XXVI - Back To London




Dos cuerpos desnudos compartían la misma cama y el mismo sentimiento, una expresión de asombro se dibujaba en sus rostros y ninguno de los dos tenían idea de porqué.
- ¿Sientes lo mismo que yo? - preguntó Alex, sin apartar la mirada fija en el techo de la habitación.

- ¿Ese cosquilleo en todo el cuerpo y el temblor en las piernas? - preguntó la chica.

- Sí... es... no es normal...

- Sí... Eso.


- ¿A que hora sale el vuelo a Londres?

- Dentro de dos horas - contestó ella, estirando su brazo para mirar su reloj de pulso.

- Esto es ridículo - dijo el chico, incorporándose de la cama -  ¿Porqué nos sentimos así? - preguntó - Se supone que esto es amor y ni siquiera me diriges la mirada cuanto estoy hablándote - Alex se levantó de la cama desnudo - voy a ducharme, si quieres venir y ahorrar agua te espero dentro - la chica miró el cuerpo de Alex a contraluz de la ventana y creyó mirar la silueta dibujada de un ángel. Se levantó difícilmente de la cama   y con un gesto de cortesía Alex dejó que entrara primero a la regadera, el chico se estremeció ante el contacto del agua fría con su piel, Charlotte permanecía de espaldas a él y el chico se perdía en la fragancia del cabello de ella, beso su cuello y recorría con la yema de sus dedos cada centímetro de su piel , la chica se dio la vuelta y entrelazó sus brazos en el cuello de Alex, con los ojos cerrados el agua recorría cada parte de su cuerpo, el rose de su vientre con el abdomen de Alex la hizo sentir una sensación que nunca había experimentado, el chico cerró la ducha y se enredó la toalla en la cintura mientras la chica se envolvía en la bata de baño.

- Me siento diferente - dijo ella - sé que ahora somos novios,  pero... no sé.

- Creo que fue genial - dijo el chico poniéndose los calzoncillos - no quiero presumir pero... creo que lo hice bien anoche.

- Si, estuviste fantástico pero... siento algo más, como si esto fuera lo que buscábamos desde el principio.

- No sé si lo recuerdes, pero estuvimos apunto de hacerlo en un cuarto de baño idéntico a ése.

- Lo recuerdo, pero no sé que es lo que nos hizo esperar hasta ahora.

- Como sea, fue fantástico - dijo el chico, ayudando a abotonar la blusa de Charlotte.

- ¿Que seguirá después? Me refiero a... ¿Sólo sexo ocasional?

- Si quieres puedo llamar a un juez y casarnos en la Torre Eiffel.

- No me refiero a eso - dijo ella secándose el cabello - aunque me agrada la idea.

- Pues a mí para nada me agrada la idea de perder el vuelo a Londres, Newhouse se pondría furioso.

- Newhouse... - susurró la chica con enojo - ese gran muro entre nosotros.

- No es tan malo, de no ser por él, no te hubiera conocido, ahora vámonos, que quiero dormir algo ya que ayer no pude.

Alex ayudó a la chica con la maleta (que iba más pesada debido a la ropa que compró en Lafayette y el vestido que Largelfd le obsequió a Charlotte) Durante el trayecto al aeropuerto evitaron mirarse directamente e intercambiar palabras, ante su llegada a londres Alex llamó un taxi porque no había autos de la compañía esperándolos.

- Buen día señor Davis - dijo Rose, poniéndose de pie ante su llegada - El señor Newhouse lo quiere ver en la sala de juntas, por lo que veo será mejor que la vez pasada.

Alex se dirigió a la sala de juntas dejando a Charlotte con su equipaje en el sillón de la recepción, al entrar a la sala se encontró con Newhouse en su silla correspondiente, a Christopher Bailey a su izquierda y a la izquierda del diseñador a Emma Watson.

- ¡Bienvenido de vuelta Davis! - lo saludó su jefe, poniéndose de pie a su llegada - supongo que no necesitas que te presente a nuestros invitados - Alex extendió una mano a Bailey por encima de la pulida mesa y besó e Emma en la mejila - Prácticamente los últimos días no has salido de esta sala, y en esta ocasión te mandé llamar porque Bailey tiene una sorpresa para ambos, aunque la señorita Watson ha visto antes que tú, por favor señor Bailey.

- Gracias Harold - dijo Bailey - en teoría y síntesis ambos aparecerán en la portada del libro "London Fashion Cookbook"...

- ¿Tendremos que hacer otra sesión fotográfica? - interrumpió Alex, temiendo que lo mandaran a comer helados o lo sumergieran en pantanos congelados.

- No. Siguiendo con el formato de la versión norteamericana, la portada del libro debe ser creada por un diseñador, y tuve el honor de ser elegido para la ilustración.

- Disculpa Chris... Pero no entiendo que tiene que ver con nosotros dos.

- Que estarán en la portada... de alguna y otra forma - Bailey tomó un sobre amarillo que estaba sobre la mesa y mostró varias ilustraciones hechas por él donde se personificaba a Emma y Alex con distintas prendas de la firma inglesa.

- Son fantásticos - exclamó Alex, al verse a él mismo cuatro veces con abrigos y trenches.

- Bueno, estamos de acuerdo en que Bailey hace cosas asombrosas - dijo Emma, a lo cual el diseñador contestó con una sonrisa y una inclinación de cabeza como gesto de agradecimiento ante el comentario de la chica.

- Elijan como quieren verse en la portada y mandaremos los bocetos cuanto antes para que Assouline comience la impresión cuanto antes.

Alex eligió verse con un trench color azul oscuro, mientras que Emma escogió uno en color camel.

- Supe que vas llegando de París - dijo Emma, saliendo de la sala de juntas y dejando atrás a Newhouse y Bailey en una plática personal - siempre hay dos opciones con Lagerfeld: o te adora o te detesta, y por lo que veo se llevan muy bien.

- Sí, fue muy amable - contestó él, abriéndole la puerta de cristal de la sala - ¿Tienes planes en mente? - preguntó el chico.

- ¿Planeas invitarme a algún lado? - preguntó Emma - Si mi memoria no falla, recuerdo que tú mencionaste que tenía un novio antes incluso de que yo lo hiciera.

- Hablaba de trabajo ¿Sabes? - dijo él, cerrándole el paso en el pasillo - La chica de allá atrás - dijo señalando con su pulgar a Charlotte, que estaba sentada en el sillón de la recepción - es mi chcia, así que sería difícil elegir una entre dos bellezas - Emma miraba disimuladamente a Charlotte por encima del hombro del chico.

- Entiendo... y si eso fue un halago pues gracias - dijo ella, caminado por el corredor - y respondiendo a tu pregunta: Creo que me daré un pequeño receso para enfocarme en mí.

- Suena perfecto, fue un verdadero placer verte de nuevo - dijo Alex, despidiéndose con un abrazo. Emma se despidió de Rose y Charlotte con un gesto cordial.

- Señor Davis, en su escritorio encontrará los artículos y publicidad para el siguiente número - dijo la recepcionista - Sé que pasó poco tiempo fuera, pero hemos recibido más colaboraciones que números anteriores.

- Gracias Rose - dijo Alex, y viendo que Charlotte seguía sentada leyendo un ejemplar pasado dijo: - Gracias de nuevo señorita McDonald, un auto la esperará fuera para llevarla de nuevo a casa.

- ¿Qué? - preguntó ella, y al ver la mirada de Alex que le decía: "¡Vete!" entendió el mensaje - Oh... fue un placer señor Davis.

- Rose, llama a alguien para que le ayude con su equipaje - y con un gesto le indicó a la rubia que después le llamaría.

Al entrar a su oficina notó la montaña de papeles colocados en dos pilares sobre su escritorio, tomó unos sobres del montón de la izquierda y se topó con reportajes de los gimnasios de moda, rutinas de ejercicios, tiendas que recopilaban trabajos de aspirantes a diseñadores y un especial de bares underground (donde aparecía el que Rupert y él visitaron la noche del accidente), y recordando a su amigo tomó el teléfono del escritorio y marcó su número:

- ¿Bueno? - preguntó Rupert - ¿Alex?

- Hola, sí soy yo.. este... ¿Estás libre? Necesito que nos veamos ahora mismo si es posible

- ¿Paso algo? ¿Newhouse nos quiere de nuevo?

- No, no es eso, necesito tu opinión sobre algo importante.

- Bien... ¿A donde paso por ti? - preguntó

- Estoy en el trabajo, te esperaré a fuera.

- Ok, voy para allá - Rupert cortó la llamada y Alex salió a la recepción dirigiéndose a Rose:

- Iré a casa, allá seleccionaré el material para el próximo número - dijo alex, abriéndose paso con una caja enorme donde estaban los documentos - cualquier cosa puedes llamarme.

- Hasta luego señor - dijo Rose, cerrando la puerta de la oficina que Alex dejo abierta al no poder cerrarla el mismo.

Con dificultad bajó las escaleras hasta la acera de la calle, en donde al instante apareció el auto de Rupert, el chico le abrió la puerta y arrojó la caja en el asiento trasero.

- ¿Te despidieron? - preguntó Rupert.

- Claro que no, son los artículos para el siguiente número, ¿podrías llevarme a este lugar? - Alex le extendió la dirección de la agencia de autos en donde compró el auto que Rupert conducía.

- ¿Vas a comprar un auto eh? - dijo Rupert, algo asombrado - Comienzas a ser un hombre.

- Y hablando de machismo... - Alex tomó aire para decir lo que tenía que soltar - tuve relaciones con Charlotte - la reacción de Rupert fue tan intempestiva que casi choca con el vehículo que tenía en frente.

- ¡Y me lo dices así! ¡De la nada! -

- ¿Que esperabas un musical? ¿O un telegrama cantado?

- Obvio no pero... casi estrello mi auto por tu culpa.

- Ah claro, ahora sí te preocupa tu auto cuando en el anterior podrías tener ratas entre las cajas de pizza y los vasos de café.

- Eso no es el punto - dijo Rupert, que miraba en el retrovisor del auto el asiento trasero que permanecía impecable - El punto es que diste un paso muy importante en una relación con una chica que conociste en la oficina de tu jefe... - Y al no poder contenerse preguntó: - ¿Como fue? ¿Sucio? ¿En el piso? ¿Hicieron mucho ruido?

- Rupert... eres un asco - dijo Alex, cerrando los ojos y tratando de explicar el punto que quería aclarar - Lo único 'raro' de todo fue al día siguiente... no sentíamos nada... excepto un cosquilleo en la piel y las piernas temblorosas...

- No sé a que te refieres - dijo Rupert, estacionándose en un espacio dedicado para los clientes en la agencia.

- Claro, supongo que eres de los que corren en cuanto sale el sol.

- Exacto - dijo él - Es lo que todo hombre hace después de tener relaciones con una chica.

- Ajá, y supongo que solamente le dejaste unos billetes en la cama ¿No?

- Imbécil  - susurró Rupert, al ver que no podía golpearlo cuando se acercaba un demostrador de la agencia.

- Buen día caballeros, ¿Podría ayudarlos en algo?

- Sí - dijo Alex - admirando la perfección del traje del vendedor - quisiera un auto... es la primera vez que compro uno, así que...

- Entiendo... - dijo el vendedor, mirándolo con complicidad - Si gustan seguirme por aquí - el agente emprendió el paso entre lo que parecía un laberinto de autos de todo tipo - ¿Que le parece un deportivo? - llegaron hasta donde había un auto rojo.

- No es lo que tengo en mente - dijo Alex, siendo muy sincero en su decisión

- ¡Es impresionante! ¿Porqué no me compraste éste? - preguntó Rupert admirando cada centímetro del metal en la carrocería.

- Quizá usted busque algo más conservador - y ante el gesto de afirmación de Alex los condujo al extremo derecho del lugar, donde había camionetas familiares de cuatro puertas.

- Es más adecuado para mí - dijo Alex, admirando una camioneta que le llamó la atención en cuanto la vio - Creo que ésta es perfecta

- ¿Estás loco? ¿Que piensas hacer con ella? - preguntó Rupert, mirando la camioneta como si tuviera un virus infeccioso - ¿Piensas transportar niñas exploradoras?

- Idiota - murmuró Alex en voz baja

- Yo opino que es mejor el deportivo rojo.

- Pienso cruzar la ciudad, no correr en la Fórmula 1.

- Bien, como gustes, si quieres conquistar chicas o alejarlas, todo depende del número de puertas y el quema-cocos. Y créeme, eso no las atrae.

Mientras el vendedor le decía a Alex las especificaciones y funciones del tablero del auto, Rupert miraba al chico con desaprobación, y volteaba a ver el auto rojo con tristeza.

- ¿Si choco el que tengo me regalas éste? - preguntó Rupert a Alex, quién le contestó con un gesto grosero con la mano caminando detrás del vendedor para concretar la compra.

- Una cosa más... ¿Podría ser en color negro? Ese color es muy otoñal y... Es bonito pero... no me gusta.

- No hay problema señor Davis - estará esta misma tarde frente a su casa justo como la pidió - el vendedor se puso de pie, al igual que el chico, estrecharon sus manos y Alex salió de la agencia con el pelirrojo tras de sí.

- ¿NEGRA? - cuestionó el chico tras el volante, camino a la casa de Alex - ¡Genial! Ahora andarás por Londres en una carroza fúnebre.

- Cállate, que desde que te pedí un consejo no has dicho nada más que estupideces.

- Ok... Está bien... ¿La amas?

- Sí - contestó Alex inmediatamente.

- ¿Estás seguro?

- Sí

- ¿Y como es que estás tan seguro?

- Simplemente lo sé, si no la amara no hubiéramos tenido relaciones en Francia.

- Creo que no entiendes - dijo Rupert ayudando a Alex a abrir la puerta de su casa mientras el chico cargaba la pesada caja - Me refiero a que... ¿Ella te hace ver cosas que no existen? ¿La recuerdas y una sonrisa aparece en tu rostro? ¿Su cabello o sus piernas hacen que te vuelvas loco?

- Sí, no... y sí - contestó Alex.

- Ok, necesito ayuda profesional para esto - dijo Rupert de manera desesperada, sacando su teléfono celular y marcando un número colocando el altavoz.

- ¿Sí? - contestó la voz de George.

- Hola amigo, tengo un problema grave con Alex - dijo Rupert, ignorando la cara de ira del chico - Verás: él tuvo relaciones con la chica rubia y ahora no sabe si olvidarla o correr a sus brazos - Alex no sabía que era peor: que hablara con George con algo que no conocía por completo o la naturalidad con la que lo decía.

- Vaya... eso sí es grave, necesitaremos invertir mucho tiempo para ello.

- ¿Que les parece mi plan? - Sugirió Rupert, tirándose en el sofá frente a Alex - Rentaré una cabaña por dos días, nos vamos a pescar, convivimos con la naturaleza y platicamos todo este asunto ¿De acuerdo?

- ¿Puedo opinar en mi propio problema? - preguntó Alex molesto - los dos son unos idiotas - dijo Alex, alzando la voz a la bocina del teléfono - Eso es todo.

- Perfecto - dijo George desde el otro lado de la línea - los veo mañana para irnos de camping, ¡Hasta luego lads!

- Bien, yo también te veo mañana - dijo Rupert dispuesto a irse - espero que no salgas corriendo en busca de esa chica... y mucho menos en esa carroza fúnebre que está afuera.

Alex se asomó a la calle y notó que de una grúa bajaban la camioneta en color negro tal y como la pidió, el encargado de la agencia le entregó las llaves y los papeles que lo autentificaban como dueño. Cuando despidió a Rupert, Alex se apresuró a tomar el teléfono de la sala para marcar a Charlotte:

- ¿Bueno? - preguntó la chica.

- Soy yo... Alex... Disculpa por tardar tanto en llamarte, pero es que Rupert vino con un plan para el fin de semana y pues... Ahora tengo una camioneta nueva - el chico hizo sonar las llaves en el auricular del teléfono

- ¿Qué? ¿Compraste un auto así de la nada? En serio me preocupan tus decisiones apresuradas. Espero no ser una de ellas.

- Ten por seguro que no lo eres linda.

- Eso espero... Por cierto, estoy lista para bailar samba en Brasil, Stella me está enseñando unos pasos que parecen de infarto.

- ¡Cierto! - dijo Alex dándose una palmada en la frente, olvidando que viajaría a otro continente - hablaré con Rose para que te llame de nuevo y firmen un contrato temporal.

- ¿Y dejar al primer ministro sin asistente de nuevo?

- El no te ama como yo - dijo el chico.

- Entiendo... ¿En que consisten tus planes con George y Rupert? Además de embriagarse claro.

- Al parecer nos conoces más de lo que pensamos

- Exacto...

- Pues bien, Rupert dijo que rentaría una cabaña por dos días, así que no tengo ni maldita idea de lo que serán las siguientes 48 horas.

- Espero que se diviertan...

- Con Rupert ebrio eso es seguro - dijo Alex abriendo la caja y dándose cuenta de la montaña de papeles que tenía que leer para aprobar o desechar en la siguiente edición - ¿Sabes? tengo que colgar, muchos artículos se juntaron para la siguiente edición.

-  Entiendo... Te amo lindo.

- Te amo Cherry - dijo él, antes de terminar la llamada. Al instante se puso a leer artículos de todo tipo, y es que si en realidad quería saber la opinión de sus dos mejores amigos tenía que estar preparado para lo que fuese... Ya sea una plática seria o burlas de su parte.