Una soleada
mañana filtraba los rayos de sol por la ventana de la cocina, se reflejaban en
la pulcra mesa del desayunador, dándole mayor luminosidad a la pequeña
estancia.
- Sé que es muy
pronto para hablar de esto pero... - dijo Charlotte, vacilante en sus
palabras - no quiero que pienses que trato de tomar el mando de la casa o algo
así... pero... el cuarto para visitas es la habitación más cercana a la muestra
y... bueno, sería la mejor para el bebé, y el ático podría ser la nueva
habitación de visitas.
Alex pensó en el
ático, esa habitación que muchas veces fue invisible para él, la puerta más
alejada del corredor y de su recámara, en donde estaban los pocos muebles que
se incluyeron cuando compró la casa: dos sillones y pequeñas mesas de madera se
amontonaban bajo una capa uniforme de polvo.
- No hay
problema - dijo el chico, terminando su cereal - podríamos comenzar esta
semana, si gustas, deshacernos de los muebles viejos y cambiar el cuarto de huéspedes
al ático.
- ¿En serio? -
preguntó la chica sorprendida, ante la facilidad con la que Alex parecía
resolver todo.
- ¿Por qué no?
Esos muebles inútiles sólo ocupan espacio - se levantó de la mesa, besó a
Charlotte y dijo: - me voy, habrá que darle a los fotógrafos su dosis diaria de
trabajo - y tal como lo profetizó, al salir de su casa diversos fotógrafos
cruzaron la acera para captarlo solamente como subía a su auto y emprendía la
huida rápidamente.
Los empleados
del estacionamiento despejaron a más fotógrafos que lo aguardaban a la llegada
de su trabajo, subió en el ascensor (que iba lleno de gente que entraba y
salía) hasta llegar al último piso.
- Buen día Rose
- dijo Alex, quitándose el saco antes de entrar a su lugar de trabajo.
- El señor
Newhouse...
- Quiere verme
en su oficina, gracias.
- De hecho es en
la sala de juntas - corrigió ella - desde temprano está con unas personas que
en realidad no identifico.
- Gracias,
deséame suerte... - Alex emprendió su paso hacia el lugar que le indicaron y
giró sobre sí - en serio, hazlo, lo necesitaré. - El comentario le dibujó una
sonrisa a la recepcionista, quién siguió con su trabajo en el teléfono.
Al llegar a la
sala de juntas notó que el ambiente pesado y callado de siempre brillaba por su
ausencia, la estancia estaba iluminada (como pocas veces Alex la había
contemplado) e incluso notó como el ambiente dentro era de alegría y optimismo.
Al anunciar su llegada todos se pusieron de pie y Newhouse le dio la
bienvenida:
- Buen día Davis
- saludó su jefe, estrechándole la mano tan fuertemente que le sorprendió tener
los dedos en una sola pieza sin quebrarse.
- Buen día -
contestó él, mirando extrañamente a un grupo de hombres de mediana edad que
aguardaban de pie, esperando que les dirigiera unas palabras...
- Verás, ellos
son: Stevens, Stewart, Miller, Jansch y Bromfield - los presentó Newhouse, de
izquierda a derecha en el orden en el que tomaron en la mesa de cristal - Ellos
representan las áreas editoriales, publicitarias, gráficas, digitales y
administrativas respectivamente de la revista GQ - dijo Newhouse, mientras que
cada uno de los mencionados inclinaba su cabeza al escuchar su cargo - y tienen
una propuesta interesante para ti, adelante Stevens - dijo Newhouse, tomando
asiento y cediendo la palabra a uno de los miembros más jóvenes.
- Gracias
Newhouse - respondió él, colocando los codos sobre la mesa e irguiendo su
espalda lo más que podía - Verás Davis, seguramente pensarán que hacemos
nosotros, miembros de una revista que "compite" - dijo Stevens,
dibujando unas comillas en el aire - con tu publicación mensual, sin embargo
Vogue engloba el mundo de la moda en general cuando en GQ vamos más allá,
verás, tratamos de cubrir más ámbitos como el deportivo, el cultural, social,
político y musical...
- Lo cuál nos
lleva a ti - interrumpió el tal Stewart - cada año antes de la edición de
Diciembre ponemos entre nuestras páginas a los 10 hombres más influyentes de
Reino Unido...
- ...Cualquiera
que sea su profesión... - añadió Jansch
- ...Y yendo
directo al grano queremos que seas uno de esos diez - dijo Miller.
A Alex la
noticia le cayó como una cubetada de agua helada, estaría junto con otros nueve
hombres que hacía que Reino Unido siguiera sus pasos.
- Pero... yo
no... - le costaba trabajo articular palabra y miraba a su jefe suplicando que
lo ayudara ante tal situación.
- El asunto
económico no es problema - comentó Bromfield - de hecho nos pidieron que
dobláramos la cantidad que usted pidiera si la que
le ofreciéramos era insuficiente.
- El alcance
digital de ambas revistas se dispararía a niveles estratosféricos - dijo Jansch
- así que todos saldríamos ganando, sería una inversión para ambos.
Alex notó como
los ojos de su jefe brillaban, como reflejándose en lingotes de oro al dirigir
su mirada hacía él, por lo cuál a Alex no le quedó de otra más que aceptar.
- De acuerdo -
dijo él - no tendrán pensado desnudarme, ¿Verdad?, comienzo en el gimnasio hoy
y no estoy en buena forma.
- Una sola
fotografía - dijo Jansch.
- En el cuarto
de edición - dijo Newhouse.
- Entonces...
Adelante - dijo Alex, dibujando una sonrisa de las que solía mostrar en los
eventos públicos.
Al llegar a la
sala en donde tuvo las discusiones con George y Rupert notó que había cambiado
por completo: en lugar de la ropa colgada alrededor del lugar había fotografías
de modelos en todos los colores y las poses, en la parte más alejada se
encontraba un busto que usan los diseñadores para confeccionar sus prendas
hecho de alambre y metal, y las estanterías donde se guardaban los accesorios
habían desaparecido para darle espacio a una pared blanca.
- Sabíamos que
no diría que no - comentó Stevens, quién tomó una cámara que le ofrecía uno de
los asistentes de GQ - Está en su entorno de trabajo, así que será una pose
natural - comentó el fotógrafo, enfocando el lente de la cámara - simplemente
cruce los brazos, sonría con autosuficiencia y mire a la cámara - dijo Stevens.
Alex hizo lo que
le mandó, se recargó en la mesa blanca y cruzó los pies, ya que sería una fotografía
de cuerpo entero, dibujó una sonrisa que encuadraba perfecto con sus lentes
cuadrados y tras varias tomas y retoques de maquillaje la sesión improvisada
terminó.
- Fue un
verdadero placer Señor Davis - dijo Jansch, en el tono de quién necesita terminar
una plática -
- En verdad, el placer fue mío - dijo Alex, mirando suplicante a Newhouse para
que aquello terminara pronto -
- Bien señores, todos tuvimos lo que queríamos, así que es hora de despedirse y
regresar a las labores que generan millones - anunció Newhouse, conduciendo a
los invitados hacia la puerta, cuando hubo vuelto se dirigió a Alex: - Davis,
hiciste una excelente elección.
- ¿Tenía opciones? - preguntó él, en modo sarcástico.
- Sabes que no - contestó Newhouse - Es hora de que te vayas, si es cierto que
quieres lucir una mejor figura será mejor que comiences a trabajar tus brazos
desde hoy.
El hecho de que le sugirieran hacer músculos en sus brazos lo condujo al deseo
de atropellar a algunos fotógrafos, pero se contuvo olímpicamente, al llegar a
casa despojó su mente de ideas y su cuerpo de ropa incómoda y almidonada, buscó
por todos lados hasta encontrar unos tenis y ropa adecuada para el gimnasio.
Cuando llegó Charlotte (también con cara de haber pasado un mal día) dejó que se
disipara su mal humor hasta que ella tomara la palabra.
- ¿Estás listo? - preguntó ella, bajando las escaleras vestida con un conjunto
deportivo de camiseta y pantalón de algodón ajustados - Suena muy irónico que
vayamos en la camioneta hasta el gimnasio, pero dado al ejército de fotógrafos
que están afuera será difícil llegar a pie.
- Tienes razón - dijo él, sólo porque supuso que esperaba que estuviera de
acuerdo con ella.
El chico condujo hasta un centro comercial en donde el gimnasio se ubicaba en
la segunda planta, a su paso encontraron una mueblería, la cual ofrecía muebles
de todo tipo y adornos de para todo tipo de decoración,
miraban embelesados los libreros y los enormes muebles para el televisor,
la biblioteca y un pequeño bar juntos. Al llegar al establecimiento donde
comenzarían su rutina de ejercicio, los recibió una chica muy delgada con
músculos torneados y glúteos firmes, Charlotte tuvo que golpear a Alex en las
costillas para que dejara de mirarle el trasero.
- Si tanto ejercicio te lleva a eso, estoy dispuesto a venir contigo todos los
días - comentó Alex en un susurro, al ver que la entrenadora se acercaba hacia
ellos.
- ¡Hola amigos! - saludó ella enérgicamente - ¿Son nuevos, cierto? - preguntó,
al ver los flácidos y delgados brazos del chico.
- Sí, de hecho es la primera vez que comenzamos con una rutina - contestó la
chica.
- Bien, comenzaremos con lo básico, síganme - la chica los condujo por un
amplio lugar en donde había infinidad de aparatos para ejercitarse -
comenzaremos con el calentamiento, harán 25 minutos de caminadora y después nos
enfocaremos en la parte que quieren marcar ¿Entendido? - la chica los dejó
frente a las caminadoras y comenzó a dar instrucciones a una chica que
trabajaba las piernas.
- Parece fácil - dijo Alex, subiéndose al aparato - ¿Cómo se enciende? -
Preguntó, al ver la infinidad de botones que había en el tablero, Charlotte
encendió la máquina y con una leve sacudida comenzó a funcionar - lo suponía -
dijo Alex, caminando lentamente.
- Si claro - contestó Charlotte, que comenzaba también a caminar lentamente
sobre su aparato.
- ¿Y qué tal tu día? - preguntó Alex, caminando cada vez más rápido.
- ¿Desde cuándo te interesa? - preguntó ella con incredulidad.
- Desde que dejé mi iPod en casa y es aburrido correr en silencio.
- Pues bien... Hoy cancelé un almuerzo del primer ministro con un embajador de
Taiwán. ¿Y tú? - preguntó ella, tomando velocidad sobre la caminadora.
- Normal: leí artículos... Combiné camisas... GQ me nombró como uno de los 10
más influyentes de Reino Unido...
- Espera... ¿Qué?
- GQ me considera una persona influyente, que soy de los más poderosos de esta
gran mancha gris bajo la lluvia.
- ¡Vaya! Y pensar que me consideraba buena en mi trabajo si mi jefe me daba las
gracias.
- No es la gran cosa - dijo Alex, reflexionando - Al principio crees que es
bueno, pero si lo analizas te das cuenta de que es fantástico.
- ¿Ahora soy la modelo emergente que salió de la nada y pesca a uno de los más
codiciados de Inglaterra?
- Si yo fuera tú, estaría orgullosa.
- Y lo estoy, simplemente me sorprende que de un momento a otro ganes un
premio, seas uno entre diez y te conviertas en alguien con popularidad
estratosférica.
- Quizá sea el fruto de mucho esfuerzo y sacrificio - dijo él, por encima del
ruido de la caminadora - o quizá sea porque soy muy atractivo.
La chica como respuesta alargó su brazo jalándolo por el cabello de la parta
trasera de su cabeza, haciendo que cayera y saliera impulsado hacia atrás.
- Al parecer tu ego y tú no caben en la misma caminadora.
Alex se incorporó con dolor en la pierna izquierda, lo cual hizo que comenzaran
a trabajar los brazos con las pesas.
- Eso pasa con la fama - dijo la chica, esforzándose en elevar su brazo con la
pesa hasta donde la entrenadora le indicó - Llegas hasta la cima y la vida real
se encarga de desplomarte hasta el suelo.
- Nunca pensé que la caída sería tan dolorosa - comentó Alex, haciendo su
ejercicio con una facilidad que a él mismo le sorprendió.
- ¿Te gustaría salir a algún lado esta noche? - preguntó la chica
- Si puedo salir caminando, o vivo por lo menos, podemos ir a donde tú quieras
- contestó.
- Me encantaría ir a ese restaurante al que fuimos con Cara y Karen.
- ¿En serio? - preguntó él, que tenía pensado cenar hamburguesa con una cerveza
- Será en el Tom Aikens, entonces.
Saliendo del gimnasio (Alex aún con una dolencia en la pierna) se dirigieron a
casa, donde se ducharon y vistieron para un restaurante de etiqueta.
- ¿Porqué el Tom Aikens? - preguntó Alex, anudándose la corbata - ¿Por qué
tengo que vestir de traje cuando puedo salir en sandalias a un McDonald's?
- Porque estoy cansada de cenar cereal con leche y frutas, y si la prensa nos
capta saliendo de algún restaurante, al menos que sea uno que valga la pena -
dijo ella, dándose los últimos toques de maquillaje -ahora ayúdame con el
cierre - Alex dejó de lado la tarea de ponerse los zapatos para ayudar a la
chica, sujetó su cintura con la mano izquierda y lentamente comenzaba a subir
el cierre con la derecha, al llegar hasta la parte alta de su cuello besó su
mejilla, causándole escalofríos al sentir la barba del chico.
- Veo que te dejarás la barba de nuevo -
- Sólo le hago caso a la mejor asesora de imagen que tengo - el chico cargó a
Charlotte hasta la cama, besándola y acariciándole la pierna que el vestido
dejaba lucir - ¿Y si mejor nos quedamos, y vamos afuera a darte un beso por
cada estrella que vea en el firmamento?
- Es una propuesta interesante - contestó ella en un susurró, acariciando el
rostro de Alex - pero ya estoy vestida y...
- Lo puedo resolver fácilmente - dijo él, buscando a tientas en la espalda de
Charlotte el cierre del vestido.
- Y yo creo que será mejor no perder la reservación - la chica se incorporó y
jaló al chico por la corbata, poniéndolo de pie - te ves muy atractivo con
traje como para quitártelo.
En el restaurante charlaron muy poco sobre su día, Alex continuaba quejándose
del dolor de su pierna y ella se quejaba de los asuntos que tenía que manejar
para el primer ministro, el chico sólo se limitaba a escuchar y asentir o negar
con la cabeza cuando fuera necesario, sólo pensaba en ella y en él recostados
en el césped bajo la luz de la luna...
-... Así que es posible que por lo menos el príncipe Harry o William estén
entre los 10 más influyentes junto contigo, ¿No crees? - La chica lo miró como
esperando una respuesta, pero como Alex no escuchó bien sólo pudo decir:
- Sí... Sin duda - contestó, saliendo de sus pensamientos.
- ¿Nos vamos? Se ha pasado el tiempo muy rápido - sugirió ella.
- ¿Eh? ¿Irnos? Si claro - contestó él, chasqueando los dedos para pedir la
cuenta.
Al pagar y dirigirse hacia la salida la recepcionista les impidió la salida, ya
que una trifulca se desataba fuera del restaurante.
- ¿Qué pasa? - preguntó Charlotte, aferrándose al brazo de su novio
- Una docena de fotógrafos están esperando afuera a una celebridad, y no sé
quién demonios pueda ser - contestó la chica, Alex tragó saliva y Charlotte lo
miró con preocupación.
- Pero supongo que él o ella puede salir por alguna puerta trasera ¿No?
- Por la cocina, el área de servicio de los surtidores de alimentos y materia
prima - contestó la chica
- Bien, lo mejor será volver a la mesa - Alex jaló a Charlotte del brazo y se
dirigió hacia donde hasta hace unos minutos disfrutaron su cena, sin embargo no
tomaron asiento de nuevo, si no que el chico se dirigió hacia uno de los
meseros - Disculpe ¿Dónde queda la cocina? Quisiera felicitar en persona al
chef por tan suculento platillo.
- Es aquella puerta del fondo, señor - contestó el mesero, con un ligero acento
francés.
- Muchas gracias, muy amable - Alex no perdió tiempo y se dirigió hacia la
cocina.
- ¿Qué piensas hacer? - preguntó la chica, caminando a paso apresurado tras
Alex.
- Ya oíste, la puerta trasera de la cocina da a la calle, desde allí
podemos pasar al estacionamiento y escapar de los medios.
- Que astuto - reconoció ella
- Aunque nada de esto hubiera pasado si nos hubiéramos desnudado en la piscina
Al cruzar la puerta de la cocina se toparon con una sala enorme en donde
recipientes y utensilios de metal brillaban en la estancia.
- ¿Usted es el chef? - preguntó Alex, a un hombre que daba órdenes a los demás
empleados -
- Sí señor, ¿Ocurre algo?
- Usted cocina delicioso... ¿Dónde queda la salida? - preguntó
desesperadamente, pero al mirar una puerta metálica no tuvo que esperar
respuesta - En verdad, cocina estupendamente, ¡buenas noches! - Emprendieron la
marcha hacia la puerta y al salir se encontraron en un callejón, en donde
la única luz provenía de un pequeño foco colgado justo arriba de la puerta, a
lo lejos Alex pudo ver su camioneta, muy cerca de la salida hacia la calle. En
silencio caminaron por detrás de unos arbustos, al llegar al vehículo desde la
parte trasera Alex contó hasta tres con los dedos, abrió las puertas con la
llave electrónica y corrieron a adentrarse en el vehículo.
El chico encendió la máquina y uno de los fotógrafos se percató de sus
movimientos.
- ¡Oigan! ¡Está allá! - Gritó a los demás, los cuáles no tardaron en correr
tras el vehículo en movimiento.
Alex condujo a toda velocidad saliendo de la calle perdiendo a los reporteros
de vista, cruzó un semáforo que estaba a punto de cambiar a color rojo y avanzó
por la avenida principal perdiéndose en el tráfico.
- ¿Sigues creyendo que es buena idea salir a cenar?
- Creo que el cereal y las frutas no están mal - contestó ella, con una cara de
preocupación que mantuvo toda la noche, incluso antes de que quedarse dormida
entre los brazos del chico.
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Aquí el éxito del chico comienza
a repuntar, empieza a ser reconocido y escala muchos lugares hasta la cima. Sin
embargo es su futura paternidad lo que o tiene mirando hacia el piso y los
fotógrafos quiénes lo mantienen a raya. Una graciosa huida que se me ocurrió de
la nada (mentira, creo que lo vi en alguna película)
