
- Iré a la sala de juntas a la planeación del número de Abril, así que confío en que hagan su mejor trabajo sin que tenga que presionarlos con mi presencia – comentaba Jeff, alistando varias hojas recién salidas de la impresora y pegando recortes en una pizarra de corcho fijando imágenes con pinchos.
Algunos asintieron en silencio, pero otros más ni siquiera se giraron a ver a su jefe inmediato salir por las puertas de cristal. Una vez al mes durante la última semana los editores de todos los departamentos de la revista hacían una junta en la sala donde Newhouse hablaba sobre números con accionistas. Los directores de arte, moda, grooming y redacción se reunían con Alex para conformar el tema de la revista, ponerse en contacto con la estrella de portada y ultimar hasta el último detalle de la publicación.
Tanto Jeff como los demás editores se adentraron a la sala, esparciendo por la larga mesa de cristal su material con el que intentarían convencer a Alex de seguir su idea para plasmarla en la revista. Cuando hubieron preparado pizarras de corcho con docenas de recortes, impresiones, fotografías y presentaciones en la enorme pantalla de la sala de juntas, Alex se hizo presente acompañado de la máxima elegancia que su porte y un traje de Canali podrían presumir.
Sin pronunciar una palabra Alex tomó asiento en el lugar que comúnmente ocuparía Newhouse, abrió una libreta de Louis Vuitton empastada en piel y sacó del bolsillo interno de su blazer un bolígrafo de Montblanc con el que se dispuso a tomar nota.
- ¿Qué tienen preparado caballeros? – preguntó Alex a los cuatro hombres frente a él.
- Para la sección de moda podemos dar inicio a la temporada de primavera con la tendencia soft pop – comentaba Jeff, dejando ver una serie de estampados, colores pastel y prendas de tonalidades suaves en un collage minuciosamente elaborado.
- Para la estrella de portada Sam Smith podría ser una buena opción – comentó Ben – sacará nuevo disco y podríamos incluso hacer un especial de voces frescas del soul.
Para quienes no estaban acostumbrados a aquella forma de trabajo, hubieran pensado que aquellos cuatro hombres estaban realizando un examen oral ante un maestro que amenazaba con reprobarlos. Alex sólo tomaba nota en su cuaderno y miraba todo aquello con mirada profunda.
- También podríamos darle un giro más salvaje a la historia central – comentó Ben de nueva cuenta – estaba pensando en la chaqueta safari como pieza central de una editorial con Jon Kortajarena por David Sims en el desierto de la India.
- No me gusta Jon Kortajarena – comentó Alex con naturalidad pero con una voz fuerte y decidida – apareció en el especial de verano del año pasado. ¿Qué hay de la sección de grooming? - Preguntó, tomando por sorpresa al aludido de aquel departamento.
- Podríamos hacer un especial de productos para la resequedad en la piel con una editorial donde el rostro de los modelos se cubra con arcilla, quiero darles un aspecto de estatuas vivientes y contrastar su cutis con la textura reseca.
- Suena bien – comentó Alex, garabateando con rapidez en su libreta. Un comentario de ese tipo para ellos era como recibir una estrella en la frente del maestro más estricto de la materia más difícil.
- Estoy en charla con nuestro escritor en República Dominicana – comentó Jeff – nos tendrá un adelanto de su investigación y reportaje del turismo sexual en dos días.
- Estamos en contacto con H&M para ponernos de acuerdo sobre la advertorial de su colección de primavera, aunque les dijimos que no puede ocupar más de seis páginas ya que no es la historia central ni de portada. Pensamos mover la colaboración con GAP para el mes de mayo y sigo en espera de un acercamiento de parte de Joshua Kane para la negociación con Kering – recitó Ben de una sola vez, agregando esto último en un tono de voz más bajo, prácticamente confidencial.
Desde la reestructuración de Vogue los cambios inmediatos hicieron que la revista trabajara a marchas forzadas para lanzar por única vez un número bimestral, en el que se ajustaron al nuevo calendario de desfiles y a la aceptación de la gente de la nueva Vogue Hommes: el sufijo se había establecido en cada una de las ediciones del planeta para consolidarse como la publicación de moda masculina más leída en el mundo, un fuerte golpe a Numéro y L’Officiel que ocupaban Hommes para dar a conocer sus ediciones masculinas. Además en sus versiones web, cada edición era traducida específicamente para su país generando su propio contenido.
- La historia de la chaqueta safari vamos a moverla a Junio – comentó Alex tras unos segundos en silencio. Posponer el trabajo de uno de los jefes de departamento era un golpe bajo para éste al ver su esfuerzo y talento aplazado por la opinión del editor en jefe – podríamos incluso usarla como historia de portada, hazme llegar el trabajo sobre República Dominicana en cuanto llegue. Quiero ver tu elección de modelos para la sesión de grooming, espero que ahora puedas hacerlo bien.
- Si Alex – contestó el aludido, recordando el trago amargo en el que no pudieron conseguir a Patrick Petitjean para la historia “Long Hair, don’t care” y usando como último recurso a Ton Heukels.
- Bien, es todo – comentó Alex, poniéndose de pie a la par que los cuatro hombres frente a él contenían la respiración.
Sin nada más que decir Alex salió de la sala de juntas para dirigirse (con sonoros pasos gracias a sus zapatos de Salvatore Ferragamo) a su oficina. Jeff y los demás editores tomaron el material de su exposición improvisada para dirigirse a sus respectivos departamentos. Al llegar a la sala de redacción, éste arrojó la pizarra de corcho a una esquina y se dejó caer pesadamente en su silla, presionando con fuerza sus ojos con las palmas de sus manos. Exhalando un sonoro suspiro encendió el monitor de su computadora y escribió con velocidad vertiginosa un correo al escritor, presionándolo para que le enviara la historia de República Dominicana cuanto antes.
Mientras tanto, Charlie no dejaba de maravillarse con lo que su trabajo le ofrecía: la cuenta de WGSN le facilitaba enormemente el hecho de tener que ver una y otra vez cientos de looks para encontrar entre ellos un denominador común del que se originara una tendencia: un color, un estampado, material, corte, forma, accesorio, peinado o prenda era catalogada por temporada, pasarela, colección y tendencia. Navegando por la plataforma correspondiente a la temporada de invierno, encontró un reporte sobre looks en azul profundo, que tomó como inspiración para escribir un artículo sobre cómo conseguir ítems y accesorios para el hogar de ese mismo tono en tiendas online.
- Charlie – llamó la voz de Jeff, rompiendo el silencio que se cernía en aquel lugar. El aludido se giró y se levantó de su silla temeroso, al ver que su jefe inmediato lo llamaba con la mano mientras con la otra atendía al teléfono – lleva esto al departamento de grooming, dile a Xavier que es mi elección de cada mes para la sección de los editores y que me envíe cuanto antes su artículo de trasplante capilar.
Charlie sólo se limitó a asentir muy torpemente, tomó en sus manos unas hojas impresas dentro de una carpeta y salió de la sala de redacción sin tener idea de a dónde dirigirse. Al estar en el pasillo fue testigo del alboroto que no había presenciado desde el primer día que trabajó en Vogue: hombres iban y venían con entusiasmo dejando ver su musculatura perfecta y camisas a la medida a la par que sus zapatos hacían eco contra el mármol mascullando “¡Prada, Armani, Burberry!” a cada paso que daban. El chico identificó algunas prendas de diseñador que cualquier persona con una memoria normal y que hubiera abierto la Vogue del mes seguramente también identificaría: estampados de Givenchy, flores barrocas de Dolce & Gabbana y aves de Alexander McQueen desfilaban ante él.
- Disculpa, ¿dónde queda el departamento de grooming? – preguntó a uno de los recepcionistas que lo analizó con la mirada cuando llegó.
- Dos pisos abajo, de lado derecho – comentó el chico con cabello exageradamente engominado, añadiendo una sonrisa fugaz que podría traducirse como “ya vete, tengo cosas que hacer”.
- Gracias – dijo Charlie, bajando por las escaleras para descubrir aún más el edificio del que sólo conocía la planta donde trabajaba, el recibidor y la cafetería.
Al encontrar la puerta que el recepcionista de redacción le indicó entró con paso temeroso, aquél lugar parecía un enorme camerino con espejos en la pared y una iluminación casi celestial.
- Mandaron esto de redacción – comentó Charlie a uno de los chicos con resplandeciente dentadura y cutis perfecto, entregándole la carpeta en unas manos tersas – y Jeff pide que envíen cuanto antes el artículo sobre los trasplantes capilares.
- Pudieron enviarlo por correo, ¿por qué lo mandarían contigo? – preguntó aquel chico, mirando a Charlie y el enrojecimiento de su nariz a causa de limpiarla constantemente por el escurrimiento nasal que amenazaba con convertirse en gripa.
- Créeme, no lo sé – contestó Charlie con sinceridad, alargando más su estancia en aquel departamento en donde seguramente no volvería a poner un pie de nueva cuenta.
- Bien, dile a Jeff que le diré a Xavier que mande el artículo cuanto antes.
Charlie salía del departamento de grooming con paso pausado cuando el chico con el que habló lo llamó de nueva cuenta.
- Úsala dos veces por semana y enjuaga con agua fría – comentó, poniendo en sus manos un serum revitalizante y astringente de LAB Series.
- Oye, no puedo pagar por esto – comentó Charlie, ofreciéndoselo de vuelta.
- Descuida, tenemos de éstos por montones – comentó aquel chico sin darle importancia.
Por un momento pensó que estaba soñando, pero al ver que en sus manos tenía un tratamiento de 110 libras de costo lo guardó rápidamente en el bolso de su abrigo y subió de nueva cuenta al área de redacción. Nunca antes en su vida había mantenido los ojos tan abiertos como en aquellos dos minutos de trayecto: a su alrededor se maravillaba viendo hombres que iban y venían cargando ropa salida de la tintorería en bolsas de plástico que importaban tanto como unas hojas recién salidas de la impresora. Imaginó todo aquello como un engranaje perfecto y se sintió emocionado de formar parte de él.
De regreso a su computadora, notó que había un correo electrónico nuevo en la bandeja de entrada de su cuenta de trabajo, lo abrió y notó que se trataba de un comunicado de prensa con imágenes adjuntas de la colección del invierno siguiente de Qasimi, acompañadas de unos cordiales saludos del equipo de prensa de la marca.
- Eh… Jeff, disculpa – Charlie se sentía tonto llamando a su jefe inmediato con la mano, como si se tratara del alumno nuevo en una escuela nueva – Jeff lo miró inquisitivo a través de unas gafas de montura redonda. Al ver que el chico no pronunciaba palabra se acercó a Charlie con paso decidido.
- ¿Qué pasa? – preguntó, recargándose elegantemente sobre su brazo en el lugar de trabajo de Charlie.
- Recibí un correo de Qasimi con imágenes de su colección de invierno – dijo el chico, abriendo la carpeta comprimida que descargó de su correo electrónico – están en alta resolución, pero no sé cómo agregarlas al apartado de colecciones o cómo crear una sección para las propuestas de la temporada del próximo año.
- Oh rayos – susurró Jeff – reenvíalas a mi correo y yo me encargaré – dijo, escribiendo su dirección electrónica con el teclado sin importarle que su codo casi roza la nariz del chico – escuchen todos, sé que quizá tengan planes fabulosos para el fin de semana, pero los necesito aquí el sábado por la tarde. Como seguramente sabrán el próximo mes de enero comienzan las semanas de la moda y necesitan saber todo acerca de cómo subir una galería de cada presentación. No somos la mejor revista del planeta por nada, así que espero que se presenten sobrios y si no es así quiero que firmen su renuncia o acta de defunción, cualquiera que crean conveniente – dijo, sentándose de nueva cuenta ante su computadora.
Charlie se sintió emocionado y temeroso al mismo tiempo: ese sentimiento que recorría su cuerpo al presentarse ante un nuevo reto se apoderó de él el resto del día. Tras escribir un par de artículos y hacer la edición de algunas imágenes para notas del día siguiente, contaba los minutos para regresar a su departamento y poder (por fin) aspirar el polvo bajo su cama y lavar su ropa sucia.
- Oye Charlie, vamos a salir a un bar cerca de aquí, ¿quieres ir con nosotros? – preguntó Cody, dibujando una sonrisa que alguien que esperaba el viernes con ansia mostraría sinceramente.
- Sí, claro – contestó éste, ajustándose el cinturón de su abrigo dándose cuenta de que llevaba consigo el serum de LAB Series en uno de sus bolsillos - ¿los alcanzo abajo? Tengo que pasar al baño.
Sin esperar respuesta Charlie se dirigió rápidamente a los baños para caballeros. Extrañamente para él los inodoros del edificio de Condé Nast eran los más limpios que había visto en su vida: el mármol blanco, la luz fría y las puertas de metal le daban un aspecto celestial a aquel lugar de apenas unos metros cuadrados. A diferencia de los baños de la universidad, no había señas o dibujos obscenos en las paredes ni rastros de orina en el piso. Rápidamente dejó el serum al lado de uno de los lavabos (donde había un dispensador de jabón líquido y toallas perfectamente dobladas) al lado de los modernistas grifos de metal de Kohler.
En el recibidor del edificio, una fila de hombres y mujeres se formaba en los torniquetes para salir a la calle y pedir un taxi que los llevara a disfrutar de su fin de semana, sin embargo un pequeño grupo quedó rezagado al lado del ascensor.
- ¡Hey! Vamos abajo – le comentó Cody, subiendo a un ascensor para bajar al estacionamiento.
Al menos una docena de autos deportivos y de último modelo estaban aparcados en la planta baja del edificio de Condé Nast: flagrantes autos en tonos rojos, negros elegantes y azules llamativos eran abordados por hombres que a través de una rampa salían a perderse en la calle del agitado Londres.
Charlie y otros compañeros del trabajo se enfrascaron en una gran charla sobre lo que hacían antes de llegar a Vogue: chicos cuyos padres eran representantes de diversas firmas y algunos otros como él, que vivían una vida en donde el lujo parecía inalcanzable, pero que la revista que leían cada mes con devoción les abrió las puertas en una oportunidad única.