![]() |
| "Ronda de Noche" - Rembrandt |
- La embajada de Estados Unidos en Francia no ha contactado el buque todavía – comentaba Tyler. Colgando el teléfono por el que esperaba recibir buenas noticias sobre el caso de la desaparición de la pintura – las autoridades argumentan que por ser ayuda humanitaria, el gobierno no ejerce mucho control en estas situaciones.
- ¿Puede ser posible que no haya comunicación con el buque aún en esta situación? – Preguntó Keller – intenta de nuevo, habla con los encargados del muelle y haz que nos den una forma de estar en contacto con el muelle.
- Keller, el jefe quiere verte – comentó Thom saliendo de la oficina del director de la policía de Chicago. La detective se apartó de su escritorio para emprender el camino a la oficina de Garry McCarthy, el hombre a cargo de la seguridad de Chicago.
- ¿Quería verme señor? – Preguntó temerosa, esperando que su voz no la delatara.
- Adelante Keller – contestó el hombre, girando su silla para quedar frente a frente con la detective – he leído el avance sobre el caso del señor Colfer – dijo, dejando caer sobre el escritorio un sobre con fotografías de la escena del crimen, documentos con horarios, nombres de personas y coartadas que conformaban la investigación.
- Estamos en eso señor... – dijo Keller apresuradamente, como un niño que se justifica antes de saber que será castigado.
- Por la mañana recibimos el reporte de la desaparición de James Colfer – dijo, interrumpiendo a Azzedine en sus disculpas anticipadas.
- ¿Reporte? Pero... Está muerto ¿Quién lo buscaría después de ser asesinado?
- Eso le corresponde a usted, la llamada se hizo desde el edificio en donde vivía la víctima, al parecer un conocido hizo el reporte apenas el día de hoy.
- Bien, yo... iré a... investigar – murmuró, saliendo de la oficina esperando no tropezar con nada a su paso debido a la prisa - ¡Thom ven conmigo!
- ¿Qué pasa? ¿Hay algo nuevo? – preguntó el oficial, tomando su arma y placa del escritorio y siguiendo a Keller hasta el ascensor.
- Reportaron como desaparecido al señor Colfer esta mañana.
- Eso es imposible, todo mundo sabe que James Colfer fue asesinato hace casi una semana.
- Pues alguien se enterará de que está muerto y quizá pueda darnos más datos de los que ahora tenemos.
De vuelta al desolador panorama que rodeaba la vivienda de James Colfer, Azzedine subió las escaleras que presentaban un grafiti nuevo en tonos brillantes. Encontró la puerta marcada con el número 23 y llamó golpeando la fría madera.
- ¿Sí? – preguntó una voz femenina desde el interior del departamento, por la pequeña rendija que la cadena de seguridad en la puerta dejaba ver, un rostro con algunas arrugas apareció ante ellos - ¿Les puedo ayudar en algo?
- Soy la detective Azzedine Keller – dijo, mostrando su placa junto a Thom – venimos por el reporte de la desaparición del señor James Colfer.
- Sí, sí, adelante, pasen – la mujer cerró la puerta para quitar la cadena y todos los cerrojos de seguridad para por fin dejarlos pasar después de unos segundos – Que bueno que vinieron, es raro que el señor Colfer no venga por su correspondencia, por favor siéntense – invitó la mujer, quien abrazaba a un gato como si fuera un recién nacido.
- ¿Cómo se dio cuenta de la desaparición del señor Colfer?
- Venía cada mañana por su correspondencia, me dejaba leer el periódico antes de que él lo leyera – comentaba, con una ligera sonrisa de nostalgia.
- Verá señora... – Keller hizo una pausa para que aquella mujer le dijera su nombre
- Christine, Christine Courtney – aclaró, dándose cuenta de que no se había presentado antes.
- Señora Courtney, lamentablemente el señor Colfer fue asesinato en su trabajo – Keller hizo una pausa de nuevo, siempre tenía la hipótesis de que la reacción de las personas al saber sobre el asesinato de una tercera, hablaba mucho de su relación con la víctima.
- ¿Qué? ¿Por eso no contestaba su teléfono? ¡No puede ser! – La mujer dejó caer al gato en el sillón y se llevó las manos a la cabeza, sus lágrimas no se hicieron esperar ante la noticia del fallecimiento de su vecino.
- ¿Cómo pudo no darse cuenta de que falleció? – Preguntó Thom – fue hace casi una semana.
- Salí de viaje a ver a mi hermana – contestó, recobrando el aliento que le bloqueaba la garganta en ocasiones – llegué ayer por la noche y me di cuenta de que James no estaba, sabía que llegaba tarde del trabajo, así que lo esperé a hoy por la mañana para darle su correspondencia pero no salió de su departamento.
- ¿Notó algún cambio en Colfer últimamente?
- Era el mismo hombre de siempre – dijo Christine, después de negar con la cabeza – siempre tenía anécdotas para contar y mucho que enseñar a los que no sabemos nada de arte.
- Lamentamos mucho su pérdida señora - comentó Thom - ¿Cree que sea posible llevarnos la correspondencia del señor Colfer?
- Si eso los puede ayudar en algo, adelante – respondió Christine, limpiándose la nariz con la manga de su suéter – cualquier cosa en la que pueda ayudar, sólo pídanlo.
- Gracias señora Courtney – Keller se levantó del mullido sillón para dirigirse a la puerta, mientras Thom metía en una bolsa para evidencia las cartas y recibos que el señor Colfer no llegó a abrir.
- ¿Para qué trajiste la correspondencia de la víctima? – preguntó Keller en la patrulla camino a la comandancia.
- ¿No es raro que el señor Colfer no tuviera registros telefónicos? – Argumentó Thom – La señora Courtney decía que cada mañana Colfer recogía el periódico y su correspondencia de la mano de ella. Una persona como James Colfer al menos debió tener relación con alguien por correo postal.
- No creo que haya nada aquí Thom, sólo facturas, publicidad y... una tarjeta postal – murmuró sorprendida - ¿Si Colfer no tenía a nadie en el mundo quién le mandaría una postal de Suiza? – preguntó, mostrándole la imagen de Ginebra
- ¿Hay algo más junto con la postal?
- Una carta... en francés – dedujo Keller, al leer algunas de las pocas palabras escritas en el frágil papel – Si descubrimos quién envió esta carta, sabremos quién robó la pintura y asesinó a Colfer – comentó con una nueva esperanza de tener más pistas sobre el caso.
- Imposible – Contestó Mark, sin dejar de sorber de su tercer vaso de café ante la petición que hacía Azzedine – esa postal pudo haber sido comprada en cualquier rincón del mundo, lo único que nos queda es esperar a la traducción de la carta.
- ¿Me estás diciendo que no se puede rastrear una simple postal?
- Mira linda, éstas cosas se hacen mediante producción en serie, no hay un número de folio ni nada que las identifique una de la otra, y además, como ya te dije, pudo haber sido enviada desde Suiza o París, o haber sido comprada en una librería a dos cuadras del domicilio de la víctima, así que como te dije: hay que esperar a la traducción de la carta.
Keller no contestó, simplemente resopló arrugando dentro de su puño la postal con el paisaje suizo arrojándola al cubo de basura, aproximadamente una hora después, Tyler salió de su cubículo con la carta restaurada y la traducción.
- Chicos, tengo la carta, tardé un poco porque la letra es terrible pero aquí está: - Tyler se aclaró la garganta para comenzar a leer, ante la expectativa de todos – “James: Gracias por tu ayuda, sabes que es lo mejor para ambas partes. Confiamos plenamente en ti y esperamos que todo salga bien”.
- ¿Y es todo? – Preguntó Thom tras la pausa que Tyler realizó
- Sí, no hay nada más – argumentó, mostrando el papel original en el que apenas unos garabatos eran legibles
- ¿Estamos donde empezamos cierto? – Mark no quería sonar pesimista, pero sabía al igual que todos, que ese trozo de papel no ayudaba en nada, incluso peor: había más incógnitas además de quién cometió el asesinato.
- Si alguien le escribe agradeciendo cualquier tipo de ayuda, es obvio que tenía que conocer a la persona que envió esa carta – comentó Keller.
- El análisis de la grafóloga indica que la persona que escribió esto es diestra – añadió Tyler.
- Lo cual no sirve para nada – comentó Mark - ¡Oigan esperen! – exclamó de repente, abriendo los brazos como si apartara a gente invisible a su alrededor para hacerse notar - ¿Y si el favor del que habla es sobre el robo de la pintura?
- ¿De qué diablos hablas Mark? – Thom estaba cansado de que en cada nuevo descubrimiento del caso, se retrocediera en lugar de avanzar
- Sólo piénsenlo: James Colfer podía desactivar el código de seguridad del museo... – argumentó Mark
- y James Colfer sabía cuál pintura era la original y cuáles eran las copias... – comentó Keller, adivinando a lo que su compañero se refería.
- ¿Pero por qué lo asesinaron en la galería? – Preguntó Tyler - ¿si era cómplice para robar la pintura porqué no esperar a que estuviera en casa?
- Buen punto, aunque no sorprende que quien haya robado la pintura haya matado a Colfer para quedarse con su parte del dinero.
- ¿Qué dinero? - preguntó Tyler
- El que les pagarían por robar la pintura, ya viste la lista de las piezas en la subasta, cualquiera que quisiera comprar un Seurat puede pagar un asesino a sueldo para conseguir la pintura original sin pasar por el fisco.
- Keller, a mi oficina – anunció la retumbante voz del director de la policía desde la puerta al final del pasillo. Azzedine sólo pudo atinar a ponerse en pie para caminar a la oficina seguida de la mirada de sus compañeros. Al entrar, McCarthy tenía las manos cruzadas sobre unos papeles en el escritorio – tenemos por fin una respuesta de la embajada en Francia – comentó, señalando los oficios con sello y firmas que daban validez a los documentos – tenemos permiso de inspeccionar el buque en cuanto toque tierras francesas... lo que nos lleva al siguiente punto, el embajador Rivkim me comentó que si todo esto se maneja con la total discreción, pueden ser sólo personas involucradas en el caso las que inspeccionen el buque a su llegada.
- ¿Qué significa eso? – preguntó, esperanzada en que no tuviera que empacar para viajar.
- Que irás a Francia a hacerte cargo de la investigación Keller – aclaró McCarthy.
- Pero... ni siquiera conozco el sistema de París, yo...
- Eso es lo de menos, Rivkim nos prometió tener las mismas libertades que en territorio nacional, ahora, dedujimos junto con el Instituto de Arte que no puedes viajar sola.
- ¿El instituto? ¿Qué tiene que ver el Instituto con todo esto?
- Ambas partes deben de trabajar en conjunto: nosotros capturamos a un asesino y un ladrón, mientras que ellos recuperan la obra.
- ¿Pretende que atrapemos al ladrón y que ellos sólo regresen con el cuadro?
- Lo que se pretende, detective Keller, es que un experto del Instituto pueda identificar la obra y guiarla en el terreno del arte, ya que ni usted ni yo sabemos sobre el tema.
- Bien ¿Y quién es? ¿Un anciano como la víctima?
- Llegará en cualquier momento, espero que antes de partir le dé las indicaciones pertinentes.
- Bien, creo que lo único que hay por hacer es esperar a que el experto llegue – comentó, caminando hacia la salida, en donde una sombra del lado opuesto del cristal donde se leía el nombre de Garry McCarthy se hizo presente, al girar el pomo y abrir la puerta, se encontró de frente con unos ojos ligeramente aumentados por los lentes que los enmarcaban.
- Vi... vine por... de parte del instituto – dijo su voz entrecortada y casi ausente, al tener ante ella a la detective de nueva cuenta.
- Señor McCarthy, esto debe ser una broma – comentó Keller, al ver cara a cara a Ryan, quién tragó saliva al ver a su compañera en el caso.
