"...fueron captados a la salida de un exclusivo restaurante en la zona del Picadilly, ambos de 22 años comparten más que una carrera prometedora a una corta edad, sino que han decidido compartir la casa propiedad del editor en jefe de la revista de prestigio internacional..."
- ¿Y bien señor Davis? ¿Es esa la fama de la que tanto alardea? - preguntó Charlotte sarcásticamente - ¿Será que hoy llegue a mi trabajo sin tener que sacrificar mis pupilas por los flashes?
- No negarás que nos vemos geniales en la pantalla
- Y sería espectacular que no fuera con cámaras persiguiéndonos.
- Es parte de nuestra vida - se defendió el chico, siguiendo a la rubia que subía por las escaleras.
- No. Es parte de tu vida que ha invadido la mía
- ¡Bien! Si quieres que todo esto acabe sabes de sobra cuál es la solución a todo.
- ¿De qué hablas?
- Está claro: no quieres ser parte de esto... entonces no quieres ser parte de mí.
- Yo no dije eso... Yo sólo...
- Estás embarazada - la interrumpió Alex - dos meses más y todas las cámaras del mundo se volcarán a nosotros, cada programa de espectáculos sabrá nuestro nombre y cada paparazzi seguirá nuestros pasos.
- No pienso ocultar mi embarazo y atrincherarme en esta casa, si es o que insinúas.
- No pido que lo hagas - contestó el - sobreviví a dos semanas de desfiles en Europa, a un enfrentamiento con mi padre y una borrachera con Rupert, a comparación de eso, esto - dijo Alex, acariciando el vientre de la chica - será fácil - la besó y tomando el maletín de su cama se despidió - tengo que irme, los flashes esperan y el espectáculo debe continuar.
Alex sale rumbo al trabajo, evitando la mirada de los fotógrafos que aguardaban a la salida de su casa, igualmente que en el estacionamiento de Vogue como en días pasados. Al llegar al último piso Rose le notificó que Rupert lo esperaba en su oficina.
- He visto las noticias - dijo el pelirrojo, ante la llegada de Alex, que lo fulminaba con la mirada.
- ¡Vaya! ¿Ya eres grande para ver caricaturas?
- No seas imbécil, si ellos de san cuenta de que está embarazada, la prensa caerá sobre ustedes como buitres.
- Y lo aceptaremos, tendrá que hacerse público y estaremos listos para cuando sea el momento adecuado.
- Estás viviendo una vida muy apresurada ¿lo sabes?
- Si vienes a darme un sermón que ni siquiera mis padres me darían puedes largarte ahora Rupert.
Llamaron a la puerta y ambos se sobresaltaron, la voz de Rose se escuchó desde la puerta entreabierta que la recepcionista mantenía sin abrir por completo para no violar la privacidad de su jefe inmediato.
- Disculpe señor, pero el señor Lagerfeld está en la línea -
- Ay por Dios - Alex corrió hacia el teléfono, empujando a Rupert a su paso - Gracias Rose - la chica asintió con la cabeza y cerró la puerta de nuevo. - ¿Karl? - preguntó Alex, tomando asiento en su silla, mientras Rupert fingía no escuchar la conversación, mirando las fotografías colgadas en la pared - Sí claro... Esta misma tarde... Hasta luego.
- ¿Quién era? - preguntó Rupert, al escuchar que la llamada había terminado.
- Karl Lagerfeld - llevándose las manos a la cara en un gesto de estupefacción - quiere un modelo para la campaña de las gafas que diseñé para él.
- ¿Y? - preguntó Rupert, sin entender el punto en cuestión.
- Y el problema es que nunca puedes hacer esperar a Lagerfeld, si él pide las cosas las espera para un día antes. Ahora hazme un favor... y también a ti mismo y ponte a pensar en alguien con sensualidad francesa, que a la vez sea seductor pero con sencillez, carismático, elegante e inteligente. Necesito un chico Chanel en menos de dos horas.
- ¿La perfección hecha hombre? - inquirió Rupert.
- ¡Exacto! - exclamó Alex, agradeciendo que el chico pusiera a trabajar sus neuronas.
- ¿Qué tal yo? - sugirió Rupert, alzando los brazos para que su amigo lo apreciara mejor.
- Rupert... Si antes no eras de ayuda ahora eres un estorbo, y no tengo tiempo para tus bromas - Alex paseaba por la oficina como un león enjaulado, las exigencias de Lagerfeld eran tan específicas que no sabía por dónde empezar, se detuvo un momento en el estante detrás del escritorio y tomó el libro de las recetas londinenses que Christopher Bailey le hizo llegar, una nota en color rosa sobresalía por encima de las demás hojas y el rostro se le iluminó al instante, salió de la oficina y se dirigió a Rose:
- Comunícate con el departamento de relaciones públicas, hazlos que consigan a Alex Watson, si se está drogando bajo un puente o tomando clases en alguna universidad, sacalo de allí y mándalo directamente a la Mansión Chanel en en París.
- Entendido señor - Rose al instante se puso a teclear en la computadora y llamar por teléfono.
- ¿No tienes nada más que decir acerca de mi futuro? - preguntó a Rupert - No quiero quitarte tu tiempo, el cuál podrías perder en un gimnasio.
- Soy tu amigo y me preocupo por ti...
- A menos que vayas volando por Watson en donde quiera que esté, en verdad te lo agradecería, - lo interrumpió - Rupert, en verdad te agradezco todo lo que has hecho por mí desde que nos conocimos pero... - Alex trataba de encontrar las palabras adecuadas para no herir a Rupert - es una nueva faceta en mi vida, es un ciclo que quisiera vivir, discutir y planear con Charlotte, es parte de compartir una vida juntos.
- ¿Sabes? Siempre estaré allí para cuando lo necesites - dijo Rupert.
- Igual yo amigo - Alex palmeó el hombro de Rupert en señal de amistad cuando Rose los interrumpió de nuevo:
- Disculpe señor, llamé a relaciones públicas, quién llamó a la señorita Watson, quién llamó a su hermano, el cuál estará en París esta misma tarde.
- Excelente - murmuró el chico, asombrado del poder de la compañía en la que trabajaba.
- Sólo hay un pequeño detalle - agregó Rose, en un tono temeroso - le pedimos que lo hiciera como un favor personal a usted.
- ¿Quiere decir que estoy en deuda con Alex Watson?
- Ehh... no. Con Emma
- Comunícame con ella, por favor - ordenó, regresando a su escritorio y haciendo una señal para que Rupert hiciera lo mismo, minutos después el teléfono timbró y Alex contestó mediante el altavoz - Buen día señorita Watson.
- Buen día señor Davis - contestó la chica - tu asunto debió ser muy urgente como para influir con tu poder sobre mí y convencerlo.
- Conoces a Lagerfeld, tenía que actuar rápido, por cierto, tengo a alguien conmigo que quiere saludarte - le hizo una señal a Rupert para que hablara.
- Este... yo... hola Emma.
- ¿Rupert? - preguntó la chica, tras un silencio para reconocer la voz - hace tanto tiempo que no charlaba contigo.
- Ehh... Sí, es cierto ¿Cómo estás? - preguntó.
- Muy bien, tomándome un descanso para salir con Johnny esta noche - Alex notó que Rupert cambiaba su gesto de gentileza a uno de indiferencia, por lo que decidió terminar la conversación.
- Emma me tengo que ir, confío en Mario Testino, pero necesito ver las fotografías para la revista de este mes.
- Entiendo - contestó ella - ¡Hasta luego! ¡Adiós Rup! Fue un placer escucharte de nuevo.
- Igualmente - contestó el pelirrojo, con la mirada inexpresiva.
- Adiós Emma, te debo un gran favor.
- Lo recordaré, hasta luego.
Alex cortó la llamada y miró fijamente a su amigo.
- Sientes algo por ella, ¿Cierto?
- No seas tonto, somos amigos desde hace más de 10 años.
- Cuando menciono a Johnny...
- No creo que sea adecuado para ella...
- Y si tú lo eres... ¿Qué haces con Karen?
- Amo a Karen - dijo Rupert - Emma es una excelente amiga, sólo eso.
- Sabes que puedes contar conmigo.
- Pero no hay nada que contar... No por hoy, hasta luego... Y suerte con tu paternidad - dijo Rupert, saliendo de la oficina cerrando la puerta tras de sí.
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Uhh que el Rupert (¿?) Bueno como sea, elegí a Alex Watson para la campaña de Chanel por las razones que Alex Davis explicó: Francés, elegante, bla, bla.
En cuanto a la discusión entre los chicos (y la llamada a Emma) es un factor que utilizaré para conectarlo en capítulos siguientes (Esto no se convierte en Romione, no se emocionen)
