preguntó Alex fingiendo
pena en la voz debido a su orden.
- Si señor, de hecho si me da un momento puedo mandarle todo su currículum por
correo electrónico.
- Excelente - murmuró Alex - muchas gracias Rose, y por favor, mañana date el
lujo de llegar tarde.
- Como quiera señor - contestó ella con una risa desde el otro lado de la línea
- Hasta mañana.
- Gracias Rose - Alex cerró su teléfono y desnudo tomó una toalla para tomar una
ducha.
Con su nuevo corte de cabello se sentía diferente, renovado, su mirada había
cambiado y su expresión en la cara era de optimismo. Saliendo de la ducha se
sentó frente a su computadora portátil que casi nunca utilizaba, en la bandeja
del correo electrónico Rose adjunto el currículum de Charlotte, así como la
documentación que presentó para pedir el trabajo de asistente personal del
editor en jefe.
Después de una hora procesando varios documentos e imprimir varias hojas, las
metió en un sobre amarillo de la empresa y llamó un taxi. Al conductor le
mostró un Post-It con la dirección anotada, asintió y se internó en el tráfico
londinense que no era común en un día libre, cuando por fin llegaron al
destino, Alex notó que frente a él se alzaba un edificio de apartamentos cerca
de una fábrica. Subió por las escaleras hasta uno de los pisos superiores y
llamó a una puerta color azul de madera. Cuando Alex llamó salió una chica de
piel negra con el cabello alborotado.
- ¿Sí? - preguntó la chica mirando a Alex a los ojos - ¿Eres un cobrador o algo
así?
- No, nada de eso... de hecho vengo a buscar a Charlotte, ¿Estará aquí?
- Sí, adelante - la chica lo hizo pasar, al entrar notó que era un apartamento
pequeño con dos habitaciones, un baño y la sala-comedor junto a una cocina con
un ventanal que miraba a un edificio de ladrillos rojos - ¡Charlotte! ¿Me
ocultaste algo de París? Un top model te espera en la sala - Alex se sentó en
un sillón donde había palomitas de maíz esparcidas por doquier y un brasier en el
respaldo - disculpa -dijo la chica, tomando el brasier de prisa y escondiéndolo
eso es mío, pero nunca lo viste. Lo siento - Alex esperó unos segundos más y
ante él, Charlotte apareció con una camiseta holgada y un short, Alex se puso
de pie ante su presencia, mirándola a los ojos que la hipnotizaban.
- Alex... - murmuró ella, totalmente sorprendida ante la presencia del chico -
¿Que haces aquí?
- Vine a... yo... - Alex se cohibía ante la presencia de Charlotte y su amiga
que miraba desde detrás del fregadero.
- ¡Espera! ¿Éste es el tal Davis del que me contabas maravillas? no tiene el
cabello que te vuelve loca... ni esa barba salvaje.
- ¿Podrías dejarnos solos un momento? - Dijo Charlotte a su amiga, con una
mirada asesina.
- ¿Sin presentarnos formalmente? - contestó la amia, mirándola con reproche -
Soy Stella Bottom amiga de Charlotte desde hace 4 años - saludó a Alex con un
beso en la mejilla y dirigiéndose a la chica añadió - veo que no mentías, todo
un galán - el chico sintió como su cara se encendía de pena por el comentario
de la chica, misma que caminaba hacia la puerta - saldré un rato por si
necesitan privacidad - y antes de salir añadió - y si necesitan intimidad, la
puerta de mi habitación está abierta.
- Discúlpala - dijo Charlotte apenada - es algo... intrépida.
- Lo noté - dijo Alex, mirando los ojos de la chica.
- Aún no me dices que te trae aquí -
- Bien.. como me abriste tu corazón en París, es mi oportunidad de abrirte las
puertas - Del sobre amarillo que no había soltado desde que llegó al lugar sacó
unas hojas membretadas con el logotipo de Vogue y se las pasó a Charlotte, que
se acurrucaba en su regazo como en un taxi de Milán.
- ¿Son cartas de recomendación? - preguntó la chica emocionada.
- Sí, podrás trabajar en la embajada de Londres, en el parlamento, una oficina
de relaciones internacionales y en cualquier lugar que decidas, tienes el lujo
de decir no a lo que quieras.
- ¡Es fantástico! ¿Que te hizo venir a buscarme?
- Una estúpida estrella de rock me hizo abrir los ojos en el baño de un club
nocturno - ante la mirada de incredulidad de la chica añadió : - ¡Es verdad! Me
dijo que era un príncipe de cuento que iría hasta donde su princesa para
declararle su amor.
- ¿Y has venido para...?
- Para decirte que te amo, diría que no puedo vivir sin ti, pero lo hice
22 años hasta ahora, así que eso no sería verdad.
- También te amo, más allá de que te cortaste el cabello como un modelo
plástico o te quitaste la barba que me encantaba.
- ¿Gracias? - dijo él, besando a la chica por primera vez desde que bajaron de
un avión. Después de una sesión de caricias y besos Alex notó que el tiempo
había pasado volando y ya era tarde - Tengo que irme, es tarde y después de
este fin de semana tengo que regresar mañana al trabajo.
- ¿El niño bueno tiene que regresar mañana a la órdenes de Newhouse? -
preguntó ella, burlándose.
- Estoy casado con mi trabajo - dijo él - no puedo faltar mañana, necesito
presentar el avance del especial de las pasarelas y demás.
- ¿Así que me consideras como tu amante o algo así?
- Soy un niño bueno, tengo que hacer lo correcto - dijo él, acercándose
seductoramente a Charlotte.
- Los niños buenos regresan a casa, los chicos malos se quedan aquí conmigo...
- le rodeó el cuello con los brazos y se tiró sobre él en el sofá. Ignoraban
los golpes de la puerta y los gritos de Stella desde el otro lado.
- Tengo que irme - dijo él, finalmente separándose de la chica dejándola
recostada en el sillón - por último... ¿Quieres andar conmigo? Ya sabes:
tomarnos de la mano y cosas así.
- ¿Por qué no? Será mejor que ocultarnos en un hotel.
Alex se dirigió hacia la puerta que amenazaba con salirse de sus tornillos por
los golpes que daba Stella desde el corredor.
- Lo siento Stella, pero estábamos en el calor del momento.
Dejó a la chica anonadada con sus palabras, camino a su casa sentía ganas de
subir al Big-Ben y gritarle al mundo que tenía oficialmente una novia. Y que su
reino, su imperio y su legado permanecían intactos.
