XXXVII – La Prensa






"...El día de ayer se celebró una entrega más de los British Fashion Awards, en donde hubo una lluvia de estrellas, sin embargo quién brilló más que los demás y eclipsaron la noche fueron Alexis Davis, editor en jefe de Vogue Men International con sede en nuestro país, y la modelo Charlotte Mcdonald, quién fue lanzada al estrellato mediante el spot de la firma Chanel, en donde Alexis colabora en una colección especial de gafas para la firma francesa, misma que le valió el premio de la colaboración altruista del año, la modelo iba enfundada en un vestido de Elie Saab mientras que el atractivo y joven editor norteamericano apostó por un traje de la colección invernal de Roberto Cavalli..."

- Al menos ya eres famosa - comentó Alex, quitándole el control remoto de la televisión a Charlotte para cambiar el canal, subió los pies descalzos a la mesa central de la sala y dejó que la chica se acurrucara entre sus brazos.

- Nunca me había visto en televisión - comentó ella - al menos no en primer plano, en París y Milán fuiste el protagonista y yo sólo aparecía como la "chica de atrás".

- Eres de las pocas a las que la alta definición les sienta bien, mira a Alexa Chung, su bigote da asco. - puntualizó el chico, volviendo al canal en donde publicaron la nota sobre ellos.

- Todos los canales hablan sobre ti - dijo la chica - o al menos mencionan tu nombre.

- Entonces el famoso soy yo - dijo el chico con una sonrisa exagerada de autosuficiencia.

- Pues deberías tomar una ducha, las celebridades no apestan cuando salen a trabajar.

- Ja, ja - rió Alex con sarcasmo - que graciosa.

Alex subió a bañarse, al bajar encontró a la chica aún acostada en el sillón mirando la televisión, en donde la nota de los British Fashion Awards aún continuaba siendo tema de conversación entre los conductores del programa.

La chica acompañó a Alex hasta la puerta en donde lo despidió con un beso, pero al salir la tranquilidad y parsimonia quedó atrás, ya que al salir a la acera varios fotógrafos salieron a su paso, y sin mediar palabra comenzaron a tomarle fotografías al chico, el cuál rápidamente subió a su camioneta y abandonó el lugar, nunca había pensado que sería tan molesto tener a las cámaras encima todo el tiempo.

Él sólo recibía las imágenes de famosos caminado por la calle excelentemente vestidos para incluirlas a la revista, pero nunca imaginó que sería molesto que un lente te captara incluso durante un día libre. Al llegar a la entrada del estacionamiento de Vogue notó que personal de seguridad mantenía a raya a demás fotógrafos que buscaban captar al editor en jefe.

Al estar dentro del edificio subió a su oficina, en el ascensor (que como todos los días se llenaba de gente piso tras piso) uno de los encargados de edición le hizo llegar las fotografías de la sesión principal y la publicidad para el próximo número. Al llegar al último piso, caminó por el corredor hasta su oficina.

- Buen día Rose - saludó el chico, pero no obtuvo respuesta, el escritorio estaba vacío, la computadora mostraba sólo el fondo de pantalla con la portada del número más reciente publicado (como ordenó Newhouse que se hiciera en todas las computadoras del edificio) y no había rastros de su llegada al trabajo.

Miró alrededor y escuchó un murmullo sonoro que venía de la sala de juntas, al acercarse encontró a Rose saliendo de prisa de dicho lugar, al encontrarse de cara con su jefe le dio los buenos días y con un aspecto cansado le dijo que lo esperaban en la sala de juntas, donde estaba reunido todo el consejo directivo.

Al entrar el silencio total se hizo presente, Newhouse y los demás integrantes del consejo lo miraban en un silencio sepulcral que no era común. Sabía que eso no presagiaba nada bueno y que su cabeza podía rodar desde lo alto de su trono.

- Antes que nada queremos felicitarlo por su reconocimiento de la noche pasada, señor Davis - dijo un miembro del consejo técnico, que se había puesto de pie para hacerse notar, aunque por su corta estatura sobresalía muy poco.

- Y añadir que deseamos lo mejor en su nueva relación amorosa - interrumpió un miembro más, un hombre robusto con un impecable traje gris y prominente bigote.

- Ehh... Gracias... Creo - contestó, con los ojos inmensamente abiertos ante lo que sus oídos escucharon.

- El punto de esta reunión es esto - dijo Newhouse, que hizo aparecer una gráfica en la pantalla tras de sí, donde se mostraba una línea ascendente en color verde - las ventas por internet de la revista en su formato digital subieron como la espuma.

- ¿Y a qué se debió ese aumento? - preguntó Alex, quién temía escuchar la respuesta.

- A ti chico - contestó Newhouse - La curiosidad de saber quién es Alexis Davis, qué hacía y porqué colaboró con Lagerfeld hizo que la revista digital se disparara a la cima.

- ¿Entonces todos salimos ganando?

- Exacto - contestó el hombre bajito - La prensa tiene lo que quiere, tú eres famoso y la revista se vende, es prácticamente un negocio redondo.

- Entiendo... - Dijo el chico, cuando en realidad no entendía que tenía de especial aparecer en una alfombra roja al lado de su novia - ¿Puedo retirarme? Si eso es todo claro... Tengo seguir generando millones.

Cuando hubo una aceptación general para que se retirase salió hacia su oficina, se encerró por dentro y se sentó en la silla, miraba por la ventana el viejo edificio de ladrillos rojos que contrastaba con la modernidad del estilo del edificio de Vogue. Despejó su mente de todo pensamiento y se dispuso a trabajar, ni una sóla interrupción durante horas: esperaba que Rose llamara a su puerta anunciando la llegada de George o Rupert para hacerlo reconsiderar inútilmente sobre su decisión, pero no. Ni una sola llamada de nadie, sin el estrés de diario no podía trabajar, o por lo menos no con aquella tranquilidad que reinaba en ese momento.

- Me voy a casa Rose, me duele la cabeza, iré a ver un médico - mintió el chico.

- Hasta luego señor Davis, espero que se recupere -

- Gracias, hasta mañana -contestó el chico, que bajó en el ascensor hasta el estacionamiento, durante el trayecto los empleados salían y entraban por los ascensores durante todo el día, como si fueran a fallecer si se quedasen quietos un segundo.

Al llegar a casa notó que eran dos horas antes de su horario normal del término de su jornada laboral, subió a su habitación y bajó en ropa interior a mirar la televisión, tomó una cerveza fría del refrigerador (una mala costumbre de Rupert al llenar la nevera con varias botellas durante sus visitas) y se tiró en el sofá, miraba el las noticias locales cuando escuchó sonidos en la puerta principal, segundos después Charlotte atravesó el umbral apresuradamente cerrando la puerta tras de sí con violencia.

- ¿Qué haces aquí? Y... Así - preguntó ella, al verlo tirado en calzoncillos.

- Digamos que el día transcurrió muy rápido y no había nada más que hacer, así que quise darte una sorpresa - el chico se levantó y la abrazó tirándose al sofá con ella.

- ¿Sorpresa? Sorpresa la que recibí hoy - dijo ella, quitándose los zapatos altos y subiendo los pies a los de Alex - unos fotógrafos me persiguieron desde la salida de mi trabajo hasta que pude conseguir un taxi hacia acá - dijo ella, realmente furiosa.

- A mí me siguieron hasta el estacionamiento, pero varios miembros de seguridad los retuvieron hasta que pude estar en la oficina.

- ¿Esto será todos los días?

- Hasta el fin del mundo

- Demonios - murmuró, y tras unos segundos en silencio, dijo - he estado pensando que ya que vivimos juntos lo mejor sería realizar más actividades...

- ¿Algo más que desayunar y dormir?

- A eso me refiero, no quiero que caigamos en la monotonía.

- ¿Y qué quieres que hagamos? ¿Qué tejamos bufandas? ¿Cocinemos galletas?  - preguntó él.

- Algo mejor - contestó ella, mirando a los ojos a su novio - Hay un gimnasio no muy lejos de aquí...

- ¿Porqué de toooodas las opciones divertidas que ofrece este bonito país eliges la más aburrida y cansada?

- Estoy embarazada, necesito estar activa para evitar la flacidez y todos los cambios que la gestación conlleva - dijo ella, más en tono de reproche que de respuesta.

- Y supongo que querrás que te acompañe - dijo Alex, temiendo la respuesta que sabía de antemano.

- Obviamente - dijo ella, besando al chico, notando como cada poro de su piel reaccionaba ante la sensación del toque de sus labios - ¿En serio tenías una perforación en el pezón? - preguntó, al ver una pequeña alteración en su pulcra piel.

- Es el recuerdo de la rebeldía de la universidad - contestó - algo así como una cicatriz de bala en un soldado.

- Te amo chico rudo - dijo ella, acariciando la mejilla de Alex, bajando la mano hasta su pecho desnudo

- Te amo chica rubia - dijo él, besando la frente de la chica - pero no esperes que comparta duchas con un grupo de hombres desnudos.


Obviamente al principio todo es rosa, y es verdad que Alex es la mina de oro de Condé Nast, sin embargo el hecho de que la prensa sepa el nombre y el paradero de la chica (que viva ahora con su novio) fue muy precipitado, incluso para mí. En cuanto a la perforación en el pezón es un pequeña libertad que me dí de expresarme, ya que extraño el orificio que se me cerró. (ni piensen mal ¬¬)