XXX - Río Fashion Week





NOTA: Éste capítulo maneja contenido erótico apto sólo para mayores de edad, si cumples la mayoría de edad en tu país puedes continuar leyendo. Si no es así, pasa al capítulo siguiente.

Un Londres con cielo color grisáceo fundido con un azul tinta se imponía ante él, un taxi los transportaba a él y a Charlotte al aeropuerto internacional para tomar un vuelo que despegaría a las 5 a.m. en punto y duraría 12 horas en el aire, ambos luchaban por dar pasos sin flaquear y mantener los ojos abiertos.

- ¿Qué te parece si dormimos todo el vuelo y... - la chica bostezó abiertamente, tomando su asiento en el lado del pasillo en el avión - al llegar dormimos un poco más?

- Me parece perfecto - dijo él, poniéndose cómodo en su lado de la ventanilla.

Charlotte recargada su cabeza en el hombro de Alex cuando éste se sobresaltó de repente, una azafata se percató de su sobresalto y le preguntó:

- ¿Todo bien señor?

- Sí - contestó él - ¿Podría pasarme una bolsa negra? Por favor.

La trabajadora abrió el compartimiento del equipaje y le entregó una bolsa estampada a cuadros hecha en piel.

- Gracias - dijo Alex, sacando de la bolsa su computadora portátil.

- Disculpe señor, pero es este avión no puede conectarse a Internet.

- No me conectaré a Internet - dijo él, ignorando a la señorita - necesito escribir un discurso para esta noche en Río de Janeiro.

La sobrecargo se alejó algo enojada y Alex comenzó a escribir, pasaron alrededor de 3 horas hasta que la batería de su computadora se descargó por completo, así que no le quedó de otra más que dormir el resto del vuelo.

Al aterrizar, la misma sobrecargo que lo reprendió tuvo que despertarlo moviéndolo bruscamente del hombro por encima de la cabeza de Charlotte.

- Señor... Hemos aterrizado ya - comentó ella, algo desesperada.

- ¿Eh? - preguntó Alex, abriendo los ojos y notando el cuerpo dormido de Charlotte junto al suyo. - Disculpe... yo... bueno nosotros... olvídelo.

Alex ayudó a Charlotte a bajar del avión y un fuerte sol casi les quema la retina, a diferencia de Londres en Brasil el clima era extremadamente caluroso para ellos: Alex se despojó de su blazer, se desabotonó la camisa y ayudó a Charlotte con sus maletas.

Después de comunicarse con un encargado del aeropuerto de Río (que hablaba un inglés muy cortado) un taxi llegó por ellos para llevarlos al Royal Rio Palace Hotel, en donde en todas las habitaciones se respiraba ese aire tropical del Caribe.

- ¿Dormimos? - preguntó Charlotte.

- ¿A que hora son los desfiles de la semana de la moda en Río? - 

- Contando que aquí son cuatro horas menos que en Londres por el uso horario, así que... - Charlotte susurraba para sí, tirada en la cama con los ojos cerrados - ... en dos horas.

- Perfecto - dijo Alex, quitándose los zapatos y tirándose al lado de la chica, abrazándola por la cintura - Tenemos algo de tiempo - el chico hundió su cara en el cabello de la chica y se dejó adormilar por su fragancia. 

En lo más profundo de su sueño Alex escuchó una alarma amortiguada, notó que el cuerpo de Charlotte se movía debajo de sus brazos y abandonaba la cama.

- Alex... levántate - le decía ella, jalándolo de los pies hasta el piso.

- ¿Que pasó? - preguntó él, al caer al suelo.

- Tienes que ducharte, el desfile de Reinaldo Lourenco será en media hora.

- ¿Estamos en tu habitación o la mía? - preguntó él, poniéndose de pie y quitándose la ropa rápidamente para meterse a la ducha.

- No lo sé - la chica salió al pasillo y notó que el número de la habitación correspondía al de Alex - es la tuya.

- Bien, entonces duchémonos juntos - propuso él quitándose la ropa interior y entrando a la regadera.

Alex escuchó que la chica salió de la habitación cerrando la puerta, a lo cuál no le dio mucha importancia debido a que tenían el tiempo muy limitado, al salir al pasillo con prenda cómoda y fresca se encontró con la chica, que vestía con prendas cortas y telas en transparencias.

- Te ves bien - dijo él - mirándola de pies a cabeza mientras corrían hacia el elevador.

- Gracias - contestó ella - y disculpa que no me haya quedado, pero es más importante que cumplas con tus compromisos antes de tener sexo jabonoso en un hotel del caribe.

- ¡Sexo jabonoso! - exclamó él - como no se me ocurrió antes - tomó a Charlotte por la cintura acariciando  su espalda por debajo de la blusa.

- Estamos retrasados amor - dijo la chica - después de los compromisos de hoy podemos hacer lo que tú quieras.

- ¿Cualquier cosa? - preguntó él, con una mirada de perversidad.

- Excepto sexo jabonoso... es algo incómodo.

Saliendo del hotel tomaron un taxi y le explicaron al chofer su destino, que no entendía del todo debido a que no sabía inglés. Con unos cuantos minutos de retraso llegaron al centro de convenciones en donde se llevarían a cabo los únicos cuatro desfiles de la semana de la moda de Río de Janeiro a los que Alex fue invitado. A su llegada fue recibido por Reinaldo, quién le explicó que su trabajo para la revista en ese país era un icono de referencia en cuanto a las tendencias venidas de otro continente, y que cada vez más marcas y firmas europeas se fijaban en Brasil para la apertura de sus tiendas.

Después del desfile y una pequeña sesión de fotos en pasarela, esperaron a la presentación de Daniella Helayel, quién en su primera colección masculina ofreció a Alex la posibilidad de aparecer en su campaña primaveral. Por su parte Carla Cavendish se fijó más en Charlotte, quién dijo que de haberla visto antes, la hubiera seleccionado para que abriera su desfile, "pero hubieras necesitado algo de color..." dijo la diseñadora, "...un buen bronceado en las playas de Cobacabana no les sentarían mal a ambos" apuntó, fijándose en el color pálido de ambos. Tuvieron que esperar hasta dos horas para que el show de Lino Villaventura estuviera completo: un verdadero carnaval en la pasarela con trajes de baño y bailarinas con plumas y vestuario llamativo, durante ese lapso se dieron tiempo para conocer y admirar los paisajes que el país les ofrecía.

De regreso al hotel, el taxista no paraba de darles recomendaciones de bares y playas a las cuales asistir para vivir el ritmo nocturno de Brasilia, con sus carnavales de la temporada vacacional y los shows a la orilla del mar.

- ¿Quieres salir a algún lado? - preguntó Alex - Ése bar del que nos habló el taxista suena muy convincente - dijo él.

- Hace un calor infernal - dijo Charlotte, abriendo las cortinas de la habitación del chico y admirando la vista de la bahía que se extendía a cientos de metros debajo de ellos.

- Entonces bajemos a nadar - dijo él, despojándose de sus pantalones y camisa, buscando unas bermudas que compró de última hora en Londres.

- Me duele un poco la cabeza... Te acompaño si gustas, pero prefiero recostarme un rato. 

Alex tomó una toalla de la cama y salió con la chica tomados de la mano. El veía que ella se notaba algo cansada, le apartó el cabello que caía sobre su mejilla y la besó. Ella sólo sonreía tristemente con la mirada vacía que intercambiaba entre Alex y el camino que tenía en frente. 

- ¿Pasa algo? - preguntó él.

- Nada, todo perfecto, es que... simplemente no sé como procesar la felicidad de estar juntos.

- ¿Te sientes feliz?

- ¿Tú no?

- Sí, pero a mi manera. A lo que me refiero es a que... Bueno pues... Creo que yo tampoco sé como ser feliz. - dijo finalmente, dejándose caer en una de las sillas que había alrededor de la piscina semi vacía, debido a que caía la noche muy lentamente. Alex se arrojó a la piscina y nadaba alrededor de ella, notaba que Charlotte sólo miraba al cielo estrellado acostada en su silla sin moverse un centímetro. Alex salió de la piscina y se acercó al bar que había en la primera planta exterior del hotel, regresó con dos bebidas de colores llamativos y le entregó una a la chica.

- Si esto no te hace sentir mejor, al menos ambos tendremos dolor de cabeza - dijo Alex, sentándose en el piso junto a ella.

- ¿Que es? - preguntó

- No tengo idea, pero con alcohol, cualquier cosa es buena - respondió él, tomando un trago de su bebida y sintiendo un sabor dulce pero con fuerte sensación alcohólica.

La chica probó un poco y pareció agradarle, Alex juntó la silla de al lado junto con la chica y se acostó tomando su mano.

- El cielo de Brasil es muy bonito - dijo él - aunque sea el mismo que de Londres, sólo quería decir algo romántico.

- Y lo hiciste muy bien - dijo ella - para ser romántico, eres un excelente editor en jefe.

- Me halagas linda - contestó - ¿Quieres volver al hotel? Tengo que terminar el discurso para México y podemos continuar con el asunto pendiente que quedó relegado en la ducha - se acercó a ella y la besó en los labios, recargó su cabeza contra su pecho y contemplaba las largas y suaves piernas de la chica. Ella acariciaba el cabello de Alex cuando dijo que quería volver a la habitación. Al entrar ella se tiró en la cama y Alex conectó su computadora portátil (sin que resultara electrocutado) y se sentó a trabajar, con sus lentes de montura cuadrada escribía con tanta agilidad que los dedos no se miraban de la rapidez con la que trabajaba, de vez en cuando hacía pausas para pensar en las que cerraba fuertemente sus ojos y volvía a escribir con prisa.

- Te ves tan sexy con ese semblante de... hombre de negocios - dijo Charlotte, acostada en la cama, apoyando su cabeza en sus brazos - Tan... concentrado en lo que haces, tu cabello corto... tu torso desnudo - Charlotte se levantó de la cama y caminaba hacia él de manera seductora - tu mirada penetrante, tus labios deliciosos - la chica se sentó en las piernas de Alex dándole la cara, sus manos recorrían el  abdomen del chico a la par que lo besaba con pasión, Charlotte interrumpió la sesión poniendo en los labios de Alex un dedo y jalándolo de los brazos hasta el balcón. 

- Te amo - susurró Alex al oído de la chica, que abrazaba por la cintura, sintiendo el suave contacto de la piel de su espalda con su torso desnudo - suena cursi en mí, pero es la verdad, no me preguntes como, ni porqué, pero no te dejaré ir tan fácilmente. 

- Eso fue romántico... no usaste la palabra "corazón", ni "alma"... Así que es perfecto para mí - la chica se acurrucó más en los brazos del chico mientras él acariciaba sus piernas... Charlotte se dio la vuelta y se abalanzó sobre él. Cuando notó el torso blanco y desnudo de Alex, se inclinó sobre él, quedando tendido en la cama y lo comenzó a besar lentamente desde el cuello hasta llegar a sus pezones, en los cuales se concentró más lamiendo y mordisqueando. 

En tanto, Alex se sumergía en el delirio del momento, y el placer que le producían las caricias de Charlotte. Sentía como un incendio total le invadía el cuerpo hasta enloquecerlo por completo. Se dio la vuelta hasta quedar sobre ella, busco primero sus labios, besándoles con ferviente deseo y llego hasta su oreja en donde comenzó a juguetear el lóbulo con su lengua, se deslizo por su cuello hasta que se topo con el cuello de la camisa de Charlotte. Se dispuso a desabrochar uno a uno los botones, mientras que pasaba de su oreja al cuello, consiguiendo un sinnúmero de gemidos por parte de Charlotte. 

Cuando hubo terminado de desabrochar el último botón, se detuvo un momento a observar los blancos senos que asomaban tras el sostén. Levanto la vista al no percibir ninguno de los gemidos a los que en esos minutos se había acostumbrado y se encontró con una cálida y jadeante sonrisa. Un permiso sin palabras. Un "adelante" sobreentendido. Ambos entendían que era lo que querían, y que estaban dispuestos a entregarse al deseo, sin pensar nada más. No habiendo nada más que esperar, el chico le desabrochó el sostén y comenzó a besar sus senos. 

Sin dejar de juguetear con los pechos de Charlotte, lamiendo y saboreando cada parte de ellos, Alex había llevado sus manos hasta las pantaletas de la chica. Empezó a acariciarla lentamente, sintiendo como sus manos temblaban un poco, escuchando los acelerados jadeos de Charlotte y como con las manos le mezclaba frenéticamente el cabello. 

Abandonó por un momento la labor de su boca y poniéndose de pie, desprendió por completo la prenda de la chica, dejando a la vista la totalidad de las piernas blancas y delgadas. 

En esos momentos Charlotte se sentía sumamente excitada, se levantó lentamente, quedando hincada sobre la cama y se acercó coquetamente hasta Alex, buscando sus labios para devorarlos sin compasión. Lo tiró sobre la cama y sin dejar de besarlo, comenzó a juguetear con el botón de las bermudas del chico. Lo abría y lo cerraba, notando como Alex aguantaba la respiración. 

Por fin, dejo las bermudas abiertas e introdujo su mano para hurgar suave y lentamente el bulto sobresaliente de Alex, quien emitía sonoros gemidos que se entremezclaban con su boca. Abandonó sus labios un momento y terminó de quitarle la prenda, dejando a Alex solamente con los boxers que llevaba por dentro. 

El chico estaba llegando al límite del deseo y tomándola casi por sorpresa se abalanzó sobre ella. 

Cuando lo hubo hecho capturó los labios de ella entre los suyos y su mano derecha comenzó a descender rumbo a la parte más sensible del cuerpo de Charlotte. Llegó a los labios vaginales, en donde acaricio suavemente, abriéndose paso a un lugar más profundo. Para cuando le encontró notó como Charlotte se estremeció de pies a cabeza lanzando un sonoro gemido el cual ni sus besos pudieron callar, y eso lo excitó aún más. 

Se entretuvo un rato en esa parte importante, friccionando suavemente el clítoris de la chica, y luego notó como la mano de ella, que hacía unos momentos estaba entretenida acariciando delirantemente su espalda, bajaba con un poco de dificultad su bóxer, y comenzaba a acariciar su ya indomable erección. 

Charlotte acarició suavemente el rígido miembro de Alex sintiendo la forma y el largo de este, y por un momento sintió que no podía respirar debido a los desesperantes besos de Alex. 

El chico ya no aguantaba más, y no es que no disfrutara deleitarse con los suaves y cálidos pechos de Charlotte, ni tampoco tocando ese lugar que le provocaba a Charlotte un placer desesperante, sino que necesitaba el contacto culmine, necesitaba sentirse dentro de Charlotte. Desviando sus besos hacia el cuello de la chica, notó como ella inclinaba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos, con una expresión desfalleciente en su rostro debido el terrible placer que le provocaban sus caricias, y retirando lentamente la mano de Charlotte de su erecto miembro, lo guió cuidadosamente hasta la entrada de la chica. 

Cuando Charlotte notó que la mano de Alex abandonaba la caricia que le estaba haciendo enloquecer y acercaba su miembro hasta su sexo, sintió por un momento que se iba a morir de placer, y más aún cuando sintió que este estaba siendo introducido suave pero tan firmemente en su interior. 

- Alex... Alex... Alex... 

Fue lo único que su mente le hizo mencionar, mientras ambos estaban sumergidos en un sin número de vaivenes que los estaban haciendo llegar al éxtasis. Al principio fueron embestidas suaves y lentas, mientras Alex disfrutaba la sensación de penetrar a Charlotte por segunda vez, pero después el mismo deseo le hizo incrementar la velocidad de estas, enloqueciéndolo los jadeos y gemidos de la chica. 

Charlotte por su parte, buscó desesperada los labios de Alex, lamiendo, mordisqueando y succionando con deseo, mientras enlazaba sus piernas en la cintura de Alex, y recorriendo con sus manos toda la espalda. 

Alex hizo un verdadero esfuerzo para no terminar rápidamente, primero porque quería darle todo el placer posible a Charlotte y tampoco él quería terminar con ese deleite descomunal. 

Y fue entonces cuando sintió que Charlotte le clavó fuertemente las uñas en la espalda y enlazó más fuertemente sus piernas a su cintura. Había llegado al orgasmo. Sintió luego el cuerpo de la chica relajado y entonces él también llego al orgasmo. Sintió como todos sus fluidos se vertían en el interior del vientre de Charlotte, y como ésta todavía no había salido del éxtasis. 

Sin sacar su miembro todavía del interior de Charlotte, buscó sus labios para recordar de nuevo su sabor, y entre tanto se quedaron ahí, sin saber cuánto tiempo ha pasado, aún viviendo esa experiencia que los dos habían deseado desde su última excursión a París.

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Pues aunque no lo crean, sí me costó mucho escribir esa parte erótica (miren que soy pervertidillo, pero no tanto para andar plasmando mis fantasías a los ojos del mundo en mi blog) y más que nada era una necesidad de escribir que no todo en una relación son besitos en el cuello, también las uñas clavadas en la espalda y acariciar senos.