- Espero que le hayan dicho a sus familias que no le verán las caras por todo un mes – comentaba Jeff al adentrarse en la sala de los editores de Vogue Hommes – serán días duros en donde querrán ir corriendo a casa, pero si quieren seguir formando parte de la mejor revista del planeta les sugiero que hagan su trabajo mejor que nunca.
Charlie tragó saliva, todas las sensaciones que había sentido en el fin de semana se agudizaron aquella mañana, dejándole la sensación de que su garganta engullía cuchillas de acero y se convertían en un enjambre de abejas en su estómago.
- Va a ser divertido – le dijo Cody a su lado, asintiendo para sí mismo y convenciéndose de que así sería.
- ¿Escribiste algo en casa? Mi artículo es un asco – comentó Charlie, tratando de buscar una imagen decente de autos híbridos para ilustrar su nota.
- Algo sobre jugos détox – comentó Cody – es horrible, lo sé; pero algo bueno tiene que dejar tener un compañero de piso que es vegetariano.
- Todo mundo está vuelto loco – apuntó Charlie, al ver a demás trabajadores de su piso prácticamente correr de un lado del pasillo a otro.
- Deberías esperar a que comiencen a llegarnos las imágenes, esto va a arder amigo – susurró, perdiéndose en el editor de su computadora.
Charlie dio un rápido vistazo a su alrededor: sabía que el nerviosismo se hacía presente en todos los chicos que, como él, esperaban no ser despedidos por dar un click de más o hacer algo mal. Justo cuando el reloj marcaba las once de la mañana, se escuchó un ajetreo en el pasillo que, extrañamente se había extinto con la misma rapidez con la que comenzó: se trataba de Alexis Davis vistiendo un impecable y llamativo traje azul a cuadros de Brioni, seguido de al menos tres hombres que, si bien se habían esmerado en su vestimenta resaltando los músculos de sus brazos o sus glúteos ejercitados, no podían superar al hombre que iba delante de ellos.
- Qué envidia – comentó Cody, hablando por todos los presentes en la sala de redacción – me pregunto cuanto tiempo pasará para que podamos ir a un desfile.
Charlie no supo qué contestar. Miraba fijamente el horario de la semana de la moda de Londres con sentimientos encontrados: se alegraba de formar parte de una revista que sería uno de los patrocinadores principales, pero por el otro lado le enojaba la idea de estar tan cerca y tan lejos de cumplir uno de sus sueños.
Con el nerviosismo a flor de piel los chicos dejaron de teclear en su computadora, incluso Jeff y aquellos que se encargaban de las redes sociales, el reloj marcaba lentamente las doce de mediodía cuando una alerta en el teléfono de Jeff hizo que todos se volvieran hacia él.
- Comenzó el primer desfile – comentó en general, orden en la que los chicos se quedaron mirando fijamente a sus pantallas como si su vida dependiera de ello, dos minutos después fue un chico del otro extremo de la sala quien gritó con emoción y terror al mismo tiempo:
- ¡Tengo las imágenes de Topman!
Al instante uno de los chicos encargado de las redes sociales se apresuró a navegar en las galerías para publicarla en Twitter como parte de la cobertura en vivo de la revista. El chico que subiría las imágenes a su respectiva galería manejaba el ratón con manos temblorosas al saber que todos en la estancia estaban viéndolo esperando no repetir un error que el pudiera cometer.
Charlie al igual que los demás chicos veía desde su navegador cómo las imágenes aparecían con un efecto de desvanecimiento con el intervalo de varios segundos entre ellas mientras Jeff se aseguraba que cada look estuviera en el orden perfecto con el que fueron presentados a través de la transmisión por internet. Después de varios minutos de tensión, el chico que cubría el desfile terminó de editar la galería y suspiró con alivio.
- Es todo Jeff – comentó, recibiendo unas palmadas de apoyo de un compañero a su costado, como si acabara de rescatar a un prisionero de guerra.
- No es tan difícil como piensan, sólo asegúrense de que las imágenes estén en el orden correcto y de avisarnos para publicarlo en todas nuestras redes, ¿entendido?
Hubo un asentimiento general por parte de todos, y aunque el nerviosismo no se había ido del todo podían sentirse más tranquilos que antes. Uno a uno fueron pasando los desfiles en el primer día de la semana de la moda de Londres: Barbour, Bobby Abley, Craig Green y demás firmas reconocidas y diseñadores independientes desfilaban ante los maravillados ojos de los chicos que podían sentir a través de la pantalla la sensación de estar en un desfile que estaba llevando a cabo a varios kilómetros de donde estaban.
Alternándose por grupos de dos o tres, los chicos salieron a comer a la cafetería regresando cuanto antes para cubrir a algún otro escritor en caso de que el servidor que tomaba conexiones al azar les indicara que había imágenes listas para publicarse.
Casi al término de la jornada y cuando sólo faltaba un desfile, Charlie sabía que sería imposible que fuera él quien publicara la última galería, sin embargo su corazón dio un salto cuando una notificación en la parte superior derecha de su pantalla le indicaba que había recibido un correo electrónico con 37 imágenes adjuntas listas para publicarse. Con el nerviosismo anudándole los dedos se apresuró a buscar el nombre de la marca Belstaff en el horario impreso que Jeff les había facilitado, pero se sorprendió al no verlo en la lista de las presentaciones del primer día y entonces descubrió que también habría que lidiar con las presentaciones fuera del horario oficial.
Rápidamente descargó las imágenes y comenzó a subirlas a su respectiva galería, sin embargo la resolución de las mismas hacía que cargaran más lento de lo normal, por lo que aprovechó para escribir una rápida crítica acerca de la misma para aprovechar el tiempo de subida.
Al verificar más de una vez que las imágenes estuvieran subidas correctamente y su reseña no tuviera faltas de ortografía, publicó la galería correspondiente.
- ¡Tengo a Dunhill! - Exclamó, notando como las miradas de todos los presentes pasaban de dirigirse de él a sus horarios impresos para después mostrar en ellas un poco de confusión.
- Jeff, ¿quieres que impulse tu review de Dunhill en las redes? – preguntó uno de los chicos en las computadoras centrales
- ¿Qué review? – preguntó Jeff con un rostro que mostraba enojo, estrés y duda al mismo tiempo.
- Hay una review escrita sobre la colección de Dunhill – comentó el chico - ¿No la escribiste tú?
- Claro que no, ni si quiera está en el horario – contestó al recordar los desfiles del primer día y los cambios que había hecho el British Fashion Council de última hora para actualizar el horario.
Rápidamente navegó por la web de Vogue Hommes y se dio cuenta de que, en efecto, había una opinión escrita sobre la colección acompañando a las imágenes y que había recibido ya algunos likes en Facebook.
- ¿Fuiste tú? – preguntó en un susurro que se escuchó perfectamente en toda la estancia a Charlie, quién sentía el cuerpo rígido y frío de nervios y tensión.
- Sí, la escribí mientras se subían las imágenes a la galería – contestó fingiendo no sentir un terrible miedo que amenazaba por convertirse en un shock nervioso - ¿hay algo mal? – preguntó, sintiendo el peso de todas las miradas de los presentes sobre él.
- Sólo una cosa – contestó Jeff con total calma, quitándose sus gafas de montura redonda de Mikyta – ustedes no escriben opiniones sobre las colecciones porque ése es mi trabajo – comentó en voz alta para que los demás escucharan - así que la próxima vez limítate sólo a subir la galería – le dijo a Charlie con una mirada fulminante que un asesino usa para advertir a su víctima que va a morir.
Charlie no supo cómo reaccionar a esa situación: sentía que su cuerpo se había hecho de metal, que la temperatura había ascendido al triple y que los pulmones se le convertían en acero; sentía también unas ganas tontas de llorar al quedar con la mirada fija en su monitor. De repente sentía cómo sus piernas reaccionaban solas y echaron a correr por los pasillos aún ocupados por gente que terminaban aquel día de trabajo esperando para salir a casa. Charlie llegó a los baños y se encerró en uno de los cubículos presionando sus ojos con sus manos para evitar que las lágrimas siguieran rodando, pero sus sollozos expresaban un dolor y una angustia que no sabía de dónde habían venido. Odiaba esa sensación de un nudo hecho de púas en la garganta y el ardor en su nariz, pero estaba acostumbrado a lidiar con ello como para quejarse una vez más. Perdiendo la noción del tiempo tratando de calmar un dolor en su pecho se encontró con un mortífero reflejo en el espejo: sus ojos enrojecidos y rostro desencajado la daba la apariencia de ser un cadáver viviente al maximizar su piel blanca con la luz de aquel iluminado cuarto de baño.
Lavándose la cara y sintiendo el agua fría devolverle un poco de vida, salió sigiloso al pasillo, dándose cuenta de que todos se habían ido y el personal de limpieza comenzaba a retirar cientos de recados redactados en post-its que habían cumplido su función y vasos de café que funcionaban como estimulante o calmante de la mayoría de los trabajadores de Vogue. Entró sigilosamente al área de redacción por sus cosas cuando al salir vio a Jeff que se dirigía por el pasillo directamente hacia la oficina de Alex, entonces el inerte corazón de Charlie dio un giro, ¿iba con Alex a comunicarle el grave error que había cometido? Tras esa duda hubo dos segundos de quietud en los que el chico se dio cuenta de que de ser así, podría despedirse de un sueño que había tenido por años y que había comenzado a vivir apenas sólo unas semanas.
Presuroso tomó sus cosas y caminó rápidamente por el pasillo maquinando en su mente una disculpa sincera y conveniente, y (de ser necesario) la opción de arrodillarse y suplicar por que dejaran quedarse con su silla fría y monitor plano.
- Buenas noches – artículo una voz seca, fría e inexpresiva. Charlie se dio cuenta de que había tenido que tocar primero o al menos aclararse la garganta para que supieran que estaba en la puerta, ya que un ligero sobresalto tomó a Jeff y a Alex por sorpresa – vine a…
- No hace falta – intervino Jeff, recargándose sobre una silla de Crate & Barrel frente a Alex
- De verdad lo siento – dijo el chico, sintiendo la voz quebrada y lágrimas de nuevo camino a sus ojos, que dirigían una mirada suplicante a Alex, mismo que leía con interés una hoja de papel a la luz de una lámpara de escritorio sin inmutarse de la presencia de Charlie.
- Oye, trabajas aquí sólo para escribir artículos de ocasión en la página web – comentaba Jeff, disfrutando en su interior de hacer sentir mal al chico, al menos por un momento – así que desde ahora limítate a hacer eso, ¿entendido?
- ¿No van a despedirme? – preguntó temeroso, con las piernas flaqueando y las uñas enterradas en las palmas de sus manos debido al nerviosismo.
- No por ahora – contestó Alex con una voz decidida, pero cálida y sin esfuerzo al mismo tiempo. Charlie se fijó más en él adaptando su visión a la poca luz de la estancia y se dio cuenta de que aún en la oscuridad, su traje azul no mostraba ninguna arruga, su rostro no mostraba cansancio alguno y su mirada se notaba siempre vivaz - ¿Esto lo escribiste tú? – preguntó Alex, dejando ver una captura de pantalla impresa sobre la colección que había publicado.
- Si señor – contestó Charlie, temiendo que pasara cualquier cosa: que Jeff se le echara al cuello o que Alex le arrojara su bolígrafo de Montblanc de forma letal a un ojo; pero no estaba preparado para escuchar lo que Alex pronunció.
- No está mal – dijo, dejando caer la hoja en su escritorio descartándola como cualquier cosa sin valor que le había hecho perder el tiempo - ¿Te gustaría escribir las reviews sobre las semanas de la moda para Vogue en lugar de artículos de relleno?
Charlie no podía creer lo que escuchaba: en lugar de ser despedido a patadas le ofrecían ascender un escalón más en la pirámide de Vogue. Por un momento se lamentó de ser tan estúpido de correr al baño y encerrarse por casi una hora, de mostrarse ante sus jefes con una camisa arrugada y de sentir de nuevo esas tontas ganas de llorar.
- Si, sería genial – contestó sinceramente, sintiendo que flotaba sin mover apenas un solo cabello.
- Entonces comienzas mañana – comentó Alex, poniéndose de pie y tomando su abrigo de un perchero con un solo movimiento elegante para dirigirse a la puerta de cristal – buenas noches caballeros – saludó como despedida, dejando tras de sí el eco de sus zapatos de piel contra el mármol y un ligero rastro de su fragancia.
- Para que lo sepas – comentó Jeff aún sentado en la silla de piel para dejar en claro que aún estaba presente – no le iba a pedir que te despidiera – se levantó con pereza y dio un vistazo a la oficina que Charlie pudo definir como nostálgico y un poco triste – pero no vayas a cometer una estupidez – dijo, perdiéndose en los casi oscuros pasillos del piso de redacción de Condé Nast, dejando a Charlie absorto con una pieza más que conformaba aquél rompecabezas que comenzaba a tomar forma.
