XXXVIII – The Most Powerful Men






Una soleada mañana filtraba los rayos de sol por la ventana de la cocina, se reflejaban en la pulcra mesa del desayunador, dándole mayor luminosidad a la pequeña estancia.

- Sé que es muy pronto para hablar de esto pero... - dijo Charlotte, vacilante en sus palabras - no quiero que pienses que trato de tomar el mando de la casa o algo así... pero... el cuarto para visitas es la habitación más cercana a la muestra y... bueno, sería la mejor para el bebé, y el ático podría ser la nueva habitación de visitas.

Alex pensó en el ático, esa habitación que muchas veces fue invisible para él, la puerta más alejada del corredor y de su recámara, en donde estaban los pocos muebles que se incluyeron cuando compró la casa: dos sillones y pequeñas mesas de madera se amontonaban bajo una capa uniforme de polvo.

- No hay problema - dijo el chico, terminando su cereal - podríamos comenzar esta semana, si gustas, deshacernos de los muebles viejos y cambiar el cuarto de huéspedes al ático.

- ¿En serio? - preguntó la chica sorprendida, ante la facilidad con la que Alex parecía resolver todo.

- ¿Por qué no? Esos muebles inútiles sólo ocupan espacio - se levantó de la mesa, besó a Charlotte y dijo: - me voy, habrá que darle a los fotógrafos su dosis diaria de trabajo - y tal como lo profetizó, al salir de su casa diversos fotógrafos cruzaron la acera para captarlo solamente como subía a su auto y emprendía la huida rápidamente.

Los empleados del estacionamiento despejaron a más fotógrafos que lo aguardaban a la llegada de su trabajo, subió en el ascensor (que iba lleno de gente que entraba y salía) hasta llegar al último piso.

- Buen día Rose - dijo Alex, quitándose el saco antes de entrar a su lugar de trabajo.

- El señor Newhouse...

- Quiere verme en su oficina, gracias.

- De hecho es en la sala de juntas - corrigió ella - desde temprano está con unas personas que en realidad no identifico.

- Gracias, deséame suerte... - Alex emprendió su paso hacia el lugar que le indicaron y giró sobre sí - en serio, hazlo, lo necesitaré. - El comentario le dibujó una sonrisa a la recepcionista, quién siguió con su trabajo en el teléfono.

Al llegar a la sala de juntas notó que el ambiente pesado y callado de siempre brillaba por su ausencia, la estancia estaba iluminada (como pocas veces Alex la había contemplado) e incluso notó como el ambiente dentro era de alegría y optimismo. Al anunciar su llegada todos se pusieron de pie y Newhouse le dio la bienvenida:

- Buen día Davis - saludó su jefe, estrechándole la mano tan fuertemente que le sorprendió tener los dedos en una sola pieza sin quebrarse.

- Buen día - contestó él, mirando extrañamente a un grupo de hombres de mediana edad que aguardaban de pie, esperando que les dirigiera unas palabras...

- Verás, ellos son: Stevens, Stewart, Miller, Jansch y Bromfield - los presentó Newhouse, de izquierda a derecha en el orden en el que tomaron en la mesa de cristal - Ellos representan las áreas editoriales, publicitarias, gráficas, digitales y administrativas respectivamente de la revista GQ - dijo Newhouse, mientras que cada uno de los mencionados inclinaba su cabeza al escuchar su cargo - y tienen una propuesta interesante para ti, adelante Stevens - dijo Newhouse, tomando asiento y cediendo la palabra a uno de los miembros más jóvenes.

- Gracias Newhouse - respondió él, colocando los codos sobre la mesa e irguiendo su espalda lo más que podía - Verás Davis, seguramente pensarán que hacemos nosotros, miembros de una revista que "compite" - dijo Stevens, dibujando unas comillas en el aire - con tu publicación mensual, sin embargo Vogue engloba el mundo de la moda en general cuando en GQ vamos más allá, verás, tratamos de cubrir más ámbitos como el deportivo, el cultural, social, político y musical...

- Lo cuál nos lleva a ti - interrumpió el tal Stewart - cada año antes de la edición de Diciembre ponemos entre nuestras páginas a los 10 hombres más influyentes de Reino Unido...

- ...Cualquiera que sea su profesión... - añadió Jansch

- ...Y yendo directo al grano queremos que seas uno de esos diez - dijo Miller.

A Alex la noticia le cayó como una cubetada de agua helada, estaría junto con otros nueve hombres que hacía que Reino Unido siguiera sus pasos.

- Pero... yo no... - le costaba trabajo articular palabra y miraba a su jefe suplicando que lo ayudara ante tal situación.

- El asunto económico no es problema - comentó Bromfield - de hecho nos pidieron que dobláramos la cantidad que usted pidiera si la que le ofreciéramos era insuficiente.

- El alcance digital de ambas revistas se dispararía a niveles estratosféricos - dijo Jansch - así que todos saldríamos ganando, sería una inversión para ambos.

Alex notó como los ojos de su jefe brillaban, como reflejándose en lingotes de oro al dirigir su mirada hacía él, por lo cuál a Alex no le quedó de otra más que aceptar.

- De acuerdo - dijo él - no tendrán pensado desnudarme, ¿Verdad?, comienzo en el gimnasio hoy y no estoy en buena forma.

- Una sola fotografía - dijo Jansch.

- En el cuarto de edición - dijo Newhouse.

- Entonces... Adelante - dijo Alex, dibujando una sonrisa de las que solía mostrar en los eventos públicos.

Al llegar a la sala en donde tuvo las discusiones con George y Rupert notó que había cambiado por completo: en lugar de la ropa colgada alrededor del lugar había fotografías de modelos en todos los colores y las poses, en la parte más alejada se encontraba un busto que usan los diseñadores para confeccionar sus prendas hecho de alambre y metal, y las estanterías donde se guardaban los accesorios habían desaparecido para darle espacio a una pared blanca.

- Sabíamos que no diría que no - comentó Stevens, quién tomó una cámara que le ofrecía uno de los asistentes de GQ - Está en su entorno de trabajo, así que será una pose natural - comentó el fotógrafo, enfocando el lente de la cámara - simplemente cruce los brazos, sonría con autosuficiencia y mire a la cámara - dijo Stevens.

Alex hizo lo que le mandó, se recargó en la mesa blanca y cruzó los pies, ya que sería una fotografía de cuerpo entero, dibujó una sonrisa que encuadraba perfecto con sus lentes cuadrados y tras varias tomas y retoques de maquillaje la sesión improvisada terminó.

- Fue un verdadero placer Señor Davis - dijo Jansch, en el tono de quién necesita terminar una plática -

- En verdad, el placer fue mío - dijo Alex, mirando suplicante a Newhouse para que aquello terminara pronto -

- Bien señores, todos tuvimos lo que queríamos, así que es hora de despedirse y regresar a las labores que generan millones - anunció Newhouse, conduciendo a los invitados hacia la puerta, cuando hubo vuelto se dirigió a Alex: - Davis, hiciste una excelente elección.

- ¿Tenía opciones? - preguntó él, en modo sarcástico.

- Sabes que no - contestó Newhouse - Es hora de que te vayas, si es cierto que quieres lucir una mejor figura será mejor que comiences a trabajar tus brazos desde hoy.

El hecho de que le sugirieran hacer músculos en sus brazos lo condujo al deseo de atropellar a algunos fotógrafos, pero se contuvo olímpicamente, al llegar a casa despojó su mente de ideas y su cuerpo de ropa incómoda y almidonada, buscó por todos lados hasta encontrar unos tenis y ropa adecuada para el gimnasio. Cuando llegó Charlotte (también con cara de haber pasado un mal día) dejó que se disipara su mal humor hasta que ella tomara la palabra.

- ¿Estás listo? - preguntó ella, bajando las escaleras vestida con un conjunto deportivo de camiseta y pantalón de algodón ajustados - Suena muy irónico que vayamos en la camioneta hasta el gimnasio, pero dado al ejército de fotógrafos que están afuera será difícil llegar a pie.

- Tienes razón - dijo él, sólo porque supuso que esperaba que estuviera de acuerdo con ella.

El chico condujo hasta un centro comercial en donde el gimnasio se ubicaba en la segunda planta, a su paso encontraron una mueblería, la cual ofrecía muebles de todo tipo y adornos de para todo tipo de decoración, miraban embelesados los libreros y los enormes muebles para el televisor, la biblioteca y un pequeño bar juntos. Al llegar al establecimiento donde comenzarían su rutina de ejercicio, los recibió una chica muy delgada con músculos torneados y glúteos firmes, Charlotte tuvo que golpear a Alex en las costillas para que dejara de mirarle el trasero.

- Si tanto ejercicio te lleva a eso, estoy dispuesto a venir contigo todos los días - comentó Alex en un susurro, al ver que la entrenadora se acercaba hacia ellos.

- ¡Hola amigos! - saludó ella enérgicamente - ¿Son nuevos, cierto? - preguntó, al ver los flácidos y delgados brazos del chico.

- Sí, de hecho es la primera vez que comenzamos con una rutina - contestó la chica.

- Bien, comenzaremos con lo básico, síganme - la chica los condujo por un amplio lugar en donde había infinidad de aparatos para ejercitarse - comenzaremos con el calentamiento, harán 25 minutos de caminadora y después nos enfocaremos en la parte que quieren marcar ¿Entendido? - la chica los dejó frente a las caminadoras y comenzó a dar instrucciones a una chica que trabajaba las piernas.

- Parece fácil - dijo Alex, subiéndose al aparato - ¿Cómo se enciende? - Preguntó, al ver la infinidad de botones que había en el tablero, Charlotte encendió la máquina y con una leve sacudida comenzó a funcionar - lo suponía - dijo Alex, caminando lentamente.

- Si claro - contestó Charlotte, que comenzaba también a caminar lentamente sobre su aparato.

- ¿Y qué tal tu día? - preguntó Alex, caminando cada vez más rápido.

- ¿Desde cuándo te interesa? - preguntó ella con incredulidad.

- Desde que dejé mi iPod en casa y es aburrido correr en silencio.

- Pues bien... Hoy cancelé un almuerzo del primer ministro con un embajador de Taiwán. ¿Y tú? - preguntó ella, tomando velocidad sobre la caminadora.

- Normal: leí artículos... Combiné camisas... GQ me nombró como uno de los 10 más influyentes  de Reino Unido...

- Espera... ¿Qué?

- GQ me considera una persona influyente, que soy de los más poderosos de esta gran mancha gris bajo la lluvia.

- ¡Vaya! Y pensar que me consideraba buena en mi trabajo si mi jefe me daba las gracias.

- No es la gran cosa - dijo Alex, reflexionando - Al principio crees que es bueno, pero si lo analizas te das cuenta de que es fantástico.

- ¿Ahora soy la modelo emergente que salió de la nada y pesca a uno de los más codiciados de Inglaterra?

- Si yo fuera tú, estaría orgullosa.

- Y lo estoy, simplemente me sorprende que de un momento a otro ganes un premio, seas uno entre diez y te conviertas en alguien con popularidad estratosférica.

- Quizá sea el fruto de mucho esfuerzo y sacrificio - dijo él, por encima del ruido de la caminadora - o quizá sea porque soy muy atractivo.

La chica como respuesta alargó su brazo jalándolo por el cabello de la parta trasera de su cabeza, haciendo que cayera y saliera impulsado hacia atrás.

- Al parecer tu ego y tú no caben en la misma caminadora.

Alex se incorporó con dolor en la pierna izquierda, lo cual hizo que comenzaran a trabajar los brazos con las pesas.

- Eso pasa con la fama - dijo la chica, esforzándose en elevar su brazo con la pesa hasta donde la entrenadora le indicó - Llegas hasta la cima y la vida real se encarga de desplomarte hasta el suelo.

- Nunca pensé que la caída sería tan dolorosa - comentó Alex, haciendo su ejercicio con una facilidad que a él mismo le sorprendió.

- ¿Te gustaría salir a algún lado esta noche? - preguntó la chica

- Si puedo salir caminando, o vivo por lo menos, podemos ir a donde tú quieras - contestó.

- Me encantaría ir a ese restaurante al que fuimos con Cara y Karen.

- ¿En serio? - preguntó él, que tenía pensado cenar hamburguesa con una cerveza - Será en el Tom Aikens, entonces.

Saliendo del gimnasio (Alex aún con una dolencia en la pierna) se dirigieron a casa, donde se ducharon y vistieron para un restaurante de etiqueta.

- ¿Porqué el Tom Aikens? - preguntó Alex, anudándose la corbata - ¿Por qué tengo que vestir de traje cuando puedo salir en sandalias a un McDonald's?

- Porque estoy cansada de cenar cereal con leche y frutas, y si la prensa nos capta saliendo de algún restaurante, al menos que sea uno que valga la pena - dijo ella, dándose los últimos toques de maquillaje -ahora ayúdame con el cierre - Alex dejó de lado la tarea de ponerse los zapatos para ayudar a la chica, sujetó su cintura con la mano izquierda y lentamente comenzaba a subir el cierre con la derecha, al llegar hasta la parte alta de su cuello besó su mejilla, causándole escalofríos al sentir la barba del chico.

- Veo que te dejarás la barba de nuevo -

- Sólo le hago caso a la mejor asesora de imagen que tengo - el chico cargó a Charlotte hasta la cama, besándola y acariciándole la pierna que el vestido dejaba lucir - ¿Y si mejor nos quedamos, y vamos afuera a darte un beso por cada estrella que vea en el firmamento?

- Es una propuesta interesante - contestó ella en un susurró, acariciando el rostro de Alex - pero ya estoy vestida y...

- Lo puedo resolver fácilmente - dijo él, buscando a tientas en la espalda de Charlotte el cierre del vestido.

- Y yo creo que será mejor no perder la reservación - la chica se incorporó y jaló al chico por la corbata, poniéndolo de pie - te ves muy atractivo con traje como para quitártelo.

En el restaurante charlaron muy poco sobre su día, Alex continuaba quejándose del dolor de su pierna y ella se quejaba de los asuntos que tenía que manejar para el primer ministro, el chico sólo se limitaba a escuchar y asentir o negar con la cabeza cuando fuera necesario, sólo pensaba en ella y en él recostados en el césped bajo la luz de la luna...

-... Así que es posible que por lo menos el príncipe Harry o William estén entre los 10 más influyentes junto contigo, ¿No crees? - La chica lo miró como esperando una respuesta, pero como Alex no escuchó bien sólo pudo decir:

- Sí... Sin duda - contestó, saliendo de sus pensamientos.

- ¿Nos vamos? Se ha pasado el tiempo muy rápido - sugirió ella.

- ¿Eh? ¿Irnos? Si claro - contestó él, chasqueando los dedos para pedir la cuenta.

Al pagar y dirigirse hacia la salida la recepcionista les impidió la salida, ya que una trifulca se desataba fuera del restaurante.

- ¿Qué pasa? - preguntó Charlotte, aferrándose al brazo de su novio

- Una docena de fotógrafos están esperando afuera a una celebridad, y no sé quién demonios pueda ser - contestó la chica, Alex tragó saliva y Charlotte lo miró con preocupación.

- Pero supongo que él o ella puede salir por alguna puerta trasera ¿No?

- Por la cocina, el área de servicio de los surtidores de alimentos y materia prima - contestó la chica

- Bien, lo mejor será volver a la mesa - Alex jaló a Charlotte del brazo y se dirigió hacia donde hasta hace unos minutos disfrutaron su cena, sin embargo no tomaron asiento de nuevo, si no que el chico se dirigió hacia uno de los meseros - Disculpe ¿Dónde queda la cocina? Quisiera felicitar en persona al chef por tan suculento platillo.

- Es aquella puerta del fondo, señor - contestó el mesero, con un ligero acento francés.

- Muchas gracias, muy amable - Alex no perdió tiempo y se dirigió hacia la cocina.

- ¿Qué piensas hacer? - preguntó la chica, caminando a paso apresurado tras Alex.

- Ya oíste, la puerta trasera de la cocina da a la calle, desde allí podemos pasar al estacionamiento y escapar de los medios.

- Que astuto - reconoció ella

- Aunque nada de esto hubiera pasado si nos hubiéramos desnudado en la piscina

Al cruzar la puerta de la cocina se toparon con una sala enorme en donde recipientes y utensilios de metal brillaban en la estancia.

- ¿Usted es el chef? - preguntó Alex, a un hombre que daba órdenes a los demás empleados -

- Sí señor, ¿Ocurre algo?

- Usted cocina delicioso... ¿Dónde queda la salida? - preguntó desesperadamente, pero al mirar una puerta metálica no tuvo que esperar respuesta - En verdad, cocina estupendamente, ¡buenas noches! - Emprendieron la marcha hacia la puerta y al salir se encontraron en un  callejón, en donde la única luz provenía de un pequeño foco colgado justo arriba de la puerta, a lo lejos Alex pudo ver su camioneta, muy cerca de la salida hacia la calle. En silencio caminaron por detrás de unos arbustos, al llegar al vehículo desde la parte trasera Alex contó hasta tres con los dedos, abrió las puertas con la llave electrónica y corrieron a adentrarse en el vehículo.

El chico encendió la máquina y uno de los fotógrafos se percató de sus movimientos.

- ¡Oigan! ¡Está allá! - Gritó a los demás, los cuáles no tardaron en correr tras el vehículo en movimiento.

Alex condujo a toda velocidad saliendo de la calle perdiendo a los reporteros de vista, cruzó un semáforo que estaba a punto de cambiar a color rojo y avanzó por la avenida principal perdiéndose en el tráfico.

- ¿Sigues creyendo que es buena idea salir a cenar?

- Creo que el cereal y las frutas no están mal - contestó ella, con una cara de preocupación que mantuvo toda la noche, incluso antes de que quedarse dormida entre los brazos del chico.


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Aquí el éxito del chico comienza a repuntar, empieza a ser reconocido y escala muchos lugares hasta la cima. Sin embargo es su futura paternidad lo que o tiene mirando hacia el piso y los fotógrafos quiénes lo mantienen a raya. Una graciosa huida que se me ocurrió de la nada (mentira, creo que lo vi en alguna película)