XXVIII - Cena en el Tom Aikens





El silencio anormal a su alrededor lo había despertado antes de que quisiera, tomó unos cuantos artículos para la próxima edición de la revista y salió hacia las escaleras de la cabaña, no sin antes divertirse un rato.
- ¿Que haces despierto a esta hora? - preguntó George, arreglándose el enredado cabello.

- Recordé que tengo un trabajo - dijo él, mostrando un montón de hojas - y tengo que elegir reportajes y artículos para la revista. nada del otro mundo.


- ¿Puedo ver? - tomó algunas hojas que había en el piso y las leyó, cuando de repente un grito dentro de la cabaña rasgó el silencio.

- ¿Quién demonios fue? -  gritaba Rupert desde el interior - ¿Quién fue el imbécil?

Alex y George intercambiaron miradas de duda al ver que Rupert salía furioso de la cabaña.

- Me encontré este pequeño obsequio dentro de mi bota - de su mano colgaba de la cola una ardilla muerta - ¿Se puede saber quién fue el cómico? - preguntó furioso, arrojando el cadáver hacia unos árboles.

- ¿Que te hace pensar que fuimos nosotros? - preguntó George muerto de risa.

- Exacto, quizá entró por la noche y se asfixió allí dentro - dijo Alex.

- Ja, Ja, Ja - dijo Rupert sarcásticamente, haciéndoles una seña obscena con la mano y volviendo dentro de la cabaña para ponerse la bota que le faltaba.

- Cuida ese dedo - dijo Alex - no es muy apropiado mostrarlo a un editor en jefe, quizá no puedas aparecer en portada nunca más. - Rupert lo ignoró y entró dando un portazo.

- ¿Fuiste tú? - preguntó George en un susurro.

- Me debía varias - respondió Alex, con una sonrisa en el rostro - ¿Vamos por leña para la fogata? Rupert está tan enojado que podría terminar con medio bosque.

Después de una ardua tarea cortando madera y sudando como cerdos, volvieron con los brazos cargados de madera a la cabaña, donde Rupert leía los artículos que Alex había descartado antes de arrojarlos a la chimenea.

- ¿Que comeremos hoy? ¿Más atún? - preguntó el pelirrojo, tirado en el sofá polvoriento.

- Me temo que sí - respondió George - no tenemos en que cocinar las sardinas, en el remoto e imposible caso de pescar alguna.

- Atún será - dijo, resignándose - ya qué.

- Volveremos ésta tarde, así que podemos hartarnos de atún un poco más.

- Y no negarán que mi alacena nos salvó la vida... De lo contrario estaríamos peleando por esa ardilla  - dijo Alex, tomando más artículos por leer y guardando los seleccionados para la revista. - ¿Vamos afuera? Está haciendo mucho calor aquí.

Salieron y se sentaron a la orilla del muelle, Rupert recuperaba la movilidad del brazo y George trataba de pescar algo (al menos por mera diversión), Alex leía los artículos y los separaba: si le gustaban los sujetaba con una piedra para que el viento no los esparciera y los que no eran seleccionados los arrugaba y los arrojaba a una orilla para alimentar el fuego con ellos después.

Al ver que Alex fruncía el ceño leyendo un artículo, Rupert lo tomó después de que éste lo arrojara con fuerza y desprecio al montón de los rechazados. Al terminar de leerlo e incorporarse le preguntó:

- Éste artículo es muy bueno, no sé porque lo rechazas.

- No me gusta como ese tal... - dijo Alex, arrebatándole las hojas a Rupert de la mano y buscando el nombre del autor - Patrick Huntington se expresa de George.

El músico se giró rápidamente hacia ellos, tomó el artículo que Alex trataba de romper pero logró recuperarlo. Tras un silencio un poco incómodo para Alex, George le devolvió el documento y dijo:

- No veo nada de malo en él, de hecho esa fotografía mía es genial, me hace ver más delgado.

- Lo siento pero no será publicada - dijo Alex, haciendo trocitos los pedazos de papel - eres más que un simple ex-novio.

- ¿Qué? - preguntó George confundido, mientras Rupert trataba de asimilar las cosas.

- "... El ex-novio de Emma Watson hizo acto de presencia en la pasarela de la apertura de la boutique Esprit, junto con su nueva conquista: la modelo Cara Delevingne..." - leyó Alex, evitando la mirada del ojiazul - Eres mucho más que un ex-novio, George: eres un excelente músico, un grandioso modelo y espero que un magnífico diseñador de gafas de sol.

Hubo un momento de tensión en donde nadie sabía hacia donde mirar o que decir. Rupert se levantó y comenzó a quitarse la camisa y sacarse los zapatos.

- Tengo calor ¿Ustedes no? - Cuando estuvo en ropa interior se arrojó al lago nadando hacia el centro del mismo - ¿No vienen? Eso de que me coman las pirañas a mí solo no me agrada mucho.

- Estás demente - dijo Alex, quitándose los zapatos y el pantalón para acompañar al pelirrojo - ¿no vienes Rock-Star?

- No me queda de otra - George se puso de pie quitándose la camisa y se lanzó al agua en ropa interior, al igual que Alex.

- Hagamos algo - dijo Rupert, apartándose el cabello húmedo de la cara - el último que nade hacia el otro lado del lago y regrese al muelle paga la cena ¿Les parece?

- ¿Que tal una cita triple? - Sugirió Alex - nosotros, nuestras chicas y el restaurante de Tom Aikens ¿Aceptan?

- ¿Y podrás pagar una cena ahí, Davis? -

- No sí eres el último el llegar - respondió Alex con una mirada retadora - ¿Listos?

- Listo - dijo Rupert, preparado para nadar.

- Listo - contestó George, echando hacia atrás su melena mojada.

- Bien... En sus marcas, listos ¡Fuera! - los tres chicos comenzaron a nadar rápidamente hacia la orilla opuesta del lago, Alex iba por delante de los dos cuando sintió unas brazadas a su costado: George lograba adelantarlo acercándose rápidamente al muelle, seguido de él llegó Alex y por último Rupert, quién exigía la revancha.

- Nada de eso amigo - dijo Alex, ayudando al pelirrojo a subir al muelle - tendrás que vaciar todas tus tarjetas para la cena de hoy.

Después de vestirse nuevamente (y prestar a Rupert ropa interior seca) empacaron enseguida todas sus cosas y cargaron la camioneta, desayunaron unas cuantas latas más de atún y volvieron al camino fangoso de vuelta a la ciudad. En el trayecto Rupert volvió a parar en la gasolinera, lo cuál Alex aprovechó para hacer una llamada.

- ¿Bueno?

- Buen día linda - saludó Alex - ¿La chica Chanel ya está fuera de la cama?

- Desde hace horas - contestó ella, reconociendo la voz de su novio - ¿El diseñador está disfrutando su tiempo libre para inspirarse?

- Me inspiré demasiado, mucho diría yo - respondió - además Rupert tuvo la gentileza de invitarnos a una cena esta noche - dijo Alex, mirando que el chico le devolvía una mirada de odio mientras llenaba el tanque de gasolina - iremos George, Rupert y yo con nuestras respectivas chicas, así que espero verte hoy.

- Por supuesto, así podré conocer al pelirrojo que apareció en portada junto con mi chico.

- Quizá pueda presentarte a Rupert - dijo Alex en voz alta para que éste escuchara - aunque no es tan interesante ni atractivo como dicen que es... de hecho creo que es gay.

- Bien, entonces esperaré esta noche para hacer mis propias conjeturas - dijo la chica despidiéndose - hasta luego.

- El hecho de decir que soy gay delante de tu chica no te hace más hombre, ¿Sabes? - comentó Rupert muy enojado.

- Lo sé - contestó Alex - Pero eso no lo hace menos divertido - Rupert volvió al volante con una cara de odio y tomó la carretera de nuevo - George, ¿Quiere llamar a Cara para la cena de hoy? - preguntó Alex, extendiéndole su teléfono celular hasta el asiento trasero, el chico lo tomó y marcó a la modelo, confirmando  que asistiría. - Rupert, quizá quieras invitar a Karen a la cena que nos debes - dijo Alex en tono burlón.

- Estoy conduciendo, idiota - respondió él, aún ofendido por el comentario de su homosexualidad.

- Vamos Rupert, sólo era una broma, si en realidad fueras gay hubieras amanecido en la cama con George, ahora marca al teléfono de tu chica y confirma ¿Quieres? - Rupert de mala gana tomó el celular y se lo dio de nuevo a Alex, el activó el altavoz y la voz de Karen se escuchó dentro del vehículo.

- ¿Quién habla? - preguntó la chica al contestar al teléfono.

- Hola Karen... soy Rupert, desde el teléfono de un amigo - dijo Rupert, poniéndose rojo hasta la nariz - Llamo para saber si quieres ir conmigo y mis amigos a una cena esta noche.

- ¿George y Davis? - preguntó ella - ¡Claro! ¿Irá Cara?

- Sí, Alex llevará a su novia, de hecho -

- Perfecto - contestó ella - Nos vemos en la noche osito.

- Adíós linda - respondió Rupert, muerto de la pena.

- ¡Ahhh! El osito invitó a cenar a su novia... - se burló Alex, apretando una de las mejillas del pelirrojo.

- Rupert está tan pachoncito que dan ganas de abrazarlo como botarga de centro comercial. - dijo George.

- ¡Ya cállense! Es un apodo que ella me puso... Obvio no me gusta.

- Pues es muy cursi, he de decir - dijo Alex - ¿Y cómo la llamas a ella? ¿"Mielesita"?

- ¡Bien búrlense! Malditos bastardos... -

Todo el trayecto hacia la casa de Alex permanecieron en silencio, más por que Rupert no se echara para atrás que por respeto al mismo. Al llegar a casa, bajaron todo de la camioneta y entraron a la casa, se tiraron en los sillones y pensaron que no habría mejor comodidad que aquella.

- ¿Puedo usar tu ducha y ponerme algo de tu ropa? - preguntó George.

- ¡Claro! Y si gustas puedes dormir en mi cama - respondió sarcásticamente - si encuentras algo talla XL puedes quedártelo. El baño está arriba a la izquierda.

George subió las escaleras pesadamente, mientras a Rupert le costaba ponerse en pie.

- Yo voy a mi casa, tomo un baño y regreso - dijo, caminando hacia la puerta - Si yo fuera tú lavaría la camioneta - sugirió al ver el vehículo lleno de barro.

- Gracias amigo - dijo Alex, dándole las llaves de nuevo que le había entregado en la sala - puedes pasar al autolavado cuando regreses - dijo Alex, acompañándolo a la puerta.

- ¿Y que te hace pensar que haré eso?

- ¡Vamos! eres mi amigo ¿Puedo contar contigo?

- Ya que - Dijo Rupert, extendiendo la mano para tomar las llaves.

- Gracias.. y lamento lo de la ardilla en tu bota, no pude contenerme.

- No hay problema... Algún día será mi turno para vengarme.

- Sí, como sea... Hasta luego.

Alex vio como se alejaba en su camioneta y entró de nuevo a casa. Los artículos seleccionados para su revista los colocó en una mesa de su habitación cuando vio que George entraba en ella envuelto en una toalla.

- A Rupert esto le pareció una obscenidad, pero tú me entiendes mejor, así que espero que reacciones diferente - Alex abrió las puertas de su armario, jaló a George hacia a adentro y al pedir su opinión no obtuvo una respuesta inmediata:

- Es... es más grande que mi habitación entera... - dijo asombrado - Burberry, Tom Ford... todo lo hecho en Londres está aquí... English Laundry... adoro esta marca... -  se acercó a una esquina del lugar y miró cientos de pares de zapatos que había expuestos en la pared. - ¡POR DIOS! ¡Dejaste a media Ingleterra descalza!

- No es para tanto - dijo él, buscando algo de la talla de George - ¿Que serán? ¿Unos 200 pares?

- Estás loco... En verdad eres un demente - George tomó unos botines de gamuza y unas botas altas de piel.

- Esas nunca las usé - dijo Alex - Ponte esto, quizá te quede... porque a mí me viene enorme. Algún día contrataré a un sastre para que modifique todo y no tener que prestarte nada ni a ti ni a Rupert.

- Que gentileza, tomaré tu ropa interior, espero que no se rompa con mi gran trasero.

- No hay problema, no te molestes en regresarlos.

Después de que George se vistiera y Alex tomara un baño, Rupert llegó con la camioneta reluciente y una caja de cervezas.

- ¿Habrá un día en el que puedas vivir sin alcohol? - preguntó Alex, poniéndose la camisa.

- Cuando muera... y para entonces quiero que brinden por eso - dijo, extendiéndole una botella a Alex, que abrió con los dientes.

- Son apenas las siete - dijo George - ¿Que haremos en dos horas?

- Dormir - sugirió Rupert, acostándose en el sillón más grande de la sala -

- ¿Que les parece si permanecemos en silencio? - dijo Alex, sentándose frente a Rupert, a un lado de George.

- Ella me dice "osito" porque soy abrazable ¿Listo? - dijo Rupert de la nada, después de un considerable tiempo de silencio, su brazo colgante tomaba la botella a centímetros del suelo  - y  me gusta que me llame así.

- El oso es algo... varonil - dijo George, para no hacer enojar a Rupert.

- Es salvaje, creo. - apuntó Alex.

- Gracias - respondió - Pasaré por Karen dentro de 15 minutos - dijo, mirando su reloj - Davis, préstame una corbata y pasemos por la rubia de George, nos veremos aquí y saldremos al restaurante.

Rupert eligió una corbata negra de la infinidad que Alex le ofrecía y dejó que el chico se la anudara al cuello, ambos salieron en el auto de Rupert y por primera vez Alex era piloto de su auto. Sentía esa sensación que Rupert emanaba cuando conducía hacia el Club Lad su Audi. Ese rugir del motor se conectaba a través del volante a cada nervio de su cuerpo. La sensación de surfear el tráfico de Londres era única. Al llegar al edificio donde vivía Charlotte subió las escaleras y llamó a la puerta.

- ¡Charlotte, tu príncipe llegó! - gritó Stella, reconociéndolo  y saludando al chico con un beso en la mejilla - ¿Van a casarse o algo así? ¿O que es tan importante para que vayan tan elegantes?

- Una cena en el Tom Aikens - contestó Alex, permaneciendo de pie en el centro de la desarreglada sala - Rupert nos invitó a Charlotte y a mí a una cena.

- ¿Rupert? - preguntó ella, sin tener idea de quién se trataba

- Actor... pelirrojo... intento fallido de modelo... - explicó Alex.

- No, no lo sé. - dijo ella, invitando al chico a tomar asiento - ¿Sólo ustedes cuatro?

- Irá también George Craig, y Cara, su novia.

- ¡Ay por Dios! - Stella se puso de pie repentinamente y caminó hasta la puerta de la habitación de Charlotte - ¿¡Porque no me dijiste que conocías a George Craig!? - preguntó - ¡Es uno de mis cantantes favoritos y tú no dices nada! - regresó algo enojada al sillón frente al chico - Lo siento... Pero creo que la mejor amiga que tengo no resultó serlo tanto.

- Ehh... De hecho sólo lo vimos en una fiesta en Milán, en realidad ella no conoce...

- ¿¡ESTUVISTE EN UNA FIESTA CON GEORGE CRAIG Y NO ME DIJISTE!? - Alex notó que había empeorado las cosas, así que trató de arreglar las cosas:

- Ehh.. de hecho, él se iba cuando nosotros llegamos, así que sólo escuchamos que estuvo ahí... sólo lo conozco por la portada que hicimos juntos... Nada más.

Al parecer la chica pareció tragarse la mentira, pues cuando Charlotte salió vestida elegantemente, no tenía ese instinto asesino en los ojos que brillaba minutos antes.

- Hola amor - Charlotte se acercó a Alex y lo besó en los labios prolongadamente - ¿Nos vamos? - preguntó, antes de que su amiga se le fuera a golpes.

- Adiós Stella - se despidió Alex.

- Pórtense mal - dijo ella - ¡Hasta luego!

- Te ves muy linda - dijo él, ofreciéndole su brazo para bajar las escaleras.

- Gracias, al saber que iba a cenar al lado de Karen y Cara, corrí a comprar algo elegante, el Chanel es mi tesoro y estará bajo llave.

- Bien por ti... Creo - dijo Alex, abriendo la puerta principal del edificio para que salieran a la calle.

- ¿Así que éste es tu vehículo nuevo? - preguntó Charlotte, mirando cada centímetro de la camioneta - Es perfecto para ti, nunca pensé que serías de esos que manejaran autos deportivos en colores llamativos. Son ridículos.

- Ojalá y Rupert pensara lo mismo - dijo él, abriendo la puerta para que la chica subiera.

- ¿Iremos directamente al restaurante? - preguntó ella, poniéndose cómoda.

- No, esperaremos a los demás en mi casa.

- ¡Vaya! Por fin podré conocer tu mansión.

- No es tan grande como crees - dijo él - en realidad es pequeña, algo simple.

Cuando Alex se estacionó frente a su hogar, la chica no pudo evitar una cara de asombro, al entrar a la sala no pudo evitar sentir que estaba en un palacio tras compartir más de un año un departamento pequeño con una amiga.

- Todo nuestro departamento cabe en tu sala - dijo ella asombrada, mirando y tratando de grabar en su mente hasta el mínimo detalle - no te puedes quejar.

- Y no lo hago - se le acercó por la espalda y la abrazó besando su mejilla - y mucho menos ahora.

Charlotte se había girado quedando frente a él, cuando llamaron a la puerta, al abrir, vio que Alex tomaba de la mano a Karen y George ayudaba a bajar del auto deportivo a Cara, cordialmente los invitó a pasar y presentó a todos:

- Daivs ella es Cara Delvingne - dijo George, presentando a su chica con Alex.

- Sé de sobre quién es, George - dijo el chico - la mejor modelo que ha visto Burberry en años.

- Muchas gracias - contestó ella, sonrojándose levemente por el comentario.

- Por cierto, ella es Charlotte McDonald, mi novia - dijo Alex, y su chica saludó ala de George con un beso en cada mejilla.

- Te vi en la fiesta de Burberry, en Milán - dijo Charlotte - pero no tuve el placer de charlar contigo aquella ocasión.

- Supongo que Karen y Davis ya se conocen - dijo Rupert, interrumpiendo abruptamente para no quedarse atrás en cuanto a los halagos.

- ¿Cómo olvidar a la primera chica Vogue? - preguntó Alex, saludando a Karen - Ya conocías a Charlotte ¿Cierto? Entonces supongo que Rupert es el único que no tiene el placer de conocer a mi chica.

- Es un verdadero placer - Rupert besó a la chica en la mejilla y ella respondió:

- El placer es enteramente mío.

- ¿Nos vamos? - preguntó George - para ser sinceros, tengo un poco de hambre.

Todos se dirigieron hacia la puerta de la entrada, los chicos haciendo alardes de caballerosidad para que salieran primero las damas y fuera de la casa acordaron que Rupert y Karen fueran por delante en el vehículo del chico, y George y Cara junto con Charlotte y Alex en la camioneta de éste último.

Cuando llegaron al restaurante, dejaron sus automóviles al encargado del ballet parking, Rupert se acercó pidiendo una mesa para seis con una reservación a su nombre, los condujeron por un salón sumamente elegante donde una suave música de piano llegaba a todos los rincones de la estancia, los chicos recorrieron las sillas de las chicas como alarde de caballerosidad y cada uno quedó sentado a la izquierda de su respectiva cita.

- ¿Habían venido a este sitio anteriormente? - preguntó Rupert generalmente, con una voz sumamente conservadora que sorprendió a sus dos amigos.

- Una sola vez - dijo Karen - como parte de cortesía de Burberry, ¿Recuerdas George? A los que participamos en Burberry Acoustic nos brindaron una cena de agradecimiento.

- Cierto - dijo el chico, esperando gentilmente a que la chica terminara de hablar - no ha cambiado mucho desde entonces.

- Dinos Charlotte - dijo Cara, dirigiéndose a la chica de Alex - ¿Cómo conociste a Davis?

- En la semana de la moda de Milán - respondió ella con toda naturalidad.

- ¡Vaya! ¿Entonces también eres modelo? - preguntó

- No... De hecho... Newhouse me contrató como su asistente y... me rendí a sus encantos.

- Woow - dijo Karen - Entonces... ustedes dos... ¿Su asistente?

- Sí - respondió Alex - De hecho el primero en saberlo fue George - el aludido noto que los demás le dirigían  una mirada de sorpresa.

- ¿Les parece si ordenamos? - sugirió Rupert y Alex y George le dirigieron una mirada de agradecimiento de sacarlos de tal apuro.

Cuando sirvieron la cena, fueron las chicas las que más charlaban: intercambiaban impresiones de la pasada semana de la moda y ellos sólo se encargaban de asentir ante cualquier pregunta de su pareja que requiriera un gesto afirmativo.

-... de hecho saldremos a Brasil este lunes - dijo Charlotte, sintiéndose en confianza con una topmodel y una cantante de rock británico - después a México y la Fashion Night Out en New York.

- Entiendo - dijo Cara - desde entonces los eventos de moda saldrán de todas partes y no sabremos a cuál asistir de tanta invitación.

- Exacto, pero George se abrirá un espacio para los British Fashion Awards - dijo Karen - Burberry es el primero en llamar a su banda para la fiesta... De hecho podría resultar hasta nominado por la línea de lentes que diseñó junto con Bailey.

- ¿George colaboró con Bailey? - preguntó Charlotte, dejando a medio camino el trago de su copa - Alex tuvo que viajar a París para colaborar con Lagerfeld - dijo ella, como si fuera algo tan normal.

- ¡¿Lagerfeld?! - preguntó Cara emocionada - por Dios... Lagerfeld es... como un Dios entre mortales, es lo máximo en el mundo de la moda.

- Lo sé - contestó ella - me sentí realmente halagada cuando me pidió que apareciera en el spot.

- ¡Por Dios! ¿En un spot de Chanel? - preguntó Cara sorprendida - Me dijiste que no eras una modelo...

- Y no lo soy... acompañé a Alex y Lagerlfed, así de la nada me pidió que apareciera en el spot y... aparecí.

- Al parecer todos hemos tenido méritos frente a una cámara - interrumpió Alex, notando que la plática se tornaba monótona - y brindo por ello - juntos alzaron sus copas que tintinearon al centro de la mesa.

- Disculpen, tengo que ir al tocador - dijo Cara.

- Vamos contigo - dijo Karen, mirando a Charlotte que asintió, dejando claro que iría con ellas. Los chicos como gesto de caballerosidad se pusieron de pie igual que ellas y cuando se perdieron en el otro lado del salón, Rupert susurró:

- Esta cena me costará un ojo de la cara y está de lo más aburrida.

- Lo sé... Pero no fue mi idea venir a este lugar, yo con una hamburguesa soy feliz.

- Sólo es una noche - dijo Alex, al ver que Rupert lo miraba con odio - lo siento Rupert, pero ellas tomaron el rumbo de la plática.

- Y yo quedo como un tonto, gracias por recordarlo.

- Deja todo en nuestras manos - dijo Rupert, al ver que las chicas regresaban a lo lejos - serás el héroe de la noche.

Las chicas regresaron y ellos las ayudaron a tomar asiento de nuevo.

- Estábamos charlando acerca del pequeño campamento que tuvimos desde ayer - dijo George, mirando a Alex para que le siguiera la corriente.

- Exacto... de hecho Rupert nos salvó la vida, sus dotes de pescador hicieron que comiéramos sardina fresca y no atún enlatado.

- De hecho lo pudo hacer con un brazo herido... - dijo Alex, dándole un tono de suspenso y gravedad al asunto.

- ¿Te lastimaste? - Preguntó Karen alarmada, tomando de un brazo a Rupert para saber si estaba bien.

- Fue una pequeña cortada en el bosque no fue nada de grave...

- No seas modesto Rupert, fue una cortada considerable - dijo Alex - tuvimos que  rociarle alcohol directamente a la herida para que dejara sangrar.

- Y no se quejó ni un momento.

- ¿Es cierto eso, Rupert? - preguntó Karen, mirando al chico como si se tratara de un superheroe que la terminara de rescatar de un edificio en llamas,

- Bueno... sí - contestó él - pero mi brazo ya está mejor.

La chica tomó entre sus manos la cara de Rupert y lo besó, una visión que a todos (pero más a Cara que a nadie) parecía inapropiada en ese momento.

- Wow. - dijo Rupert, después de morderse los labios - ¡Mesero, la cuenta por favor!

Cuando Rupert ya hubo pagado la cuenta, salieron de nuevo a la calle, les entregaron sus vehículos y decidieron cada uno emprender su propio camino.

- Fue un verdadero placer verlas de nuevo - dijo Alex, despidiéndose con un abrazo de ambas.

- Espero verlas pronto - dijo George, despidiéndose de Karen y Charlotte.

Después de varios halagos lograron despedirse, Rupert llevaría a George y a Cara a su casa y después dejaría a Karen en su departamento.

- ¿Quieres que te lleve a tu departamento, o quieres hacer alguna parada nocturna antes? - preguntó el chico a la rubia

- Quisiera descansar un poco - contestó - ¿Que tal tu casa?

- ¿Mi casa? ¿No habrá problema si Stella nota que no llegas esta noche?

- Ninguno - dijo ella - Así como no tengo inconveniente en que meta hombres que conoce esa misma noche.

Llegaron a la casa del chico y ella se quitó los zapatos en el pasillo de la entrada.

- ¿Me ayudas? - preguntó ella, apartándose en cabello de la espalda para que le bajara el zipper del vestido.

El chico se acercó por detrás, deslizó sus dedos por la espalda de la chica y el vestido cayó al piso, la chica en ropa interior rodeó el cuello de Alex con sus brazos y lo besaba apasionadamente, el chico cayó de espaldas a un sillón y Charlotte estaba encima de él, con sus manos alrededor de su rostro.

Comenzó a desabotonar su camisa hasta llegar al cinturón que ágilmente desabrochó y arrojó al piso, comenzó a bajar el cierre sintiendo las pulsaciones cardíacas del chico y la erección dentro de sus pantalones cuando el teléfono sonó.

Ambos se quedaron congelados en ese momento, la noción del tiempo y del espacio desaparecieron unos segundos antes de que los devolvieran duramente a la realidad.

- Lo siento... tengo que... voy a... - Alex se aproximó al  teléfono y respondió - ¿Sí?

- Señor Davis, lamento molestarlo en un día libre para usted y a esta hora, pero el Señor Newhouse quiere verlo mañana a primera hora en la oficina.

- ¿Sabes para qué? - preguntó el chico.

- Creo que es algo relacionado a su gira en América, su horario de actividades y demás.

- Bien... Gracias Rose, nos vemos mañana.

- ¿Pasó algo? - preguntó Charlotte, poniéndose el vestido de nuevo, algo apenada.

- Newhouse me quiere ver mañana para lo de América - respondió él, tirándose en el sillón, y la chica notó que se le notaba un semblante cansado.

- Creo que será mejor que me vaya - dijo ella, tomando su bolsa, y dirigiéndose a la puerta.

- Te llevaré - dijo él - es muy tarde para que tomes un taxi.

- No, estaré bien, quédate y descansa, será una semana difícil para ti.

- Insisto - dijo él, tomando las llaves de la camioneta y abriendo la puerta de la casa.

Cuando convenció a Charlotte, notó que lo miraba diferente y todo el camino evitó mirarla a los ojos.

- Sé que tienes muchas responsabilidades, y en verdad agradezco que me hayas traído, aunque no fuera necesario.

- No es nada - dijo él, esperando a que entrara a su departamento - Siento que Rose... pues... ya sabes.

- No hay problema, tendremos tiempo... Lo tendremos - se acercó al chico y lo besó en la mejilla - Hasta luego amor.

La chica cerró la puerta tras de sí dejando a Alex con el calor de sus labios en la mejilla, conducía a toda velocidad de vuelta a casa maldiciendo tener un trabajo tan absorbente como aquél, que le impidió descubrir si en realidad sentía amor por su chica o sólo atracción sexual.