Dos
cuerpos desnudos compartían la misma cama y el mismo sentimiento, una expresión
de asombro se dibujaba en sus rostros y ninguno de los dos tenían idea de
porqué.
- ¿Sientes lo mismo que yo? - preguntó Alex, sin apartar
la mirada fija en el techo de la habitación.
-
¿Ese cosquilleo en todo el cuerpo y el temblor en las piernas? - preguntó la
chica.
-
Sí... es... no es normal...
-
Sí... Eso.
- ¿A que hora sale el vuelo a Londres?
- Dentro de dos horas - contestó ella, estirando su brazo para mirar su reloj
de pulso.
- Esto es ridículo - dijo el chico, incorporándose de la cama - ¿Porqué
nos sentimos así? - preguntó - Se supone que esto es amor y ni siquiera me
diriges la mirada cuanto estoy hablándote - Alex se levantó de la cama desnudo
- voy a ducharme, si quieres venir y ahorrar agua te espero dentro - la chica
miró el cuerpo de Alex a contraluz de la ventana y creyó mirar la silueta
dibujada de un ángel. Se levantó difícilmente de la cama y con
un gesto de cortesía Alex dejó que entrara primero a la regadera, el chico se
estremeció ante el contacto del agua fría con su piel, Charlotte permanecía de
espaldas a él y el chico se perdía en la fragancia del cabello de ella, beso su
cuello y recorría con la yema de sus dedos cada centímetro de su piel , la
chica se dio la vuelta y entrelazó sus brazos en el cuello de Alex, con los
ojos cerrados el agua recorría cada parte de su cuerpo, el rose de su vientre
con el abdomen de Alex la hizo sentir una sensación que nunca había
experimentado, el chico cerró la ducha y se enredó la toalla en la cintura
mientras la chica se envolvía en la bata de baño.
- Me siento diferente - dijo ella - sé que ahora somos novios, pero... no
sé.
- Creo que fue genial - dijo el chico poniéndose los calzoncillos - no quiero
presumir pero... creo que lo hice bien anoche.
- Si, estuviste fantástico pero... siento algo más, como si esto fuera lo que
buscábamos desde el principio.
- No sé si lo recuerdes, pero estuvimos apunto de hacerlo en un cuarto de baño
idéntico a ése.
- Lo recuerdo, pero no sé que es lo que nos hizo esperar hasta ahora.
- Como sea, fue fantástico - dijo el chico, ayudando a abotonar la blusa de
Charlotte.
- ¿Que seguirá después? Me refiero a... ¿Sólo sexo ocasional?
- Si quieres puedo llamar a un juez y casarnos en la Torre Eiffel.
- No me refiero a eso - dijo ella secándose el cabello - aunque me agrada la
idea.
- Pues a mí para nada me agrada la idea de perder el vuelo a Londres, Newhouse
se pondría furioso.
- Newhouse... - susurró la chica con enojo - ese gran muro entre nosotros.
- No es tan malo, de no ser por él, no te hubiera conocido, ahora vámonos, que
quiero dormir algo ya que ayer no pude.
Alex ayudó a la chica con la maleta (que iba más pesada debido a la ropa que
compró en Lafayette y el vestido que Largelfd le obsequió a Charlotte) Durante
el trayecto al aeropuerto evitaron mirarse directamente e intercambiar
palabras, ante su llegada a londres Alex llamó un taxi porque no había autos de
la compañía esperándolos.
- Buen día señor Davis - dijo Rose, poniéndose de pie ante su llegada - El
señor Newhouse lo quiere ver en la sala de juntas, por lo que veo será mejor
que la vez pasada.
Alex se dirigió a la sala de juntas dejando a Charlotte con su equipaje en el
sillón de la recepción, al entrar a la sala se encontró con Newhouse en su
silla correspondiente, a Christopher Bailey a su izquierda y a la izquierda del
diseñador a Emma Watson.
- ¡Bienvenido de vuelta Davis! - lo saludó su jefe, poniéndose de pie a su
llegada - supongo que no necesitas que te presente a nuestros invitados - Alex
extendió una mano a Bailey por encima de la pulida mesa y besó e Emma en la
mejila - Prácticamente los últimos días no has salido de esta sala, y en esta
ocasión te mandé llamar porque Bailey tiene una sorpresa para ambos, aunque la
señorita Watson ha visto antes que tú, por favor señor Bailey.
- Gracias Harold - dijo Bailey - en teoría y síntesis ambos aparecerán en la
portada del libro "London Fashion Cookbook"...
- ¿Tendremos que hacer otra sesión fotográfica? - interrumpió Alex, temiendo
que lo mandaran a comer helados o lo sumergieran en pantanos congelados.
- No. Siguiendo con el formato de la versión norteamericana, la portada del libro debe
ser creada por un diseñador, y tuve el honor de ser elegido para la
ilustración.
- Disculpa Chris... Pero no entiendo que tiene que ver con nosotros dos.
- Que estarán en la portada... de alguna y otra forma - Bailey tomó un sobre
amarillo que estaba sobre la mesa y mostró varias ilustraciones hechas por él
donde se personificaba a Emma y Alex con distintas prendas de la firma inglesa.
- Son fantásticos - exclamó Alex, al verse a él mismo cuatro veces con abrigos
y trenches.
- Bueno, estamos de acuerdo en que Bailey hace cosas asombrosas - dijo Emma, a
lo cual el diseñador contestó con una sonrisa y una inclinación de cabeza como
gesto de agradecimiento ante el comentario de la chica.
- Elijan como quieren verse en la portada y mandaremos los bocetos cuanto antes
para que Assouline comience la impresión cuanto antes.
- Supe que vas llegando de París - dijo Emma, saliendo de la sala de juntas y
dejando atrás a Newhouse y Bailey en una plática personal - siempre hay dos
opciones con Lagerfeld: o te adora o te detesta, y por lo que veo se llevan muy
bien.
- Sí, fue muy amable - contestó él, abriéndole la puerta de cristal de la sala
- ¿Tienes planes en mente? - preguntó el chico.
- ¿Planeas invitarme a algún lado? - preguntó Emma - Si mi memoria no falla,
recuerdo que tú mencionaste que tenía un novio antes incluso de que yo lo
hiciera.
- Hablaba de trabajo ¿Sabes? - dijo él, cerrándole el paso en el pasillo - La
chica de allá atrás - dijo señalando con su pulgar a Charlotte, que estaba
sentada en el sillón de la recepción - es mi chcia, así que sería difícil
elegir una entre dos bellezas - Emma miraba disimuladamente a
Charlotte por encima del hombro del chico.
- Entiendo... y si eso fue un halago pues gracias - dijo ella, caminado por el
corredor - y respondiendo a tu pregunta: Creo que me daré un pequeño receso
para enfocarme en mí.
- Suena perfecto, fue un verdadero placer verte de nuevo - dijo Alex,
despidiéndose con un abrazo. Emma se despidió de Rose y Charlotte con un gesto
cordial.
- Señor Davis, en su escritorio encontrará los artículos y publicidad para el
siguiente número - dijo la recepcionista - Sé que pasó poco tiempo fuera, pero
hemos recibido más colaboraciones que números anteriores.
- Gracias Rose - dijo Alex, y viendo que Charlotte seguía sentada leyendo un
ejemplar pasado dijo: - Gracias de nuevo señorita McDonald, un auto la esperará
fuera para llevarla de nuevo a casa.
- ¿Qué? - preguntó ella, y al ver la mirada de Alex que le decía:
"¡Vete!" entendió el mensaje - Oh... fue un placer señor Davis.
- Rose, llama a alguien para que le ayude con su equipaje - y con un gesto le
indicó a la rubia que después le llamaría.
Al entrar a su oficina notó la montaña de papeles colocados en dos pilares
sobre su escritorio, tomó unos sobres del montón de la izquierda y se topó con
reportajes de los gimnasios de moda, rutinas de ejercicios, tiendas que
recopilaban trabajos de aspirantes a diseñadores y un especial de bares
underground (donde aparecía el que Rupert y él visitaron la noche del
accidente), y recordando a su amigo tomó el teléfono del escritorio y marcó su
número:
- ¿Bueno? - preguntó Rupert - ¿Alex?
- Hola, sí soy yo.. este... ¿Estás libre? Necesito que nos veamos ahora mismo
si es posible
- ¿Paso algo? ¿Newhouse nos quiere de nuevo?
- No, no es eso, necesito tu opinión sobre algo importante.
- Bien... ¿A donde paso por ti? - preguntó
- Estoy en el trabajo, te esperaré a fuera.
- Ok, voy para allá - Rupert cortó la llamada y Alex salió a la recepción
dirigiéndose a Rose:
- Iré a casa, allá seleccionaré el material para el próximo número - dijo alex,
abriéndose paso con una caja enorme donde estaban los documentos - cualquier cosa
puedes llamarme.
- Hasta luego señor - dijo Rose, cerrando la puerta de la oficina que Alex dejo
abierta al no poder cerrarla el mismo.
Con dificultad bajó las escaleras hasta la acera de la calle, en donde al
instante apareció el auto de Rupert, el chico le abrió la puerta y arrojó la
caja en el asiento trasero.
- ¿Te despidieron? - preguntó Rupert.
- Claro que no, son los artículos para el siguiente número, ¿podrías llevarme a
este lugar? - Alex le extendió la dirección de la agencia de autos en donde
compró el auto que Rupert conducía.
- ¿Vas a comprar un auto eh? - dijo Rupert, algo asombrado - Comienzas a ser un
hombre.
- Y hablando de machismo... - Alex tomó aire para decir lo que tenía que soltar
- tuve relaciones con Charlotte - la reacción de Rupert fue tan intempestiva
que casi choca con el vehículo que tenía en frente.
- ¡Y me lo dices así! ¡De la nada! -
- ¿Que esperabas un musical? ¿O un telegrama cantado?
- Obvio no pero... casi estrello mi auto por tu culpa.
- Ah claro, ahora sí te preocupa tu auto cuando en el anterior podrías tener
ratas entre las cajas de pizza y los vasos de café.
- Eso no es el punto - dijo Rupert, que miraba en el retrovisor del auto el
asiento trasero que permanecía impecable - El punto es que diste un paso muy
importante en una relación con una chica que conociste en la oficina de tu
jefe... - Y al no poder contenerse preguntó: - ¿Como fue? ¿Sucio? ¿En el piso?
¿Hicieron mucho ruido?
- Rupert... eres un asco - dijo Alex, cerrando los ojos y tratando de explicar
el punto que quería aclarar - Lo único 'raro' de todo fue al día siguiente...
no sentíamos nada... excepto un cosquilleo en la piel y las piernas
temblorosas...
- No sé a que te refieres - dijo Rupert, estacionándose en un espacio dedicado
para los clientes en la agencia.
- Claro, supongo que eres de los que corren en cuanto sale el sol.
- Exacto - dijo él - Es lo que todo hombre hace después de tener relaciones con
una chica.
- Ajá, y supongo que solamente le dejaste unos billetes en la cama ¿No?
- Imbécil - susurró Rupert, al ver que no podía golpearlo cuando se
acercaba un demostrador de la agencia.
- Buen día caballeros, ¿Podría ayudarlos en algo?
- Sí - dijo Alex - admirando la perfección del traje del vendedor - quisiera un
auto... es la primera vez que compro uno, así que...
- Entiendo... - dijo el vendedor, mirándolo con complicidad - Si gustan
seguirme por aquí - el agente emprendió el paso entre lo que parecía
un laberinto de autos de todo tipo - ¿Que le parece un deportivo? - llegaron
hasta donde había un auto rojo.
- No es lo que tengo en mente - dijo Alex, siendo muy sincero en su decisión
- ¡Es impresionante! ¿Porqué no me compraste éste? - preguntó Rupert admirando
cada centímetro del metal en la carrocería.
- Quizá usted busque algo más conservador - y ante el gesto de afirmación de
Alex los condujo al extremo derecho del lugar, donde había camionetas
familiares de cuatro puertas.
- Es más adecuado para mí - dijo Alex, admirando una camioneta que le
llamó la atención en cuanto la vio - Creo que ésta es perfecta
- ¿Estás loco? ¿Que piensas hacer con ella? - preguntó Rupert, mirando la
camioneta como si tuviera un virus infeccioso - ¿Piensas transportar niñas
exploradoras?
- Idiota - murmuró Alex en voz baja
- Yo opino que es mejor el deportivo rojo.
- Pienso cruzar la ciudad, no correr en la Fórmula 1.
- Bien, como gustes, si quieres conquistar chicas o alejarlas, todo depende del
número de puertas y el quema-cocos. Y créeme, eso no las atrae.
Mientras el vendedor le decía a Alex las especificaciones y funciones del
tablero del auto, Rupert miraba al chico con desaprobación, y volteaba a ver el
auto rojo con tristeza.
- ¿Si choco el que tengo me regalas éste? - preguntó Rupert a Alex, quién le
contestó con un gesto grosero con la mano caminando detrás del vendedor para
concretar la compra.
- Una cosa más... ¿Podría ser en color negro? Ese color es muy otoñal y... Es
bonito pero... no me gusta.
- No hay problema señor Davis - estará esta misma tarde frente a su casa justo
como la pidió - el vendedor se puso de pie, al igual que el chico, estrecharon
sus manos y Alex salió de la agencia con el pelirrojo tras de sí.
- ¿NEGRA? - cuestionó el chico tras el volante, camino a la casa de Alex -
¡Genial! Ahora andarás por Londres en una carroza fúnebre.
- Cállate, que desde que te pedí un consejo no has dicho nada más que
estupideces.
- Ok... Está bien... ¿La amas?
- Sí - contestó Alex inmediatamente.
- ¿Estás seguro?
- Sí
- ¿Y como es que estás tan seguro?
- Simplemente lo sé, si no la amara no hubiéramos tenido relaciones en Francia.
- Creo que no entiendes - dijo Rupert ayudando a Alex a abrir la puerta de su
casa mientras el chico cargaba la pesada caja - Me refiero a que... ¿Ella te
hace ver cosas que no existen? ¿La recuerdas y una sonrisa aparece en tu
rostro? ¿Su cabello o sus piernas hacen que te vuelvas loco?
- Sí, no... y sí - contestó Alex.
- Ok, necesito ayuda profesional para esto - dijo Rupert de manera desesperada,
sacando su teléfono celular y marcando un número colocando el altavoz.
- ¿Sí? - contestó la voz de George.
- Hola amigo, tengo un problema grave con Alex - dijo Rupert, ignorando la cara
de ira del chico - Verás: él tuvo relaciones con la chica rubia y ahora no sabe
si olvidarla o correr a sus brazos - Alex no sabía que era peor: que hablara
con George con algo que no conocía por completo o la naturalidad con la que lo
decía.
- Vaya... eso sí es grave, necesitaremos invertir mucho tiempo para ello.
- ¿Que les parece mi plan? - Sugirió Rupert, tirándose en el sofá frente a Alex
- Rentaré una cabaña por dos días, nos vamos a pescar, convivimos con la
naturaleza y platicamos todo este asunto ¿De acuerdo?
- ¿Puedo opinar en mi propio problema? - preguntó Alex molesto - los dos son
unos idiotas - dijo Alex, alzando la voz a la bocina del teléfono - Eso es
todo.
- Perfecto - dijo George desde el otro lado de la línea - los veo mañana para
irnos de camping, ¡Hasta luego lads!
- Bien, yo también te veo mañana - dijo Rupert dispuesto a irse - espero que no
salgas corriendo en busca de esa chica... y mucho menos en esa carroza fúnebre
que está afuera.
Alex se asomó a la calle y notó que de una grúa bajaban la camioneta en color
negro tal y como la pidió, el encargado de la agencia le entregó las llaves y
los papeles que lo autentificaban como dueño. Cuando despidió a Rupert, Alex se
apresuró a tomar el teléfono de la sala para marcar a Charlotte:
- ¿Bueno? - preguntó la chica.
- Soy yo... Alex... Disculpa por tardar tanto en llamarte, pero es que Rupert
vino con un plan para el fin de semana y pues... Ahora tengo una camioneta
nueva - el chico hizo sonar las llaves en el auricular del teléfono
- ¿Qué? ¿Compraste un auto así de la nada? En serio me preocupan tus decisiones
apresuradas. Espero no ser una de ellas.
- Ten por seguro que no lo eres linda.
- Eso espero... Por cierto, estoy lista para bailar samba en Brasil, Stella me
está enseñando unos pasos que parecen de infarto.
- ¡Cierto! - dijo Alex dándose una palmada en la frente, olvidando que viajaría
a otro continente - hablaré con Rose para que te llame de nuevo y firmen un
contrato temporal.
- ¿Y dejar al primer ministro sin asistente de nuevo?
- El no te ama como yo - dijo el chico.
- Entiendo... ¿En que consisten tus planes con George y Rupert? Además de
embriagarse claro.
- Al parecer nos conoces más de lo que pensamos
- Exacto...
- Pues bien, Rupert dijo que rentaría una cabaña por dos días, así que no tengo
ni maldita idea de lo que serán las siguientes 48 horas.
- Espero que se diviertan...
- Con Rupert ebrio eso es seguro - dijo Alex abriendo la caja y dándose cuenta
de la montaña de papeles que tenía que leer para aprobar o desechar en la
siguiente edición - ¿Sabes? tengo que colgar, muchos artículos se juntaron para
la siguiente edición.
- Entiendo... Te amo lindo.
- Te amo Cherry - dijo él, antes de terminar la llamada. Al instante se puso a
leer artículos de todo tipo, y es que si en realidad quería saber la opinión de
sus dos mejores amigos tenía que estar preparado para lo que fuese... Ya sea
una plática seria o burlas de su parte.
