
Se sentía un ambiente cambiado en todo Londres: Charlie
había visto las clásicas cabinas telefónicas rojas más vibrantes que nunca, los
taxis que parecían haber sido atrapados en el tiempo lucían más lustrosos con
su lujosa carrocería negra y el logotipo del evento que había provocado eseradical cambio en la ciudad se veía por doquier tomando por sorpresa a propios
y extraños al leer “London Collections: MEN” en las paradas de autobús, losanuncios luminosos de gigantes pantallas en Picadilly Circus que transmitíanlos desfiles en vivo y sus repeticiones (al igual que en el metro de Londres) y
grandes fotografías en la parte trasera de los camiones de dos pisos. Al ver el
logotipo de Vogue Hommes en cada uno de los puntos en donde se anunciaba la
semana de la moda masculina de Londres, Charlie sintió una extraña sensación en
su estómago, intentando convencerse de que fuera un nerviosismo positivo al
formar parte de algo tan grande como aquello.
Al llegar a la recepción de Vogue Hommes, uno de los
chicos detrás del pulcro escritorio de cristal y metal le dirigió una rápida
mirada y sonrisa por compromiso que Charlie se había acostumbrado a recibir y
contestar con desgana. Tras pasar el torniquete tomó su lugar en el ascensor
junto con otros dos chicos que llevaban paquetes y sobres de papel bajo el
brazo. Ante un rápido vistazo a través de los espejos de aquel encerrado
espacio de apenas metro y medio cuadrado Charlie alcanzó a ver un sobre color
negro de un considerable grosor, “algo raro para sólo llevar una hoja de
papel”, pensó el chico, dejando el asunto de lado al saber que poco le
importaría y que menos información obtendría preguntando sobre aquello.
Camino por el pasillo hacia al área de redacción notó que
varios compañeros posaban la mirada sobre él, haciéndolo sentir como el chico
rebelde que siempre llegaba tarde a clase a propósito. Se disponía a tomar su
lugar junto a Cody cuando Jeff llamó su atención con la mano libre que sostenía
un café de Starbucks.
- Ahora éste es tu lugar – comentó Jeff con un tono de voz gélido pero inerte al mismo tiempo indicándole un equipo de cómputo tan moderno como el de su jefe – aquí tienes acceso a todas tus cuentas, al editor y a las galerías. Al igual que los nerds de las redes sociales recibirás una notificación cuando haya una galería publicada para que puedas escribir tu review sobre la colección.
Charlie asentía con un nudo en la garganta: era demasiado
el temor de hacer algo mal para sumarle el hecho de que tenía a su jefe
inmediato justamente a un lado para clavarle una patilla de sus gafas de TomFord en la sien si algo llegara a salir mal.
- ¿Qué haces? – preguntó Jeff al ver a Charlie escribir con frenesí en el teclado.
- Edito una nota que escribí ayer por la noche – comentó temeroso – está lista, sólo falta agregarle algunas imágenes y…
- Oye, tu trabajo ahora es escribir sobre los desfiles y las colecciones. Nada más. – aclaró Jeff – Hay que estar al cien por ciento en esto para que tu cabeza no ruede, a menos que quieras volver a desvelarte escribiendo por las noches. Ahora toma uno y espera a que los shows comiencen – dijo, ofreciéndole a Charlie un vaso de Starbucks de los tres que había en una bandeja de cartón.
Con desconfianza y miedo Charlie tomó uno con mano
temblorosa dándole un reconfortante sorbo a su caliente contenido. Por minutos
estuvo a la expectativa de hacer su nuevo trabajo con su jefe inmediato a
centímetros de él cuando en su monitor una notificación entrante apareció: el
desfile de JOSEPH había comenzado y las primeras imágenes aparecían en la
galería. Presuroso, Charlie escribía sobre la colección recriminándose el no
poder escribir más aprisa y chasqueando la lengua en señal de recriminación
propia al cometer un error ortográfico que le quitaría tiempo al corregirlos
después. Durante algunos segundos hacía pausas en las que los looks que
aparecían en pantalla le brindaban nuevas ideas, volviendo a escribir de nueva
cuenta con tanta prisa como antes.
- Listo – murmuró más para sí mismo que para Jeff, que trabajaba en artículo para la versión impresa de la revista.
- Bien, publícala en la galería y prepárate, que apenas es el comienzo – comentó Jeff, recostándose en el respaldo de su silla sin perder de vista su monitor.
Charlie estuvo prácticamente hasta medio día pegado a su
computador viendo las imágenes de cada desfile aparecer ante él y
maravillándose de las creaciones de Agi & Sam, Mackintosh, Hardy Amies, la
presentación de YMC y Coweiler con un dejo de teatralidad lo hacían escribir y
describir lo que nadie podía explicar con palabras acerca de la moda londinense.
Sus dedos se deslizaban grácil pero silenciosamente sobre el teclado, haciendo
que las palabras aparecieran a una velocidad vertiginosa en su pantalla.
Tachaba los desfiles cubiertos en su horario impreso al
ver que el siguiente sería el de Alexander McQueen. Recordando que la marca
siempre transmitía en vivo sus presentaciones, navegó en su página web parapoder ver el desfile en vivo. Una cuenta regresiva indicaba que al menos dos
minutos tardaría el show en comenzar, momento que aprovechó para salir
corriendo al baño y regresar justo a tiempo. En el corredor vio como Jeff se
perdía en el ascensor junto con el jefe de dirección de arte discutiendo
algunos detalles sobre el artículo en el que Jeff había trabajado toda la
mañana. De regreso, la transmisión en vivo había comenzado haciendo tomas de
una oscura locación apenas iluminada donde se veía a varias personas saludarse
entre ellos, buscar sus asientos y algunos rostros iluminados por los flashes
de los fotógrafos que cubrían el evento. Charlie sabía de sobra el protocolo
que se había imaginado al ver cientos de desfiles en vivo: “saludas
cordialmente a quien tienes al lado hasta que un miembro del staff te indique
que el desfile está por comenzar, entonces te sientas, callas y miras”.
Segundos después de lo que parecía una larga espera el
desfile comenzó. Con la pantalla dividida en dos veía y escribía al mismo
tiempo sobre la colección de Alexander McQueen en la que modelos vestíanlujosos rajes y abrigos con detalles bordados enteramente a mano, la colección
se inspiraba en uniformes militares de todo el mundo, dejando ver prendas en
botonadura doble que le daban un aspecto de gran soberbia y elegancia a cada
una de las creaciones de la firma británica. Al terminar el desfile las
imágenes apenas comenzaban a aparecer en la galería de Vogue Hommes, lo que le
dio tiempo a Charlie de corregir su escrito antes de publicarlo.
- ¿Por qué no estás escribiendo? – preguntó Jeff entrando al área de redacción y viendo cómo Charlie apreciaba las imágenes que aparecían en su monitor.
- Ya tengo la review – contestó – la escribí mientras veía el desfile en vivo.
Temeroso pero seguro, Charlie había respondido con total
sinceridad, lo que hizo que Jeff lo mirara con incredulidad para después
verificar que el chico había dicho la verdad: las últimas imágenes aparecían en
la plataforma de Vogue mientras Charlie sólo esperaba a publicar su escrito.
- Eres una caja de sorpresas – comentó su jefe con un frío tono de voz, pero que Charlie tomó como un halago.
- Es lo que me gusta hacer, antes de llegar aquí narraba en voz baja los desfiles que veía desde mi casa o en la biblioteca de la escuela – comentó con la complicidad que usa un amigo para confesar un secreto vergonzoso.
- ¿Siempre has querido estar aquí? – le preguntó Jeff en el mismo tono, haciendo que su voz sonara más tenue y sincera que la que Charlie había escuchado por primera vez.
- ¿Y quién no? Esto es Vogue – añadió el chico, esbozando una ligera sonrisa.
Jeff lo miraba fijamente a través de sus gafas en parte
con interés, en otra con comprensión. Se veía a sí mismo hace años en donde
sentía la expectativa de formar parte del equipo de una revista que había
cumplido la misión de ser una de las más importantes y prestigiosas del
planeta.
- Ven conmigo – le dijo Jeff a Charlie dándole unas ligeras palmadas en el hombro. El chico sintiendo un temor repentino, obligó a sus piernas a moverse siguiendo a su jefe inmediato, que serpenteaba entre gente que inundaba los pasillos hasta llegar a la oficina del editor en jefe.
Extrañado, Charlie se dio cuenta de que Alex estaba en su
oficina y no en los desfiles de la semana de la moda, sin embargo se percató
también de que no estaba sólo: había con él al menos otras dos personas que no
alcanzó a reconocer, mismas que se ponían de pie para dirigirse a la puerta
seguida que Alex abría como gesto de despdida.
- Será un verdadero éxito, de eso puedes estar seguro – comentaba Alex al hombre mayor que había estado con él
- Nunca me has defraudado y no creo que lo vayas a hacer ahora – respondió aquel hombre de rostro jovial pero ya con al menos cincuenta años encima.
- Créame, Joshua es lo mejor que le puede pasar a usted en esta nueva etapa para sus negocios – comentó Alex con una cándida sonrisa como pocas veces la había lucido.
- Agradezco la oportunidad señor Pinault – dijo el joven aludido.
Charlie no pudo evitar un gesto de asombro al descubrir
quién estaba frente a él: por un lado estaba Joshua Kane, un joven diseñador de
piel pálida con expresivos ojos verdes que mostraban delineador y enmarcados
por gafas de cristal que complementaban su vestimenta de traje de tres piezas
de corte perfecto con llamativo estampado a cuadros, pero lo que más llamaba la
atención de él era su larga y lacia cabellera que caía de forma elegante protegida
por un sombrero de ala redonda de prominente tamaño; y por el otro, uno de losempresarios más exitosos y ricos del mundo vestido de la forma más sencilla que
Charlie se pudo imaginar: François-Henri Pinault llevaba un traje azul con
corbata roja y zapatos de piel en color negro.
- ¡Jeff! Que gusto verte – saludó aquel hombre al percatarse de que sería inútil dirigirse al elevador ignorando a los presentes.
- Es un placer verlo señor Pinault – contestó el aludido con un fuerte apretón de manos, tratando de mantener su pulso cardiaco en el límite de lo humanamente normal.
- ¿Tú eres el director de moda? – preguntó el joven del sombrero, inclinando su cabeza y dirigiendo su penetrante mirada a Jeff – debo felicitarte por tu trabajo, en verdad es increíble.
- No tanto como tus abrigos – contestó Jeff recibiendo el halago merecido.
- Él es Charlie, un interno del área de redacción que está cubriendo los desfiles en vivo – comentó Alex, haciendo que los cuatro pares de ojos se posaran sobre él.
De ser prácticamente un ente invisible en aquella
estancia se había convertido ahora en el centro de atención: el enclenque chico
de camisa arrugada y barba mal afeitada sentía el peso de su estómago subir a
su cabeza al ver que esperaban que dijera algo, pero las palabras no acudían a
su boca.
- Eres genial – alcanzó a mascullar, ofreciéndole una mano a Joshua Kane – en verdad me encanta lo que haces.
- Gracias, pero creo que lo que tú haces es más importante, y más ahora que estamos en medio de una semana de la moda. Sería genial si pudieras asistir a mi desfile.
- No queremos quitarles más tiempo – Jeff prácticamente empujaba a Charlie y su rostro inerte de emoción dentro de la oficina para evitar que éste se echara a los brazos del diseñador – deben estar aún más ocupados que nosotros.
- Fue un placer saludarte Jeff – comentó el señor Pinault, ignorando completamente a Charlie.
Después de las respectivas despedidas Jeff y Charlie
entraron a la oficina de Alex tras los pasos de éste, cerrando la pulcra puerta
de cristal.
- ¿Cerraron el trato? – preguntó Jeff con confidencialidad, sentándose en una de las sillas frente al escritorio.
- Es obvio, Pinault no puede dejar ir a Joshua y menos con las referencias que le di de él – contestó Alex, sentándose de nuevo en su silla de piel y rebuscando entre los documentos de su escritorio.
- ¿Qué hay de Sarah? – preguntó Jeff de nuevo.
- Decidió no renovar contrato y sinceramente me importa muy poco lo que haga – Alex hablaba sin dirigir la mirada a los presentes, abriendo sobres sellados con elegantes movimientos de sus manos de aspecto suave y a la vez varoniles - ¿Vas a decirme porqué están aquí o…? – preguntó sin alzar la mirada, como era su costumbre y dirigiendo su atención a un artículo sobre la cultura del boxeo callejero en Tailandia.
- Oh, si – Jeff se sintió tonto por enfrascarse en una noticia del trabajo, regresando pronto al tema que lo había llevado a su oficina – ¿Recuerdas que encomendaste a Charlie para que escribiera exclusivamente los reviews de las semanas de los desfiles? – Alex no contestó, en las reglas no escritas de las personas que trabajaban con él durante años aquello era una invitación a continuar hablando, exponiendo o comentando el tema en cuestión.
- ¿Tenemos que buscar un reemplazo tan pronto Charlie? – preguntó de pronto al aludido haciendo que éste tragara saliva.
- No por ahora, este chico escribió sobre el desfile de Alexander McQueen mientras era transmitido en vivo y tenía la review lista antes incluso de que el último look fuera subido a la galería.
Alex por primera vez (y como pocas en su vida) había
escudriñado un rostro con tanto interés, lo que le comentaba Jeff lo hacía
pensar en Charlie como un verdadero diamante en bruto que tenían que pulir.
- ¿Es eso cierto Charlie? – preguntó Alex regresando su mirada a los papeles que tenía en mano.
- Si señor – contestó éste, tragando el peso que se acumulaba en su garganta – pero yo no…
- Si le aseguramos a este chico un lugar en los desfiles que restan en la semana de la moda podremos tener una cobertura mucho mejor de lo que hacemos ahora – añadió Jeff interrumpiendo a Charlie para tranquilizar a su subordinado, al ver que éste retorcía sus manos en su regazo como señal de nerviosismo.
- No podemos sentarlo en primera fila con una laptop, eso será llamar demasiado la atención – comentó Alex atento a lo que Jeff decía.
- Podemos intentarlo: imagina que escriba la review del desfile en tiempo real y la publicamos al instante... Es sumar puntos a la transmisión en video y la galería que cubrimos.
- Sería acercar más la experiencia de la moda a quienes no pueden asistir a un desfile – confesó Charlie, haciendo que los tres presentes cruzaran miradas al saber lo que eso significaba para ellos y para Vogue Hommes como fuente número uno de la moda masculina en todo el mundo.
- Podemos intentar con el desfile de Joshua Kane – intervino Jeff – ya viste que él lo invitó de viva voz, puede ir mañana como uno más de nuestros fotógrafos y escribir la review desde una segunda o tercera fila.
- ¿Crees que puedas hacerlo? – le preguntó Alex directamente en un tono de voz que un agente usaría con un soldado antes de internarse en una misión suicida. La mirada del editor en jefe se intensificaba con las gafas de montura cuadrada que la protegían, conectándose con unos ojos color avellana idénticos a los de Charlie.
- Sí señor, quiero demostrar porqué tengo un lugar en la revista más importante del planeta.
- Bien, entonces te espero mañana aquí temprano – dijo Alex, levantándose de su asiento en señal de despedida – Tenemos mucho que hacer contigo antes de tu primer desfile.